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miércoles, 3 de septiembre de 2014

800 caracteres


Ochocientos caracteres. El nuevo espacio de que dispongo para mis artículos semanales. Bueno, a partir de ahora aparecerán cada dos semanas. Eso sí, conservo el día: martes. ¿Qué decir en ochocientos caracteres? Entre poco y nada. Yo, que nunca me sentí atraído por ese género llamado microcuento o microrelato, me veo abocado a condensar en ochocientos caracteres lo que quiera decir. Es cierto que a veces no tienes nada que decir y tiras de oficio y juntas un centenar largo de palabras y si te he visto no me acuerdo. Me lo tomo como un reto. He aquí mi nuevo talente: positivo. Me niego a verlo como una disminución. Se trata de una oportunidad. Aprendí la lección. Veo la tele. Dos frases más y ya habré llegado al límite impuesto por el periódico. Una más, venga: ayer fue mi cumpleaños. ¿A ver? 803 caracteres hasta el segundo signo de interrogación. Está chupado. En fin, traigo aquí mi debut en la nueva medida.




Ay, qué nostalgia de aquellos casi 2.400 caracteres de mis inicios, allá por agosto de 2007.




martes, 22 de julio de 2014

"Post" vacacional

Los libros de la semana
Pensabas que lo tenías todo bajo control y te sorprende el día fijado como plazo máximo para la entrega de tu artículo semanal sin haber escrito nada, es más, sin saber sobre qué escribir. La culpa, por supuesto, es de estas escasas pero intensas dos semanas de vacaciones. El calor, tus dos hijas y, sobre todo, la ausencia de prensa y telediarios durante los últimos catorce días hacen que llegues a la fecha límite con los bolsillos llenos de arena de playa y envoltorios de caramelos. Si esto mismo le ocurre a mi hija mayor, en plena preadolescencia, le cae una buena bronca. ¿Qué hacer? Tras unos minutos de reflexión, decido decantarme por algo tan típico por estas fechas y, a la vez, tan anacrónico como la recomendación de una novela, El hombre ajeno, la última que leí. En ella, su autor, David Pérez Vega, aborda con lucidez, es decir, sin sentimentalismos baratos, temas tan espinosos como la culpa, la atracción por la violencia, la inmigración, el mundo de los trabajos precarios o las pobres perspectivas laborales de los universitarios españoles. Por lo demás, este viernes, a las 20 horas, en la Biblioteca de Babel, Nacho Tajahuerce y un servidor presentaremos El rostro del mundo. Apúntenlo en su móvil y si tienen la desgracia de no haber podido escapar de la ciudad, pásense a escuchar a este joven poeta de Zaragoza y a este viejo presentador con problemas de dicción y miedo escénico. Puede ser divertido. El libro bien lo merece: poesía social, humana, tierna, hecha de cotidianidad, sentido del humor y amor por la vida.

ULTIMA HORA, 22/07/14

martes, 15 de julio de 2014

Crónica mundialista (y 5)

Escribo en el porche delantero de una casita sin conexión a Internet de Sa Ràpita. Hoy es el día después de la gran final. El reloj marca las ocho y media. Ya he leído, desde el teléfono, por encima, la prensa deportiva del país. Ya he visto desfilar a los corredores matutinos mientras sorbía un café con leche. Los pájaros pían mientras me dispongo a escribir sobre fútbol. El entorno paradisiaco no invita, pero toca hacer el esfuerzo. Empezaremos por lo obvio. En el Mundial más goleador de los últimos tiempos, se ha roto lo que vine a llamar la lógica mundialista; un europeo ganó en América. Me ha llamado la atención el apoyo masivo que desde España ha recibido la selección germana. Si fuera ingenuo, diría que se debe a que los alemanes son dignos herederos del estilo español; si fuera malicioso, rebatiría tal conclusión recordando el desprecio que la antes llamada Roja suscitaba en muchos de mis compatriotas. Pero vayamos a los hechos. El jugador del partido, según la prensa argentina, fue Nicola Rizzoli. Algún lector pensará que se trata de un chiste, aunque para chiste bueno la designación de Messi como Balón de Oro. Haber escrito algunos poemas muy grandes no te garantiza seguir escribiéndolos en el futuro. Por lo demás, el resultado de ayer conforma una de las muchas paradojas sobre las que se sustenta este deporte: el equipo que por propuesta y actuación global merecía ganar el Mundial no mereció ganar el partido. Y ahora toca buscar un bar con wi-fi y vistas al mar, y olvidarse del fútbol por una larga temporada.



martes, 8 de julio de 2014

Crónica mundialista (4)

Luis Tosar podría hacer de Carlos Velasco Carballo en otra película con secuestro que transcurre en Colombia. Se tienen un aire, no lo negarán. Podría titularse, la película, Árbitro español: ¡hijo de la gran puta madre que te parió! Largo pero contundente. Lo más destacable de este Mundial (uno de los mejores de la historia, según los entendidos) lo encontramos en los diferentes titulares de prensa. Uno que también serviría como título de película es el que nos regaló el diario Correo Braziliense: El dolor que silenció nuestra alegría. Barajo dos nombres para dirigir este drama: Isabel Coixet y Ronaldo Luís Nazário de Lima (para abreviar: el verdadero Ronaldo, en palabras del siempre entrañable José Mourinho). La banda sonora ideal sería el “No me lastimes”, de la argentina Marcela Morelo. Y de esta forma magistral y sutil, más propia del ‘HOY Diario del Magdalena’, doy paso a otro de los semifinalistas, el cual también perdió una de sus bazas ofensivas más importantes. Aquí debo aclarar mi parcialidad. Mi esposa, natural de Tucumán, mira lo que escribo por encima de mi hombro. Felicidad conyugal aparte, el titular que nos regaló Javier Mascherano bien merece un Mundial: “Estoy harto de comer mierda”. Dicen que con esta frase logró lo que Courtois no pudo (y mira que esta temporada le puso empeño): hacer llorar a Messi. De Holanda diré que el papel de eterno aspirante empieza a sentarle bien. ¿Y de los alemanes, qué decir de nuestra madre patria? Que su regularidad aburre. Son al fútbol lo que Indurain fue al ciclismo.

Javier Alejandro Mascherano


martes, 1 de julio de 2014

Crónica mundialista (3)

Escribo horas antes de que dé inicio el primer enfrentamiento de octavos. Soy amo y señor de la casa, al menos, hasta que mi mujer y mi hija regresen. Es sábado, mediodía, y los niños del vecindario chapotean en la piscina comunitaria. Con gusto bajaría a chapotear con ellos, pero antes debo zanjar esta tercera crónica. De los 16 equipos supervivientes, 8 son americanos, 6 europeos y 2 africanos. Todo avanza según la lógica mundialista. ¿Y cuál es esta lógica? Que en América siempre gana un equipo americano y en Europa, uno europeo. Sólo existe una excepción a esta regla: Brasil salió vencedora en el Mundial de 1958, celebrado en Suecia. Así pues, los únicos mundiales en los que esta regla deja de tener sentido son los celebrados en “terreno neutral”, es decir, Asia, África y Oceanía. (Por el momento, la Antártida no parece presentar las mejores condiciones para la práctica del deporte rey, pero tiempo al tiempo: un poco más de calentamiento global y problema solucionado. Por otro lado, ¿no piensan o pensaban celebrar un Mundial de fútbol en Qatar?). Hasta la fecha, sólo 2 mundiales se han celebrado en terreno neutral: el de Corea del Sur/Japón 2002, ganado por Brasil, y el de Sudáfrica 2010, ganado por España. De todos modos, ¿no sería una sorpresa que este Mundial se lo llevaran Costa Rica o USA, selecciones americanas, o incluso Chile, Colombia, Uruguay o México? En fin, tan sólo trataba de llenar espacio con datos de la Wikipedia. Esta semana no he visto ni un solo partido de fútbol. Para la próxima, prometo presentarme con los deberes hechos.


domingo, 29 de junio de 2014

Barthez o la soledad del escritor

Esta mañana, en la piscina, una vecina se ha acercado para decirme que no sabía que fuera escritor. He estado a punto de contestarle que yo tampoco, pero me he limitado a sonreír y a encogerme de hombros. Acto seguido, me ha explicado que un día, meses atrás, en la peluquería a la que suele ir, se encontró con uno de los artículos que cada martes publico en Última Hora. Ya en casa, tecleó mi nombre en Google y, voilà, ahí estaban mis libros. Lo curioso es que me ha señalado una errata del artículo en cuestión, uno sobre la soledad del portero de fútbol, me ha dicho, o algo así. Enseguida he recordado de qué artículo se trataba. Al subir a casa, lo primero que he hecho ha sido encender el ordenador y buscarlo. Efectivamente, había una errata. Una vez corregida, me he percatado de que no publiqué ese artículo en el blog. Lo hago ahora. Curiosamente, en él se habla de un Mundial de fútbol, el de 2002. 

Barthez o la soledad del escritor:

Pese a ser sábado, pongo el despertador a las ocho. Procuro no hacer ruido al salir de la cama. El silencio de la casa me conduce frente al ordenador. Antes, sin embargo, paro en la cocina para proveerme de la cafeína necesaria. Ya lo dijo Brodsky: ningún siglo podrá arreglárselas sin jazz ni cafeína. Mientras acaricio las teclas, Duke Ellington teclea su piano nueve años antes de que yo naciera, eso sí, el volumen al 3. Estas palabras me sustentan y sustentan a las que quiero y ahora duermen. Pienso en la tan cacareada soledad del escritor. De él se ha dicho que “vive solo, aunque su casa esté tomada por decenas de familiares”. Tal vez Facebook, ese bálsamo de la realidad, modifique las cosas. Las soledades varían con el tiempo. Curiosamente, después de escribir la frase anterior, ha venido a mi mente una fotografía. En ella puede verse a Fabien Barthez, de espaldas, completamente solo. La selección francesa, actual campeona del mundo, ha caído derrotada contra la selección senegalesa, debutante en un Mundial. Nos hallamos en mayo de 2002. Corea y Japón organizan la Copa. Barthez, portero de Francia, tiene los brazos en jarra. No puede verse a nadie a su lado y eso que la fotografía abarca más de la mitad del terreno de juego. Está solo, pese a las miles de personas que a buen seguro aún pueblan las gradas; pese a los millones de espectadores que están celebrando la victoria de este nuevo David. Me parece una metáfora acertada; por lo menos, da el pego. Aquel Mundial lo ganaron los de casi siempre. 

ÚLTIMA HORA, 28 de enero de 2014

martes, 24 de junio de 2014

Crónica mundialista (2)

Ramonville St. Agne no invita a la lógica a la hora de ejercer de cronista de mundial, pero empecemos por el principio. El lunes 16, mientras veía el aburrido Alemania – Portugal, irrumpió en mi mente una imagen desasosegante: el comentarista deportivo apodado Maldini lamía entusiasmado los zapatos de Joachim Löw y Angela Merkel. ¿Se entiende que no viera acabar el partido? De martes a jueves estuve en la Francia de Marine Le Pen y Benzema. La lectura escogida para el trayecto fue la última novela de Vila-Matas: Kassel no invita a la lógica. Empecé el fatídico miércoles subrayando esta frase: “Porque en casi todo el resto del mundo lo intelectual había caído en picado y la cultura se había trivializado extraordinariamente”. Pensé que se trataba de una frase dirigida a mí. ¿Qué hacía yo ejerciendo, por voluntad propia, de cronista del Mundial? ¿No era aquello una trivialización extraordinaria de la cultura? ¿Acaso pretendía aplicar un barniz cultural al espectáculo populista llamado fútbol? Entonces recordé un artículo de Isaac Rosa titulado El típico artículo coñazo contra el Mundial de fútbol. Según Rosa, “si queda en pie algún consenso entre nosotros, ese es sin duda el fútbol, que además en los últimos tiempos ha recibido un barniz intelectual para vencer las últimas resistencias”. Vencí la tentación de abandonar mi cometido. Para despejarme, decidí salir a pasear junto al Garona con mi hija mayor. Allí encontramos un pájaro herido caído de algún árbol. ¿Cómo no supe leer la señal? Hicimos lo posible por salvarlo, pero el pájaro murió.



martes, 17 de junio de 2014

Crónica mundialista (1)

Me he autoproclamado cronista del Mundial. Entre otras cosas, para ahorrarme tener que pensar sobre qué escribir. Redactaré las crónicas los viernes por la noche o los sábados por la mañana y saldrán, como siempre, en la edición del martes, de ahí los desfases que pueda haber. Empezaré por el partido inaugural. Mi esposa y mi hija de nueve meses animaban, desde sus respectivas camas, a los croatas, por ser Croacia el país al que fuimos de viaje de novios. Por supuesto, yo también estaba del lado croata, pero un policía del emperador Akihito decidió que estaba feo que un pequeño país maltrecho de la vieja Europa aguara la fiesta brasilera. Acotación: No soporto la soberbia que subyace en el hecho de agradecer a Dios algo tan trivial como marcar un gol. Como comprenderán, no vi el partido que enfrentó a México con Camerún, y más me valdría haber visto este partido y no el debut de la llamada Roja. Es viernes por la noche, así que la herida aún supura. Acuden a mi mente las palabras de Xavi Hernández: “Vamos a ganar o morir con nuestro estilo”. Esa fatalidad no auguraba nada bueno. Sonaba a harakiri. ¿Por qué mentar la muerte? Mejor centrarse en el lado bueno de las cosas: hicimos muy felices a muchos, y no sólo fuera de España. La actuación de los de Del Bosque puso en bandeja el alud de chistes. Leo, por ejemplo, en el diario Olé, este titular: “Iker querés que le haga”. Pues eso, nada que hacer. Por suerte, mi hija mayor y yo decidimos que, ganase quien ganase, celebraríamos la victoria del Mundial. O su finalización, ahora no caigo.


martes, 20 de mayo de 2014

Tres artículos: + de 140 / Contradicciones. ¿Contradicciones? / Inquilinos en casa

+ de 140

Empiezo estas líneas en pleno Sant Jordi, tras la lectura de un artículo que asegura que ahora se lee menos y peor que antes. Tal vez la felicidad estribe en la no lectura, o en la lectura superficial y fragmentada. Tal vez nada tengan que ver una con otra. Es complejo hablar de la felicidad humana. Mejor volvemos a la lectura. Para comprobar el nivel de atención que la gente pone al leer, haga una prueba. Escriba un mail más o menos largo (hoy en día, un mail de más de mil caracteres se considera largo, probablemente larguísimo) y en la última o penúltima línea inserte una información crucial, chocante o contradictoria con todo lo expuesto con anterioridad. Envíelo y espere sentado. Para entretenerse mientras aguarda respuesta, evite ver un partido del Chelsea o del Barça. Si quiere acabar serrando sus muñecas con un cuchillo, tráguese entero uno del Mallorca. De cada diez receptores del mensaje, sólo uno se percatará del chiste o contradicción. Los nueve restantes no habrán llegado tan lejos. Considerarán un exceso o atrevimiento imperdonables escribir más de ciento cuarenta caracteres. Con mil caracteres tienes para siete tuits. La conectividad e instantaneidad por encima de la privacidad y la demora. Y todo por nuestra felicidad, es decir, por nuestra comodidad. Nunca una revolución se impuso en tan breve lapso y con tanta autoridad. Pero está bien, esto no es una queja. Todos sois mis amigos y yo soy muy feliz. Por no odiar, ya no odio ni el blues, ni siquiera el programa titulado ¡Mira quién baila!

ULTIMA HORA, 29/04/14


Contradicciones. ¿Contradicciones?

Conozco a madridistas acérrimos que odian España y todo lo que huela a españolidad y que preferirían que les arrancaran las uñas antes que cantar eso de “yo soy español, español, español”. Del mismo modo, conozco a barcelonistas exaltados que escuchan el himno español y se cuadran. ¿Contradictorio? Me diréis que una cosa nada tiene que ver con la otra (y tendréis razón), pero el asunto no deja de tener su gracia. A mí, al menos, me la causa. Sigamos. Conozco a dos poetas que comparten inclinaciones ideológicas. Los dos son simpatizantes (o tal vez afiliados, ahora no recuerdo) de Izquierda Unida. Sin embargo, no pueden compartir mesa, ya que se detestan con ferocidad indisimulada. Esta animadversión hunde sus raíces en cuestiones estéticas. ¿Chocante? Alegaréis, con razón, que hablamos de cosas diferentes, pero no puedo evitar sonreír cuando pienso en ello. Sigamos. Conozco a un artista visual obsesionado con la lentitud y la elegancia, con lo espiritual y lo simbólico, cuyas películas favoritas son las de acción desbocada con exceso de efectos especiales. ¿Paradójico? Argüiréis que las fuentes de la inspiración, como los caminos del Señor, son inescrutables, pero no puedo evitar ponerme cachondo con cosas así. Siempre sentí inclinación por lo contradictorio, por lo chocante, por lo paradójico. Yo mismo estoy plagado de contradicciones. Pero no me aflijo. Ya lo decía José Viñals: “Quien se indague a fondo y no descubra jugosas contradicciones, o no se ha indagado a fondo o es miope o no vale la pena que se indague”.

ULTIMA HORA, 06/05/14


Inquilinos en casa

 Desde hace algo más de ocho meses, los peluches de casa vuelven a tener nombre. Hablamos de ellos como podríamos hacerlo de familiares o amigos con los que compartimos piso, inquilinos que no ayudan en las tareas domésticas ni contribuyen con los gastos de mantenimiento pero que, para compensar, llevan una vida silenciosa y ordenada. Bueno, es cierto que a veces los buscamos y no aparecen, ocultos en lugares imprevisibles, como tramando una venganza cuyos motivos imaginamos a la perfección. Sabemos que aprovechan cualquier despiste por nuestra parte para cambiar de sitio. En el último mes, Pato causó baja definitiva, y Cervatillo sigue en paradero desconocido, si bien confiamos en su pronta reinserción a la disciplina familiar. No descartamos que ande de expedición por alguna de las casas de los abuelos de Sofía. Por lo demás, Chavo y Chava, la pareja de labriegos mexicanos, necesitan urgentemente ingresar en algún hospital o taller mecánico; las muestras de afecto de Sofi, esto es, mordiscos indiscriminados en sombrero, pies y cabeza, han afeado algo su aspecto. Rosita, que estaba llamada a asumir un papel protagonista, sigue lamentando la indiferencia absoluta que la niña le demuestra. En cambio, a Perro se le ve muy feliz; le encanta ser zarandeado por la reina de la casa cada vez que ésta despierta en su cuna… Podría seguir, pero creo que ya se hacen cargo de la situación. Aunque lo que de verdad vuelve loca a Sofía son otras cosas, ¿lo imaginan? Efectivamente: mando a distancia, móviles, cables, objetos decorativos delicados… 

ULTIMA HORA, 20/05/14



lunes, 28 de abril de 2014

Onetti


Mi segunda residencia, el lugar al que escapo cuando las cosas se complican, o cuando soy yo el que busca complicaciones. Mi Lanka, mi quinto sin ascensor, mi particular forma de resistir tendencias y proselitismos. Mi veneno saludable, mi cura nociva… Sea como sea, siempre acabo volviendo a Onetti. Hace unos días, sin ir más lejos. Me sentía bloqueado. Un librito de poemas (alterna poemas con breves fragmentos en prosa) en el que vengo trabajando desde principios de año. Entonces me acerqué a la librería del salón y, casi sin pensarlo, agarré El pozo. Me pasa como a Fogwill: adoro ese principio. Eladio Linacero paseando por su cuarto, como si lo viera por primera vez. Dice Vargas Llosa que se trata de la primera novela moderna latinoamericana. Quién sabe. Lo importante aquí (es un decir) es que empecé a leerla y ya no pude parar. Mi alter ego tomó el nombre del protagonista del libro. La renuncia, la imposibilidad de comunicación real, el envilecimiento… Para más inri, Eladio y yo compartimos edad. Dice en uno de los primeros párrafos: “Nunca me hubiera podido imaginar así los cuarenta años, solo y entre la mugre, encerrado en la pieza”. Leía y se me hacían obvias la influencia de Beckett y Céline. Terminado el libro, supe qué camino debía tomar el proyecto en el que vengo trabajando: el de la papelera de reciclaje. Pero no soy tan fuerte; me sigo queriendo un poco. Cuando abandono a Onetti, tengo un lugar al que volver, sin mugre y con mujeres que ríen mientras escribo estas líneas.



Algunos fragmentos de El pozo:


No hay nadie que tenga el alma limpia, nadie ante quien sea posible desnudarse sin vergüenza.

*

Es como una obra de arte. Hay solamente un plano donde puede ser entendida. Lo malo es que el ensueño no trasciende, no se ha inventado la forma de expresarlo, el surrealismo es retórica.

*

Es siempre la absurda costumbre de dar más importancia a las personas que a los sentimientos. No encuentro otra palabra. Quiero decir: más importancia al instrumento que a la música.

*

El amor es maravilloso y absurdo e, incomprensiblemente, visita a cualquier clase de almas. Pero la gente absurda y maravillosa no abunda; y las que lo son, es por poco tiempo, en la primera juventud. Después comienzan a aceptar y se pierden.

*

Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos.

*

Lázaro no ha venido y es posible que no lo vea hasta mañana. A veces pienso que esta bestia es mejor que yo. Que, a fin de cuentas, es él el poeta y el soñador. Yo soy un pobre hombre que se vuelve por las noches hacia la sombra de la pared para pensar cosas disparatadas y fantásticas. Lázaro es un cretino pero tiene fe, cree en algo. Sin saberlo, ama a la vida y sólo así es posible ser un poeta.






martes, 15 de abril de 2014

Teoría de la conspiración

Si la realidad no se ajusta a sus deseos, si las cosas no son como deberían ser, deje de lamentarse, tenemos lo que usted necesita, ¡una teoría de la conspiración! ¡Y a mitad de precio! Se la enviamos a casa sin costes adicionales, viva usted en las islas y sea cual sea su ideología o inclinación. Además, si la adquiere ahora mismo, le obsequiamos otra de repuesto. Siempre es bueno llevar en el bolsillo una teoría supletoria o contra-teoría. No se deje amilanar por pruebas y declaraciones contrarias a su visión de la realidad. Los hechos siempre fueron interpretables, incluso aquellos que parecen más obvios. Millones de personas ya han comprobado sus beneficios. No lo piense más y empiece a ser feliz. ¡Está al alcance de su mano! Comprobará que, una vez adquirida y asimilada, todo encajará como por arte de magia. Olvídese de los adoradores de la escala de grises, tan aburridos, de los relativistas perpetuos. Tenga claro quiénes son sus enemigos y aprenda a combatirlos. Le ofrecemos un mundo de blancos y negros en el que usted no tendrá dudas de cuál es su lugar. Gobiernos, partidos políticos, medios de comunicación, instituciones religiosas, equipos de fútbol, todos ellos ya han comprobado las bondades de nuestras teorías. ¿Piensa quedarse sin la suya? ¿Piensa seguir admitiendo la realidad tal como otros pretenden que la vea? Salga a la calle hoy mismo con su propia teoría, o adhiérase a las múltiples teorías que ya pusimos en circulación. Encuentre su lugar en el mundo. Hágase con su propia teoría de la conspiración.

ULTIMA HORA, 15/04/14

viernes, 11 de abril de 2014

Personas que te encuentras

Hay personas que te vas encontrando a lo largo de tu vida, de las que nunca llegas a saber nada, al menos nada sustancial. A veces, esta reiteración prolongada en el tiempo propicia que os saludéis con un movimiento de cabeza, una sonrisa discreta o, incluso (y esto ya es un exceso), con un “hola, qué tal”. Se sitúan fuera de tu círculo vital, pero forman parte de tu vida. Las has visto en la cafetería del campus universitario, años atrás, o en la barra de aquel bar donde acababan todos los que no tenían pareja; te has cruzado con ellas por las calles comerciales del centro, en aquel gimnasio donde aguantaste unos meses, incluso en algún aeropuerto internacional. Han pasado años sin que os vierais hasta que un día cruzaron por el paso de peatones cuando el semáforo para vehículos estaba en rojo. En algún momento, vuestros caminos pudieron converger, pero, finalmente, lo que pudo haber supuesto un inicio de algo, un cambio en las no-circunstancias que os engloban, se diluyó en ese caldo de caminos abortados o no emprendidos que perfilan nuestra vida. Un día dejarás de verlas de un modo definitivo y ni te darás cuenta. Habrán muerto o habrán cambiado de barrio o de ciudad. Pudo ser tu mejor amiga, tu marido o tu asesino; pudo ser, de haber acudido a aquella entrevista, la cara que habrías visto cada día durante meses frente a tu mesa de trabajo. Tienen algo de espejo. A veces propician una nostalgia tenue, si bien la mayor parte del tiempo caminan del lado de la indiferencia. Es bueno saber que, para ellas, tú formas parte de esa categoría.

ULTIMA HORA, 08/04/14

jueves, 3 de abril de 2014

En ocasiones también me agito


 Traigo al blog mis tres últimas colaboraciones con la revista cultural Agitadoras.


Fragmento: “Sabe que tengo algunos libros de poesía publicados (quién no los tiene hoy en día) y le gustaría conocer mi opinión. Algún comentario previo me pone en alerta, pero estoy acorralado. No me queda más remedio que aceptar. Leo su poema. Al primer verso, pienso: mierda. Al segundo: ídem. Y así”.


Fragmento: “Pese a ser sábado, pongo el despertador a las ocho. Procuro no hacer ruido al salir de la cama. El silencio de la casa me conduce frente al ordenador. Antes, sin embargo, paro en la cocina para proveerme de la cafeína necesaria. Ya lo dijo Brodsky: ningún siglo podrá arreglárselas sin jazz ni cafeína”.


Fragmento: “Todos los poetas varones nacidos entre 1940 y 1980 han querido follarse a Alejandra Pizarnik. Y a Anne Sexton. Y a Sylvia Plath. Pero tuvieron que conformarse con escribirles un poema. Poesía como sucedáneo del sexo, acto de necrofilia y vanidad”.




martes, 4 de marzo de 2014

Charles Bukowski. Los autores no importan

De cada vez lo tengo más claro: los autores no importan. Importa la obra, no el autor. Tal vez por esto mis notas biográficas van menguando a medida que cumplo años. ¿Que a Kafka le gustaba hurgarse la nariz después de comer? ¿Que Kundera una vez se soltó un pedo en el ascensor de un hotel de 5 estrellas? ¿Que Coetzee detesta las corridas de toros? Interesante para biografías y entrevistas, pero aquí no hablamos de eso; lo hacemos de literatura y relevancia. Ah, ya sé: tal hecho sirve para explicar tal característica de su obra; sin tal dato no la podríamos entender de manera cabal; etc. Perfecto. Pero qué quieren que les diga. Me suena a periferia, a desviar la atención, a justificación o relleno. En estas breves líneas hablamos de arte, o esa es nuestra intención. Me refiero a esa cosa tan denostada por estas tierras. A ver: beber en exceso, dormir en el banco de un parque público, pelearte con cierta frecuencia en bares inmundos que no cierran nunca, no te hará mejor escritor. Hablar de tales logros en las solapas de tus libros es un reclamo para malos epígonos de ya sabemos quién. ¿Que el escritor en cuestión fue un dechado de virtudes? ¿Que nunca le deseó el mal a nadie? ¿Que no se hurgaba la nariz ni soltaba ventosidades? Mejor para su santa esposa, sus dulces hijos y sus pacientes amigos. A mí no me importa: no lo traté. Al final, lo que queda, con un mucho de suerte, son los versos, las novelas… Lo demás, como decía aquel guatemalteco guasón, es silencio.

Este arranque de escritura lo ha propiciado la lectura de Fragmentos de un cuaderno manchado de vino. Relatos y ensayos inéditos (1944-1990), de Charles Bukowski. Me lo regalaron por mi último cumpleaños, seis meses atrás. Debo reconocer que difícilmente me habría hecho con él por propia iniciativa. Cosas buenas de celebrar los aniversarios. Hace poco escribí en un cuaderno (en realidad documento Word) sin manchas de vino ni de ninguna otra clase: “Muchas veces, ni nuestros mejores amigos aciertan con los libros que nos regalan. De todos modos, esta falta de tino no siempre es mala. Gracias a ella, leí libros que todavía recuerdo”. Bien, a lo que iba. La prosa de Bukowski transmite brío y autenticidad, una vez subido a ella resulta difícil bajarse. Con esto, con su estilo*, es con lo que hay que quedarse. Lo otro, lo que lo convirtió en mito para adolescentes, es secundario. Si vas a literaturizar tus vivencias, si vas a caer en esa marranada, recuerda que lo realmente importante es cómo las cuentes, no si te emborrachas más o menos, si follas más o menos, etc.  Dicho esto, no convendría olvidar que la exageración es un recurso literario de lo más útil. Bukowski  lo sabía: “estoy convencido de que nuestra exageración crea Arte”. Pero exagerar no implica hacerte pasar por lo que no eres (no confundir sinceridad con autenticidad). Si caes en ese vicio o debilidad, tu prosa y especialmente tus versos se resentirán. Es muy difícil disfrazar la falsedad; la cosa apesta. Por supuesto, nos estamos refiriendo a un determinado modo de entender la literatura…

Charles Bukowski: Ni beber hace a un escritor ni meterse en trifulcas hace a un escritor, y aunque he hecho en abundancia tanto lo uno como lo otro, es una mera falacia y un romanticismo enfermizo dar por sentado que todos estos actos harán de uno mejor escritor. Como es natural, hay ocasiones en las que uno tiene que pelear y ocasiones en las que uno tiene que beber, pero en realidad esas ocasiones son anticreativas y no hay nada que hacer al respecto.

David Pérez Vega dice algo al respecto en su poema “Charles Bukowski”, incluido en su libro El bar de Lee. Traigo aquí dos versos de este estupendo poema:

si quieres escribir como Bukowski antes de beber
como Bukowski intenta leer como Bukowski.


Otra manera de abordar el tema:

Entrañas

Tal vez debiera pasar la noche en el banco de un parque,
escribir con los dedos de la resaca perforando mis sienes,
pelearme con cierta frecuencia en bares inmundos que no cierran nunca
o dilapidar toda mi paga en los hipódromos
para alcanzar al fin el Gran Poema,
para escribir poemas de verdad,
es decir,
con las entrañas, pero ocurre
que tengo la costumbre de teclear mis poemas con los dedos
de mis manos, que soy propietario de una casa con sus paredes
y techo, que apenas trasnocho, ya que siempre preferí escribir
por las mañanas, que mis únicas peleas son con los horarios,
las palabras y mis hijas, que llego a fin de mes
sin excesivos agobios y, además
y para colmo,
nunca apuesto…

Tras todo lo expuesto, queda claro
que va a ser imposible
escribir el Gran Poema,
ni siquiera –me temo–
uno pasable.

Y, sin embargo,
aquí me tienes, tecleando en la oficina
mientras suenan todos los teléfonos del mundo
y escucho pasos incansables a mi espalda,
lo que me obliga a ocultar a cada instante
el documento Word en el que escribo
este poema insulso

sin rastro de órganos
que, por mi bien, mantengo a buen recaudo.



* ¿Y qué era el estilo para Bukowski? Dejemos que sea él quien responda:

Este chico me dijo la otra noche: “Bukowski, puedo escribir como tú pero tú no puedes escribir como yo”. No le contesté porque necesita jactarse de sí mismo, pero en realidad, sólo cree que puede escribir como yo. El genio puede ser la habilidad para decir cosas profundas de una manera sencilla, o incluso decir algo sencillo de una manera más sencilla aún.

(…)

El estilo supone no escudarse en absoluto.
El estilo supone no poner fachada en absoluto.
El estilo es una naturalidad definitiva.
El estilo supone un hombre solo con miles de millones de hombres alrededor.



Todas las citas de Bukowski han sido extraídas de Fragmentos de un cuaderno manchado de vino 

martes, 25 de febrero de 2014

La fe del carbonero

Otro sábado por la mañana frente al ordenador. Se está convirtiendo en un ritual, algo así como una reunión de viejos amigos en la que soy el único invitado. Me refiero al único invitado de carne y hueso. Todos tenemos nuestras tonterías, nuestros monstruos del armario. Mi monstruo del armario tiene cara de Gallardón. Desde que tengo uso de sinrazón, los llamados pro-vida me dan mucho miedo. Pero no quiero desviarme. Esto quiere ser una crónica de sábado por la mañana. Desayuné: café con leche + galletas. Me acompañaron: Diana Krall & Adele. Después finiquité Diez de diciembre, de George Saunders, en traducción de Ben Clark. Como ya dije en Twitter, se trata de un libro radical, divertido, político, trágico, entrañable, cojonudo… Mis dotes de reseñista no dan para mucho más, y más si tengo una crónica pendiente. Antes de sentarme, cotilleé por Facebook. Me gustó esta frase del también poeta y traductor José Luis Piquero (el adverbio hace referencia a Ben Clark): “A mí me encanta discutir, pero contra la fe del carretero no se puede hacer nada”. La fe del carretero. Indago en Google. Claro, la fe del carbonero. Un tal Rodolfo Bueno dice: “El carbonero se persigna al pasar frente a una iglesia; si no lo hace, cree que algo malo va a suceder. ¿Qué? No lo sabe porque siempre lo ha hecho y lo va a seguir haciendo por el resto de su vida”. Siempre lo ha hecho, el resto de su vida… Hay algo triste en todo esto. ¿Acaso me creo diferente o mejor? No, de ahí la tristeza. Menuda manera de acabar esta crónica.

ULTIMA HORA, 25/02/14

viernes, 21 de febrero de 2014

2 x 1: Aburrimiento y prestigio + 21 de diciembre


Aburrimiento y prestigio


Hay poetas de gran prestigio que me aburren soberanamente. Lo mismo podría decir de los ejecutores de cualquier otra disciplina artística, pero este martes amanecí poético, qué le vamos a hacer. Por supuesto, no me estoy refiriendo a prestigio en Facebook o Twitter, que al fin y al cabo es humo. Me refiero a un prestigio de academia y antología, de catedráticos, críticos y premios nacionales. Sí, ya sé que este tipo de prestigio también es humo (¿qué prestigio no lo es?), pero convengamos que se trata de un humo mucho más denso. Hasta no hace tanto, este hecho (el que poetas prestigiosos me aburrieran soberanamente) me hacía sentir incómodo, a veces incluso culpable. Estaba claro que algo se me escapaba. Digamos que asumía que se trataba de un problema, de una carencia por mi parte. Como digo, esto era antes. A estas alturas de mi vida (algo así como el ecuador), entiendo que se trata de divergencias en la sensibilidad, es decir, cuestión de gusto o inclinaciones, y que está bien que así sea. No hay conflicto en esto. ¿Enfadarme porque alguien considera que Jorge Teillier es aburrido? ¿Discutir porque alguien prefiere al Panero loco antes que a Juan Luis? ¿Indignarme porque alguien sentencia que lo que escribió Fonollosa no es auténtica poesía? No. Para qué. Es malgastar energía y tiempo. Por lo demás, todavía no he conocido a nadie que haya cambiado de opinión respecto de sus gustos o inclinaciones porque otro le haya dicho (de manera argumentada) que no las comparte o que está equivocado.

ULTIMA HORA, 11/02/ 2014

21 de diciembre


Todavía recuerdo aquel 21 de diciembre de 1983. Vivíamos en Santa Ponça, en una zona de segundas residencias. Nosotros residíamos todo el año, de ahí que en determinadas fechas reináramos sin oposición. Yo era el rey del pinar de enfrente de casa, ahora arrasado por apartamentos y chalets. El escaso alumbrado hacía que las noches fueran más noches. Aquella de hace más de 30 años no era una noche cualquiera. España debía ganarle a Malta por 11 goles de diferencia. Nunca antes había visto un partido de fútbol de principio a fin con verdadero interés, ni siquiera los del Mundial del año anterior. Tongo o no, el milagro se produjo y me recuerdo saltando de alegría en el salón de casa. Pasó el tiempo, dejamos Santa Ponça para instalarnos en Palma, entré en la adolescencia. En mi imaginario, aquel 21 de diciembre siempre supuso un punto de inflexión. España había dado el paso decisivo para acercarse a Europa. Ya no teníamos que rivalizar con Malta o Irlanda, ya podíamos codearnos con las todopoderosas Inglaterra, Alemania y Francia. Y así fue durante un tiempo, pero la nostalgia mal digerida es peligrosa y ahora queremos volver a aquellos lodazales del espíritu. Ya lo decían: mitad monjes, mitad soldados. Y en esas estamos al parecer. Ahora se nos vuelve a comparar con Malta e Irlanda. Andamos a la cabeza del nuevo movimiento regenerador, dicen las facciones más alborotadas. Por supuesto, ya no estamos hablando de fútbol, ni si quiera de economía. Por supuesto, este artículo peca de nostalgia.


ULTIMA HORA, 18/02/ 2014

martes, 4 de febrero de 2014

Divagaciones luctuosas

En un lapso breve de tiempo han fallecido Juan Gelman, José Emilio Pacheco, Fernando Ortiz y Félix Grande. Esto ha hecho que piense en mi propia muerte. Ni por asomo me quiero comparar con estos cuatro poetas. Digamos que la acumulación de muertes de poetas más o menos leídos y admirados me puso melancólico y especulativo. Imaginé palabras de amigos y conocidos, conjeturé sobre quién publicaría alguno de mis poemas en su muro de Facebook, blog o donde sea. Supongo que la prensa local se haría eco de la noticia (cuatro líneas lacónicas), pero sin duda, para la nacional, mi fallecimiento pasaría del todo inadvertido. ¿Se venderían más mis libros? ¿Alguna editorial publicaría mis obras completas? ¿Husmearía alguien en las entrañas de mi ordenador en busca de material inédito? No se preocupen por mi salud mental; no me creo una especie de Salinger, Bolaño o Foster Wallace. ¿Dejarían anónimos flores sobre mi tumba? Imagino que no. Por supuesto, en estas divagaciones luctuosas no incluyo a familiares. Estos gestos, creo, ya no se estilan (me refiero a lo de dejar flores). Yo visité las tumbas de Robert Graves y Antonio Machado y no dejé flores ni notas ni nada de nada. Me hice, eso sí, la foto de rigor. ¿Se haría alguien una foto junto a mi tumba? Hablo por hablar; ni siquiera he decidido si quiero que me entierren o incineren. En realidad, no me importa. Tal vez, con el tiempo, me acabe importando. ¡Basta ya! Lo último que querría con estas palabras es preocupar a alguien. Lo advierto: pienso durar mucho. 

ULTIMA HORA, 04/02/14