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martes, 8 de noviembre de 2011

Cosas absurdas y delirantes



Estuve una semana en Francia, tiempo suficiente para comprobar que en cuestión de higiene de baños nos andan a la zaga. Viajé con mis padres. Un exceso, sin duda, pero ambas partes lo sobrellevamos bien. Durante mi estancia allí, compartí habitación con mi hija. Dormíamos en una litera, ella arriba y yo abajo. Por las noches, como un par de adolescentes inquietos, hablábamos de cualquier cosa sin importarnos la hora… Las más de las veces, improvisaba historias absurdas, cuanto más cómicas y delirantes mejor. Al finalizar el relato, le preguntaba por la moraleja. Ella captó el juego desde el principio, por lo que, concluida la narración, extraía una enseñanza tan absurda como la propia historia. Al final nos moríamos de la risa con la conclusión alcanzada… Ya en Mallorca, volví a mis vicios habituales, entre ellos, pensar en poesía, otra cosa absurda y delirante. Comparto con ustedes la conclusión alcanzada (conclusión que mañana despreciaré): Hay poemarios que son como esos peinados con gomina y raya al lado. En el otro extremo se sitúan los despeinados naturales, por falta de tiempo o ganas. Podríamos definir los primeros como poemarios encorsetados, a veces incluso rancios; los segundos, como poemarios perezosos, en primera versión. En estos momentos me interesan los poemarios en apariencia despeinados, pero solo en apariencia. Me refiero a ese tipo de despeinado elaborado, ese que implica horas frente al espejo. Es curioso como la sensación de naturalidad, de vida, precisa de una dosis importante de trabajo, es decir, de artificiosidad.

ULTIMA HORA, 08/11/11 

domingo, 1 de agosto de 2010

Bajo el primer sol de agosto

El verano y los domingos, el ritual del sol.
F chapoteaba en la piscina con su nueva sirenita comprada por un euro en una gasolinera mientras yo intentaba leer, tumbado en el césped, Cuando la noche obliga,
de Montero Glez. Tiene ritmo, el madrileño. Y mucha guasa.
Una lectura ideal para el verano, para aullar bajo el primer sol de agosto mientras tu hija te pide que juegues con ella, que pongas voz de sirenita y juegues con ella.
Durante el mes de julio apenas tengo tiempo para leer. Y menos para escribir.
Aprovecho los momentos en que F mira dibujos animados, dibujos animados que le enseñan a insultar, a pegar patadas para defenderse, que le cuentan que los malos (siempre feos) son vencidos irremediablemente por los buenos (siempre guapos).
Los niños de hoy, tan preparados. La paternidad…
Pero hablaba de los huecos que aprovecho para teclear como un loco,
sin tiempo para pensar, sin estrategia.
Se trata de una hemorragia, de una hemorragia que me mantiene con vida.
Durante este mes de julio he leído algunos libros.
Me gustó La quijada de Orce, de Iván Tubau.
Apenas sabía de su existencia. Una noche de cielo estrellado,
una noche ideal para la homosexualidad bajo el cielo estrellado de la isla de Ibiza,
el poeta Ben Clark me habló de él. En realidad, no me habló de Tubau,
sino que me leyó uno de sus poemas, ya no recuerdo cuál.
Aquello hizo que naciera una deuda. Este mes de julio la he saldado.
Por lo demás, tecleando el nombre del poeta en Google me he enterado de su polémica imitación invertida de Rubianes y del odio que despierta entre nacionalistas catalanes.
La gente se entretiene como puede.
A la debida distancia, todo acaba siendo un chiste,
un chiste tan triste como viejo, un chiste que te puede matar de la risa.
Sólo diré una cosa: lean a Iván Tubau, vale la pena.
También leí Viaje a pie, de Josep Pla.
Dicen del catalán que fue espía de Franco. Ya ven, me está saliendo azulona la entrada.
La entrevista que le hizo Joaquín Soler Serrano en el mítico programa A fondo, de RTVE, en el año 1976, no tiene desperdicio.
Pla es uno de esos autores que conviene leer con bolígrafo en mano, sin prejuicios. Su ritmo es pausado, pasea y mira y cuenta lo que ve, habla con la gente, reflexiona sobre su país, sobre los caminos y las gentes de su país. Pienso que Pla es un autor para ser leído en invierno, en un bar de pueblo mientras la tarde declina con el dominó de los parroquianos y el sonido del carrusel en los transistores.
Bares sin futuro, inmovilistas como Pla, como yo mismo.
Nunca me han gustado los cambios, los temo.
Los cambios nunca traen nada bueno.
Todos nuestros males provienen de nuestras ansias por cambiar, por no saber estarnos quietos.
El cambio es el diablo y el diablo es poderoso, el mejor negociante del mundo…
Por lo demás, leí la novela de Patricio Pron, El comienzo de la primavera. Alguien dijo del argentino que era el nuevo Bolaño y, ciertamente, algo bolañesco hay en las páginas de su libro. Esa épica sorda de la búsqueda, esos personajes a la deriva, desdibujándose en una desesperación extraña, bordeando un abismo indefinido y real como la fiebre de estas noches de verano, de estas putas noches estáticas y caldeadas en que ardo. De todos modos, la de Pron es una novela invernal, hecha de brumas y fantasmas y viajes en tren.
Algún libro más leí, pero empiezo a estar cansado.
Mejor lo dejo aquí. Tengo a F gritando mi nombre en la bañera
y un nuevo libro en marcha que, como siempre,
no me satisfará
y el odio suficiente y el amor
para plantarle cara
a lo que queda de verano.

lunes, 5 de julio de 2010

tres poemas en las afinidades electivas

Para leerlos pincha AQUÍ

No doy para más. Ando feliz y agotado, sin tiempo para nada. Y todo por culpa de un retaco que ha tatuado mi escritorio con rotulador negro indeleble, el que empleo para bautizar mis cedés y deuvedés. A cualquier otro lo habría arrojado por la ventana.

Feliz verano.

sábado, 4 de julio de 2009

Viernes por la noche en Gaston Vuiller, 5




Vive las historias con una intensidad que desconozco, que ya perdí. Me araña, me chilla al oído, me muerde la mejilla. El amor duele, viene bien recordarlo. Sobre todo si es viernes por la noche y el mundo de afuera es una posibilidad entre un millón. Todo da vueltas. La gravedad varía. No es lo mismo hoy que ayer ni que mañana. Bueno, en realidad sí, pero están las sutilezas. La brizna de hierba de Bobin. Quiere que le cuente de nuevo la historia de Peter y Kate, aquélla en que la niña se queda encerrada en la escuela. Sé que se imagina encerrada ella misma en la escuela de Ramonville St. Agne, el reino de sus bêtises, adelanto de lo que puede ser el mundo luego. Mi imaginación también se estira como un chicle. Viene bien recordarlo.

lunes, 13 de abril de 2009

LECTURAS OBLIGATORIAS


Todos los niños deberían haber leído El príncipe feliz, de Oscar Wilde. El mundo no sería mejor, pero aún así.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Infinito


Las anécdotas que no podré retener porque no conoceré y las que olvidaré o guardaré en el cajón equivocado y un día reclamarás como un tesoro o el secreto central del que dependiera un mundo, el que a ratos compartiremos, y yo seré tan pobre como un sabio, como un león en un zoológico proscrito, sin llanura o tal vez con llanura interior, es decir, con desierto y tu lluvia, después, tus preguntas, el reclamo elaborado con cariño y recelo, los años precipitándose sobre nosotros, los silencios y cielos de todos los veranos agrupados en un solo verano inigualable, casi conceptual, fragmentándose en partículas que nos envolverán, que nos harán llorar y reír y querrás comprender mientras aguardas una respuesta, algo que llevarte a la cama, que mirar por las noches cuando el gran apagón se propague sin obstáculo por todas las ciudades levantadas por el hombre, y querré comprender y compilar lo que no admite orden ni discurso y seremos nosotros, Floriane, tú y yo, padre e hija, como en aquel cuadro, solos frente al mar, en la desembocadura de un torrente sin agua, entre paredes verticales, inconmensurables como tus sueños, como todo lo que tenía que hacer y no hice o tal vez sí lo hice porque tú estarás a mi lado, una tarde que voy construyendo, imperfecta como no puede serlo el futuro, tal vez tendrás prisa, tal vez hambre o astucia, ahora todo es posible, y tus ojos, abismales y cálidos, reclamarán un pasado, lo que no habré sabido guardar, el tesoro o el secreto del mundo, y yo sólo tendré estas palabras modestas, su trampa y su delirio, frases escritas contra el embrutecimiento de la vida ordinaria y contra todo pronóstico, libros como tiendas de campaña en la cumbre del Everest, una obra irrepetible y prescindible y que de pronto no comprenderé y seremos tú y yo, Floriane, tú y yo, como en aquel trayecto en tren camino del infinito.