domingo, 14 de febrero de 2021

Primeros artículos 2021


Aguacates verdes [09.02.21]

Este texto nace en domingo, en un documento Word de mi portátil. De ahí viaja por la red de comunicación electrónica hasta un servidor de correo, que lo reenvía a una de las bandejas de entrada del diario Ultima Hora. En sus instalaciones, las palabras que ahora brillan en mi pantalla se convierten en tinta impresa sobre papel periódico. Entonces llega el martes y, después de desayunar, salgo de casa y me acerco al quiosco y me compro el diario. Lo abro por la página que contiene este artículo y le saco una foto. Unos días después, subo la foto a Instagram y Facebook. La imagen que contiene estas palabras recibe diez, veinte, a veces incluso treinta Me gusta. Los pulgares hacia arriba son símbolo de aprobación. Eso reconforta, hace que nos sintamos parte de la comunidad. Pero eso también contiene un peligro. En el confort, en la aceptación, no se producen cambios, uno fácilmente acaba sonando como la playlist de un niño de seis años. Y eso es aburrido. Nada como un puñetazo para activarnos y devolvernos a la vida. Por lo demás, es posible que la página que contiene este artículo termine envolviendo un aguacate que necesita madurar. Todos hemos sido aguacates verdes. 


La ley de la selva [26.01.21]

El sábado por la noche vimos El libro de la selva, la película de Disney inspirada en los cuentos de Rudyard Kipling. En varios momentos de la película, los animales recitan lo que ellos llaman la ley de la selva: «La ley de la Selva es tan antigua y natural como el cielo, cuando un lobo la cumple prospera y cuando la quiebra muere, el lobo es la fuerza de la manada y la manada es la fuerza del lobo». O de un modo más marketiniano: solo unidos podremos subsistir. ¿Quién puede resistirse a un buen endecasílabo? A lo que iba. Fue escuchar la ley, recitada por unos lobos, y pensar en los retos que la humanidad va a tener que afrontar, y perdonen la grandilocuencia. Ante retos globales, solo una acción global, consensuada, puede resultar eficiente. ¿Acaso la pandemia actual no nos lo ha enseñado? Dar respuestas individuales a un mal común es una mala estrategia. Y es mala porque no es efectiva, porque lo único que hace es prolongar el problema en el tiempo. Dicen que pensar en el largo plazo es un lujo que los gobiernos, pendientes de las encuestas, no se pueden permitir. Pero no se trata de un lujo, qué va, ni siquiera de sentido común. A estas alturas, es cuestión de supervivencia. Háganles caso a los lobos, ellos saben.


Decadencia [12.01.21]

Nevadas al margen, ahora todos hablamos de Donald Trump. Se dice que el trumpismo busca dinamitar la democracia y para eso crea realidades paralelas sin matices, emotivas, fáciles de digerir y, sobre todo, fáciles de defender: una bandera y un eslogan son suficientes. O comulgas con el discurso del líder, o pasas automáticamente a las filas del enemigo. Pero el mandatario de Nueva York no ha inventado nada, no alcanzó la presidencia para cambiar la realidad. Cuando accedió al trono, la realidad ya había cambiado. Digamos que Trump es el resultado de esa realidad alterada, un fruto grande, vistoso, en el árbol más importante del jardín. El populismo venía de antes y es reflejo de la decadencia de nuestra sociedad. ¿Y cuándo se inició la decadencia en Occidente? Hay quienes dicen que empezó en la década de los noventa del pasado siglo y eclosionó entre 2004 y 2006. Desde entonces, nuestra incapacidad para comprender y aceptar todos los cambios que alteran el mundo y la proliferación de charlatanes que pretenden sacar rédito de todos nuestros miedos nos hace desear líderes fuertes, que simplifiquen las cosas y nos señalen el enemigo. Un culpable claro y un himno bajo el que desfilar hacia la promesa de una sociedad mejor, más segura, eso es todo lo que queremos. 


domingo, 24 de enero de 2021

Últimos artículos 2020

 

Manos (15/12/20)

Junto mis manos. Como cuando de niño rezaba. Como cuando con ellas construía un telescopio con el que explorar el cielo. O como cuando hace frío y con tus manos creas un pequeño cuenco y soplas aire caliente en su interior. Contemplo mis manos. Nunca antes las miré tanto, nunca fueron tan sospechosas. Las manos se hicieron para tocar y agarrar, para llevarse los alimentos a la boca. Unas manos escrupulosamente limpias siempre despertaron desconfianza. Alguien que no quiere mancharse las manos, alguien que prefiere que el trabajo sucio lo hagan otros. Las manchas de la edad merecen respeto. Las uñas con tierra son sinónimo de niños jugando al aire libre. Las manos llenas de grasa después de comer o reparar un motor son manos satisfechas, útiles, honradas. Del amor se sale con las manos pringosas. Tocar es peligroso, pero no hacerlo es morir. Es necesario lavarse las manos porque es necesario manchárselas. Amasar, dar forma, hundirlas en la tierra, en el mar. Las manos de las personas que más queremos, ese calor tan necesario. Nunca antes nos lavamos tanto las manos y, sin embargo, nunca fue más fuerte la sensación de que muchos andan con las manos sucias. Y no sucias de grasa, de tierra o de sudor. Hablamos de otro tipo de suciedad, esa que apenas deja rastro.


El enemigo (29/12/20)

Pienso en esas personas que se sentirán desnudas si no salen a la calle con la mascarilla puesta. Hablo de cuando la pesadilla actual haya pasado y podamos volver a hablar de asuntos que no tengan que ver con restricciones de movimientos o recuentos macabros. Hablo de cuando podamos reanudar nuestra vida en las aceras y los locales de las ciudades sobrepobladas. ¿Alguien se ha parado un segundo a pensar en esas personas? ¿Les inventaremos un síndrome? ¿O simplemente los llamaremos prudentes? ¿Sabremos ser comprensivos o nos reiremos de su obsesión o exceso de celo? ¿Llegaremos a ver carteles en las puertas de los bares en los que se prohíba el uso de mascarillas? ¿Cómo actuaremos con esos desconfiados? No faltarán quienes los comparen con esos soldados japoneses que, finalizada la II Guerra Mundial, decidieron no rendirse y deambularon durante años por las colinas filipinas. Años vagando por la espesura de la selva, con el fusil cargado. ¿Acaso no hemos abusado del argot bélico para hablar de cómo actuar frente a la pandemia? ¿Acaso no nos están advirtiendo de que la vacuna no será más que un breve paréntesis mientras esperamos el siguiente ataque? Y a todo esto: ¿sabemos ya la identidad del enemigo? 


viernes, 18 de diciembre de 2020

Héroes y villanos

Ocurre que a las celebridades, a los famosos y famosas de turno, no los concebimos como personas reales, de carne y hueso, sino como personajes de ficción, seres como de otro mundo, a los que idolatrar o destripar sin mayor problema, como parte del espectáculo. En la ficción, es posible desear que tipos como Chigurh (Javier Bardem en No es país para viejos) o Hannibal Lecter (Anthony Hopkins en El silencio de los corderos) se salgan con la suya, aunque eso suponga un buen puñado de cadáveres. ¿Acaso no nos descojonamos de la risa cuando Vincent y Jules (John Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction) la emprenden a tiros con aquellos jovencitos que han querido estafar a Marsellus Wallace? Y es que a los personajes de ficción –y las celebridades son como personajes de ficción– somos capaces de perdonárselo todo, los amamos sin que nada (una cobardía, un mal aliento, una respuesta inapropiada) se interponga entre nosotros y ese amor. Del mismo modo, somos capaces de desearles el peor de los finales sin un atisbo de duda, de manera sumaria. Son nuestros héroes y villanos, nuestro baño de espuma y nuestro saco de box. ¿Cómo no ser indulgentes con aquellos que fueron capaces de arrancarnos de nuestras miserias por unos momentos? A ellos los podemos idolatrar (o reventar) sin cargo de conciencia, como si no fueran personas mundanas con sus luces y sombras.

ULTIMA HORA, 01/12/20 


sábado, 12 de diciembre de 2020

Septiembre, octubre y noviembre. 6 articulillos

 Librería: En ocasiones, me planto frente a la librería y recorro con la mirada los lomos apretujados, sin distancia de seguridad, que descansan en ella. En ocasiones, agarro uno de esos libros y empiezo a leer. Me parece fascinante que una tecnología tan rudimentaria, tan antigua, sea capaz de albergar tanto en su interior. Esta tarde, por ejemplo, alcancé Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi, y lo abrí por la primera página. Calculo que leí esta novela cuando era un estudiante de derecho. Ha llovido mucho, como suele decirse. Ha sido adentrarme en los primeros párrafos y sentir cómo ese mundo dormido, aprisionado en esas páginas, empezaba a cobrar vida. Ahí estaba el católico Pereira, en la redacción del Lisboa, aburrido, despotricando contra la idea de la resurrección de la carne, concertando una cita con Francesco Monteiro Rossi, licenciado en filosofía. ¿No es un arranque magnífico? Una llamada inesperada fruto de la casualidad, una cita con un desconocido. Acto seguido, he cerrado el libro y lo he devuelto a su lugar. En ocasiones, con esto me basta. En ocasiones, no me queda más remedio que abrir un documento Word y empezar a teclear. ULTIMA HORA, 17/11/20


Fases de la escalada: Todo empieza con restricciones a la movilidad por zonas, algo tan efectivo para prevenir o curar la covid-19 como añadir pimiento picante a la sopa. Se pasa, después, a los famosos cierres perimetrales, que se parecen mucho a las medidas desesperadas que tomas cuando empiezas a intuir que todo está perdido, que en breve van a cerrar la discoteca y aún no le has dicho nada a la chica que te gusta, y mira que llevas cuatro horas pensándotelo, y te pides una última copa y te la bebes de un trago y vas directo a la pista y cuando estás por decirle «hola, qué tal» se encienden todas las luces y se te queda cara de tonto, la misma que se nos está poniendo a todos a fuerza de no entender nada de lo que pasa. Sí, ya sé, un mal ejemplo, poco adecuado a esta nueva normalidad. Pero sigamos. Tras el cierre perimetral, llega el tan agotador confinamiento, que tanta creatividad nos exige y que obra el milagro de hacernos añorar nuestro antiguo trabajo. Pero la cosa no acaba aquí. Tras el confinamiento llega la extinción masiva, en fin, nada que no se supere con un poco de tiempo. Dicen que la Tierra ya ha vivido cinco o seis extinciones masivas. Y ahí vamos, a por la siguiente. [UH-03/11/20]

Un viaje inesperado

Iniciamos la ruta en Fornalutx. En la placita junto a la iglesia, nos pedimos un café. Yo tendría unos dieciocho años, aún no era excesivamente sensible a la belleza del paisaje. Eso se adquiere con el tiempo. Por aquel entonces, mis ojos eran medio ciegos para todo aquello que no fuera yo. Imagino que mi padre debió hacer algún comentario sobre aquel pueblo de calles empedradas. De allí seguimos dirección a los embalses. En el Gorg Blau detuvimos el coche y caminamos hasta el agua. Era como estar en otro planeta. Regresamos al coche. Pasamos por Escorca, por Lluc, pero no nos detuvimos. «Te voy a llevar a comer el mejor chateaubriand de la isla», anunció mi padre. Yo no sabía qué era eso. Al fin llegamos al restaurante Tango, en Port de Pollença. Era a principios de los 90. Creo que el restaurante sigue existiendo, pero en otro lugar, con otros dueños. Allí comí mi primera carne roja y compartí mi primera botella de vino tinto. Hasta entonces, me relación con el alcohol se reducía a los botellones propios de la adolescencia. Un mundo nuevo se abría ante mis ojos. Ese día, algo despertó en mí. Lo recuerdo como el inicio de un viaje inesperado.  (Última Hora, 20-10-20)

 

Escribir: ¿Para qué sirve la literatura? ¿En qué consiste escribir? Todos los escritores ya dieron su opinión. Las respuestas a esas preguntas imperecederas constituyen un género literario. Podríamos llenar páginas y más páginas recopilando todo lo que dijeron del asunto los diferentes escritores. Al final, esas respuestas no proporcionan luz, al menos, no la luz que uno espera recibir después de formular una pregunta. Esas respuestas buscan persuadir, por eso son un género literario. Si tú preguntas dónde están los calcetines, todo lo que no sea «en el cajón de arriba» es una pérdida de tiempo. Quiero decir, si tú me preguntas dónde están los calcetines y yo empiezo a hablarte de lo fríos que se me ponen los pies en invierno, de mi obsesión por evitar los charcos o de lo fabulosas que resultan las tobilleras con bolsas de gel térmico, entonces no estoy respondiendo a tu pregunta, estoy haciendo literatura. ¿Por qué? Porque busco captar tu atención, porque busco seducirte. Entonces, esa pérdida de tiempo se convierte —si el relato supo entretenerte— en tiempo ganado. Seguirás sin saber dónde están los calcetines, pero esa pregunta ya no será importante. De repente, podrás seguir sin conocer la respuesta. UH, 06/10/20

  

 Addio, amoreCuando leas esto, el otoño estará de vuelta. Ahora, mientras tecleo, sigue siendo verano. Si miro por la ventana, puedo ver la piscina de los vecinos. Pese al calor que ha hecho hoy, se diría inservible, en pleno letargo. Hay un aire de despedida que lo impregna todo. Le debemos tanto al verano. Los recuerdos llegan a ráfagas. Es otra piscina, creo que en Santa Ponça, pero no estoy seguro. ¿De quién es ese chalet? ¿Qué hacemos allí? Un grupo de chavales estamos nadando. Hay chicos y chicas. Debemos tener unos doce años. Nos perseguimos, hacemos el tonto. Cuando Amelia, la hermana mayor de uno de mis amigos, va a salir de la piscina, alguien le agarra del bikini y tira para abajo y yo puedo verle el vello oscuro y eso me deja medio loco, sin capacidad de pensar en nada que no sea ese nubarrón fascinante. También recuerdo la vez que fui a buscar a mi amigo Paolo. Su madre, una italiana extrovertida, eternamente bronceada, me abrió la puerta con los pechos al aire. Ciao, Javi, entra, Paolo è in camera sua. Y yo entré, claro, fueron muchas las veces que entré en esa casa con mi imaginación. Tantas cosas ocurrieron en verano. Addio, amore. Aún no te has ido y ya te echamos de menos. ULTIMA HORA, 22/09/20

 

Mascarilla

Me he infiltrado en la Liga de Hombres y Mujeres Libres contra el uso de la Mascarilla. Después de convivir con ellos algunos meses, lamento anunciar que, más allá de un convencimiento cuasi religioso del tremendo mal que inflige la mascarilla a sus portadores, no he encontrado un rasgo común capaz de homogeneizar dicho grupo. Hay liberales de derecha que creen que la mascarilla atenta contra su sacrosanta libertad a la hora de decidir cómo salir a la calle. Hay conservadores democráticos y conservadores nostálgicos de otros tiempos que ven en la mascarilla una especie de bozal que les dificulta ladrar lo que el cuerpo les pide. Hay anarquistas antisistema adictos a Instagram que ven en las mascarillas la punta de lanza de un sistema represivo adscrito al capital. Hay izquierdosos de espiritualidad elevada que estiman que el uso generalizado de la mascarilla es el primer paso hacia una sociedad robótica en la que el contacto humano estará estigmatizado. Incluso hay socialdemócratas de cierta edad, de carné y voto fijo, que se creen víctimas de una especie de saneamiento demográfico. Pero lo mejor, sin duda, es la lección que extraigo después de convivir con estos hombres y mujeres: incluso entre antagonistas, el acuerdo es posible. Buenos días. UH, 08/09/20


sábado, 19 de septiembre de 2020

Agosto. 2 articulillos

 

UH, 11/08/20

Ser justo

En uno de sus poemas, el titulado “Cómo ser perfecto”, Ron Padgett afirma: «Cuida primero de las cosas cercanas. Ordena tu habitación antes de salvar el mundo. Después, salva el mundo». Me resulta muy sencillo, a mi edad, identificarme con esta afirmación. Mi hija de diecisiete años, incapaz de mantener ordenada su habitación más de una hora, diría que es una frase conservadora, propia del pequeño-burgués acomodado, amante del orden, en que me he convertido. Me parece bien. A mí, a los diecisiete, también me habría parecido una frase aborrecible. Ahora, que alguien al que le cuesta un mundo ayudar en las tareas domésticas, es decir, no predispuesto a echar una mano a los currantes que con su esfuerzo mantienen en condiciones el lugar en que se vive, despotrique contra los que no se arremangan para mantener el barco a flote, es decir, contra los que solo piensan en su comodidad, me parece una incoherencia a tener en cuenta, eso sí, una incoherencia entendible, ya que todos, más o menos, hemos sido así de adolescentes, quiero decir, hemos sido así de incoherentes. Hay cosas que uno debe tener en cuenta si quiere ser justo. Buenos días. 

UH, 25/08/20


lunes, 13 de julio de 2020

Junio. 3 articulillos


Golpear la piñata
La antiglobalización se vende muy barata y eso que la gente está ávida por llevarse a casa su pedacito de antiglobalización, un suvenir en forma de frase reivindicativa con la que dar comienzo o rematar cualquier comida familiar o con amigos. La expansión del coronavirus ha sido la guinda que le faltaba a un pastel ya de por sí bastante recargado. Quien más quien menos te vende antiglobalización, a diestra y siniestra. En ocasiones, lo llaman altermundismo, o salvar el planeta, o America First. Manu Chao y Michael Moore son personajes conocidos del movimiento antiglobalización; de igual forma, Marie Le Pen o nuestro Santiago Abascal no se cortan un pelo a la hora de golpear la piñata de moda. Pero, ¿qué caerá cuando entre todos le abramos la barriga? ¿Un mundo mejor, más justo y próspero? Eso es lo que querríamos todos, bueno, casi todos. Pero, ¿y si nos llueven piedras? ¿Y si lo que llega es retroceso económico y moral? ¿Y si después de todo el demonio era otro?UH, 02/06/20

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La lechuzaEs tomar la salida de S’Estanyol y olvidarte de que existe algo que se llama Ma-19, Palma, zapato cerrado o camisa. Desde hace unos años, venimos a Sa Ràpita a pasar unos días. Los pinos y la lechuza que por las noches nos habla y el sempiterno trampolín frente al restaurante Es Racó no parecen haberse percatado de que atravesamos una crisis. Aquí paseo, monto en bicicleta y, cuando los niños me dejan, me siento en el balancín que hay en el jardín de la casa y leo. Ahora ando con una novela de David Pérez Vega, Caminaré entre las ratas. En ella, el aliento de la anterior crisis, la de raíz financiera, lo enturbia todo. Su protagonista, hijo de los suburbios, va cayendo de trabajo en trabajo, de uno esclavizante y mal pagado a otro precario y peor pagado. Lo veo nadar, al protagonista, contra la corriente, pero la corriente es poderosa y el impossible is nothing de los anuncios americanos no es más que un chiste tramposo, de mal gusto. Cuando cierro el libro, la lechuza lenguaraz me pregunta por la vida y yo cierro los ojos y espero a que los pinos me susurren la respuesta. Saldremos de esta, le digo. Pero la lechuza ya no está. UH, 16/06/20 


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Trompetas del Apocalipsis

¿Cuándo empezaron a sonar las trompetas del Apocalipsis? Los siete ángeles llevan tiempo tocando. A veces se toman un descanso, pero siempre regresan. Hace meses los vieron por Wuham. Comenzaron de manera suave, casi imperceptible; calentaban motores. Pronto tuvieron a todo el mundo danzando a su compás. Antes, los vieron por las calles de Caracas y las de Atenas, por las calles de Puerto Príncipe y las de Buenos Aires, por las calles de Bagdad y las de Ramala. Hay quienes dicen que iniciaron su gira en el Word Trade Center allá por el año 2001. Otros, en cambio, aseguran que su gira oficial dio comienzo en Los Angeles dos décadas atrás, el 5 de junio de 1981. Por qué no. Los siete ángeles en Los Angeles tocando Esta enfermedad sin vacuna. Su melodía, triste y estridente, rebotando por el mundo, de Madrid a Sao Paulo, de Texas a Lisboa. Pero no, yo creo que los siete ángeles con sus siete trompetas ya amenizaban las deliberaciones de los 113 países participantes en la primera cumbre del clima celebrada en Estocolmo en 1972. Es difícil saber cuándo empezó el principio del fin. Lo cierto es que las trompetas llevan tiempo sonando. Cada vez más tristes y estridentes.

UH, 30/06/20

Mayo. 2 articulillos


Nuestro parecerHaga usted la prueba. Por ejemplo, escriba en Facebook: “Nada como los libros en papel, los eBooks no tienen alma”. O todo lo contrario: “No entiendo cómo todavía hay gente que viaja o se va a la playa cargando libros físicos”. Una vez escrita la frase, espere unos segundos. Los comentarios irán llegando poco a poco. Se nos hace difícil no expresar nuestro parecer, no compartir nuestra experiencia. Esta adicción –dejar constancia de lo nuestro: gustos, manías, miedos– necesita poca cosa para manifestarse. Recuerdo que en clase de francés, hace años, la profesora nos hizo una pregunta. “¿Dónde pasaríais vuestras vacaciones, en Islandia o en Brasil?”. Yo me decanté por el país nórdico; en aquellos momentos, se me antojó más sencillo defender esa opción. Mi escaso vocabulario en francés contenía palabras como “nieve”, “soledad”, “isla” o “frío”. Mi respuesta sorprendió a muchos. Recuerdo que mi compañero de mesa me preguntó: “¿De verdad? ¿Estás loco?”. Mi locura, lo supe después, residía en mi no necesidad de dejar constancia de mis inclinaciones sinceras. Ni por un segundo me planteé abrir mi alma, compartir mis pensamientos. Lo curioso del asunto es que si usted, por ejemplo, escribe en Facebook que odia los libros digitales, lo más probable es que termine involucrado o provocando alguna trifulca. Nos suele molestar que la gente no piense como nosotros. UH, 05/05/20


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Realidad aparcada
Dos semanas antes de decretarse el estado de alarma, una lectora me escribió para denunciar la situación por la que pasan muchos jóvenes doctorados. Me habló del caso de su hija. La joven, a la que llamaremos Muriel, estudió Biología en la UIB. Obtuvo diferentes becas a lo largo de su carrera. Una vez finalizada, preparó su tesis doctoral. Hicieron falta muchos codos y euros para sacarla adelante. Entonces la madre pensó que todos los sacrificios padecidos habían valido la pena. Ella, la madre, después de deslomarse durante años limpiando casas ajenas, veía como a su niña se le abría un mundo de posibilidades. Pero realidad y expectativas no acostumbran a hacer buenas migas. Muriel tuvo que ver cómo, pese a las alabanzas, siempre aparecía otro candidato que, sin estar tan preparado, se acababa llevando el premio. La meritocracia, qué duda cabe, nunca ha sido nuestro fuerte. Cada desplazamiento infructuoso a una nueva entrevista suponía un duro golpe al bolsillo y la moral. La madre, indignada, decidió escribirme para denunciar la situación. Esta es la realidad que habíamos dejado aparcada por el coronavirus. Y poco a poco regresamos a ella.

uh, 19/05/20

Abril. 2 articulillos

Resistiré:
En estos días extraños, todo el mundo está aprendiendo muchas cosas, o descubriendo cosas de sí mismos o de la sociedad o de la vida en las que nunca antes habían reparado. O se iluminan de pronto, como si el rayo del saber profundo atravesara sus almas o sus cerebros o tal vez sus corazones –ignoro las preferencias del rayo del saber profundo–, o la sabiduría final les llega después de varias noches de insomnio, tras arduas horas de meses, canciones recicladas del Dúo Dinámico y comparecencias de Fernando Simón. Esto me tiene preocupado y no puedo dejar de preguntarme qué haremos después con tanta sabiduría sobrevenida, con tanto Paulo Coelho o Jorge Bucay por las calles del mundo, por las redes del mundo, disparando frases que contienen, de una forma u otra, el sentido de la vida. Tanta luz y comprensión del ser humano, de las cosas que realmente valen la pena, del significado último de la existencia, de nuestro papel en el universo, no sé… ¿Podremos soportarlo? ¿Estamos preparados para algo así? ¿No será demasiada luz? Mientras tanto, me sumo a los aplausos de las ocho y a nuestro nuevo himno. Resistiré.  UH, 07/04/20

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Infectados

A la pandemia que ha trastocado nuestras vidas, hay que sumarle esa otra pandemia que, como el cambio climático, venía anunciándose tiempo atrás y que todos nos tomábamos a risa: el síndrome del cuñado. Hoy los cuñados son legión, un ejército numerosísimo y bien organizado. Tienen un plan y no cejarán en su empeño hasta ver colmadas sus aspiraciones. Empezaron por difamar a los intelectuales. Si lo piensan, hoy en día es imposible decir esta palabra sin sentir un ápice de vergüenza. ¿Por qué su opinión va a ser más relevante que la mía? Su objetivo, claro está, era llegar a los llamados expertos, con independencia del campo en que se manejaran. Tomaron las tertulias televisivas. Empezaron por los programas del corazón y, poco a poco, extendieron sus tentáculos hasta abarcarlo todo. Las redes sociales fueron el medio ideal para expandir su ideología. Como los grandes cataclismos, su eclosión llegó al grito de “¡libertad!”. Los que no sucumbieron al virus, decidieron callarse para no ser recriminados por el cuñado de turno que siempre, inexorablemente, sea cual sea el tema tratado, tendrá opinión y, por supuesto, razón. Como en La invasión de los ultracuerpos, están entre nosotros. Ya son la mayoría. Usted y yo, quién sabe, tal vez estemos infectados. 
UH, 21/04/20  

jueves, 9 de abril de 2020

Los primeros 5 articulillos de 2020


Una breve anécdota:
Pido de antemano disculpas por este minuto de publicidad. Voy a contarles una anécdota. Ocurrió a mediados de diciembre. Alguien me dio las gracias por haber escrito Mi Berghof particular. Estas cosas ocurren, lo sé, pero pensaba que solo le ocurrían a otros. Para el ego de un escritor, que un lector te dé las gracias por haber escrito un libro equivale, como mínimo, a la venta de 100 ejemplares. Sé que si algún editor lee esto, automáticamente arrugará el entrecejo y no le faltará razón. Tal vez exagero, sí, pero fue como si aquel lector, al que apenas conozco, me hubiese entregado un cheque de 150 euros. Y es que no solo se limitó a darme las gracias, sino que me contó que estaba «realmente enganchado». Si el lector en cuestión se hubiese estirado en mitad de la acera y hubiese empezado a hacer abdominales, me habría sorprendido menos. Tiembla, Dan Brown, pensé. Y esta es la breve anécdota que demuestra que un día anodino puede terminar de una manera sorprendente, puede esconder en su acumulación de horas grises un final feliz, luminoso.

UH, 14.01.20


Un debate de altura:
Creo que los ciudadanos de este país nos merecemos un debate político de altura. El arranque de la legislatura no ha estado mal, cierto, pero podemos aspirar a mucho más. No perdamos la fe. Traigo aquí algunas propuestas, todas ellas de vital importancia para nuestro día a día, para el futuro del planeta, cuestiones que nos quitan el sueño, que nuestros políticos deberían abordar sin más dilación. Ahí van. ¿Existieron realmente Adán y Eva? ¿Tuvo hijos Jesús? ¿Es plana la Tierra? ¿Rodó Stanley Kubrick el supuesto alunizaje llevado a cabo por la NASA? ¿Hay una invocación satánica oculta en la canción Stairway to heaven, de Led Zeppelin? ¿Siguen vivos Elvis Presley y Jim Morrison? ¿Se suicidó Hitler en aquel búnker de Berlín? ¿Curó realmente Juan Pablo II a Marie Simon-Pierre? ¿Aparece Candyman si pronuncias su nombre cinco veces frente al espejo? ¿Se merecía Paco Buyo la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo? ¿Son los illuminati los verdaderos dueños del cotarro? ¿Existe un agujero negro en el famoso Triángulo de las Bermudas? ¿Creo Dios el mundo en seis días para descansar al séptimo? Buenos días.
Uh, 28/01/20



La religión:
Camino por esa calle estrecha que bordea el cementerio de Palma, la que une la rotonda del Parc de la Riera con la calle General Riera. Voy junto a mi hija pequeña, de seis años, y una amiga suya, también de seis. Al pasar frente a una de las puertas laterales, las niñas se detienen para contemplar esa ciudad de cruces. Esto es un cementerio, anuncia mi hija. Durante unos segundos, los tres contemplamos en silencio esa densidad de tumbas y nichos. Cuando estamos por reanudar el camino, la amiga de mi hija pregunta: Javi, ¿tú qué prefieres, que te coman los gusanos o convertirte en ceniza? Finjo no comprender, pero la niña insiste. Mi mamá dice que cuando nos morimos, o nos comen los gusanos, o nos queman. ¿No hay más alternativas?, pregunto. La amiga de mi hija niega con la cabeza, satisfecha de su sabiduría. Entonces mi hija aprieta mi mano con fuerza. Papá, dice, yo no quiero que me coman los gusanos ni tampoco que me quemen. Pues yo, improviso, cuando llegue el final,  me pienso ir volando a un planeta muy lejano donde no haya gusanos ni fuego. Mi hija se apunta entusiasmada a la idea y me abraza y yo me consuelo pensando que mi ocurrencia es menos descabellada que la del ratoncito Pérez o la de los Reyes Magos. Y entonces, yo, un ateo tranquilo, me convierto, sin haberlo planeado, en todo un profeta. 
UH, 11.02.20

Superpoderes:
Abro el QuickMemo+ de mi móvil para anotar una frase que acabo de leer en la prensa, una frase atribuida a Omar Montes, el ex de Chabelita, y me encuentro con un poema de Sofía, mi hija pequeña. Un par de meses atrás, estando los dos en el salón de casa, me preguntó si podía escribir por ella algo que llevaba en la cabeza. Sofía tiene seis años y todavía no tiene automatizada la escritura, por lo que, si se sentaba a escribir eso que llevaba dentro, lo más probable es que se disolviera en el trayecto de la cabeza al papel. Saqué el móvil de mi bolsillo y le dije que no se preocupara, que yo lo escribiría. El resultado: un poema fresco, directo, anti-retórico y con su punto de ironía. Un poema que habla de tener superpoderes, de encontrarlos por encima de las opiniones de los demás. Dos meses después, al abrir el QuickMemo+ para anotar la frase de Omar Montes, me encuentro el poema, lo leo y decido publicarlo en Facebook. Al cabo de un rato me siento como esos padres monotemáticos y cargantes que tienen el “pues mi hijo” clavado entre ceja y ceja. O peor, como esos otros que confunden paternidad con espectáculo circense. Pero no, no creo llegar a tanto.  Ojalá nunca me aleje demasiado de ese superpoder llamado sentido común. Buenos días.
Uh, 25/02/20



Lo saben todo de nosotrosMi esposa y yo hablamos por la noche, en la cama, de la posibilidad de vender uno de los dos coches. Ambos son diésel y ahora tal vez podamos sacar algo. En breve, no servirán ni para entrada, argumenta. Lo cosa queda así, como una mera posibilidad. Uno o dos días después, al revisar los correos spam, me encuentro con uno cuyo asunto dice «¿Cuánto vale mi coche?». El correo sigue con una nueva pregunta: «¿Quieres vender tu coche?». Continúo leyendo: «Te ofrecemos una alternativa práctica, profesional y libre de estrés para vender tu coche…». Lo primero que pienso es: ya nunca estaremos solos. Lo saben todo de nosotros: no solo lo que tenemos, también —y sobre todo— lo que deseamos. No contentos con este control, hace poco instalamos Alexa en el salón de casa. Las máquinas nos escuchan, hablamos con ellas, les pedimos consejo. Nos conocen mejor que nosotros mismos. ¿Qué haría un ser humano mínimamente sensato ante esta situación? Esta noche, ya en la cama, le contaré a mi esposa mi plan diabólico para acabar con la sede californiana de Google. Luego, me plantaré en el salón a esperar a los geos. La vida sin emoción es poca cosa. UH, 10.03.20

jueves, 9 de enero de 2020

Últimos 4 articulillos de 2019

Margarit y el Cervantes
Este año, le dieron el Cervantes a Joan Margarit, poeta confesional, de línea clara, que escribe en catalán y castellano. Lo tenía todo para levantar ampollas: que si le falta altura, que si el premio es consecuencia del clima político del país, que si la dictadura progre, etc. En las últimas ediciones han concedido el galardón a Ida Vitale, Sergio Ramírez, Eduardo Mendoza, Fernando del Peso y Juan Goytisolo. O sea, entre los últimos seis ganadores, hay tres catalanes. La cosa, se mire como se mire, tiene su guasa. También resulta curioso que desde 1976, año en que se inauguró el premio, lo hayan ganado 22 autores españoles por solo seis mexicanos o cuatro argentinos (por centrarnos en el podio histórico del galardón). Se imaginarán los comentarios: que si falta de altura de miras, que si un sistema de alternancia desproporcionado y poco representativo de lo que sucede en el ámbito de la literatura en español, que si la dictadura de la madre patria, etc. Pero, bueno, nada como el Nobel de Literatura de 2016, eso sí fue la bomba. The answer, my friend, is blowin' in the wind…

UH, 19/11/19


Infinito
El crecimiento económico es infinito, la racha del Atlético Baleares es infinita, la Tierra es infinita, el reinado de Messi es infinito, nuestra paciencia frente a la estupidez humana es infinita, Jordi Hurtado es infinito, la capacidad de sorprendernos de Donald Trump es infinita, los hilos de Twitter son infinitos, el amor por nuestra pareja es infinito, “Last Chrismas” de Wham! es infinita, la prensa en papel es infinita, mi Renault Clio diésel con agujeros en su carrocería es infinito, la pelea Coca-Cola vs. Pepsi-Cola es infinita, las amistades que se forjaron en primaria son infinitas, el término “efímero” es infinito, la niñez es infinita, los endecasílabos son infinitos, The Beatles son infinitos, la saga Iglesias es infinita, Tele Cinco es infinita, mi móvil LG es infinito, los labios de Scarlett Johansson son infinitos, las ganas de ponerlo todo patas arriba que inspiraron La Fuente (el famoso urinario cuya autoría se atribuye erróneamente a Marcel Duchamp), de Elsa von Freytag, son infinitas, nuestra polarización es infinita, los dinosaurios eran infinitos, este artículo de opinión parece infinito… 
UH, 03/12/19

De ciegos y conejos
Dice Leila Guerriero, la periodista argentina, que para ver hay que volverse invisible. Entonces pienso en esos políticos que buscan desesperadamente, sin miedo al ridículo, la mayor visibilidad posible, y veo claro que vivimos en un mundo dirigido por ciegos. Pero en muchas ocasiones se trata de una ceguera selectiva. Ven su propio rostro, sí, y ven a los que conforman su bando. El resto, esa mancha difusa, son el enemigo, y al enemigo –como dice el refranero– ni agua. La técnica de deshumanización es vieja y sencilla. «Mis enemigos son como conejos. Los conejos solo sirven para ser cazados. Tengo que cazar a mis enemigos». El silogismo, por burdo, dará mayor visibilidad al político, por lo tanto lo suelta en la primera tertulia a la que es invitado. Si no es invitado a ninguna tertulia, el político recurre a Twitter, que para algo se inventó. Estas explosiones de inteligencia y elegancia nos deslumbrarán hasta enceguecernos y conseguirán que, ahora sí, el político de turno sea invitado a la tertulia de turno para poder decir lo de los conejos y todos acabaremos discutiendo sobre los conejos mientras los vendedores de armas se frotan las manos. UH, 17/12/19


Amor
Ellos dicen que me quieren, pero solo aman mi mitad. Si por ellos fuera, me amputarían esa parte de mí que no les gusta. Dicen saber lo que me conviene, que el amor exige sacrificios, lo que sucede es que esos sacrificios siempre apuntan en la misma dirección. Si alzo la voz, me insultan; si la vuelvo a alzar, me golpean. Aseguran que es por mí bien, por su bien, por el bien de todos. Sienten que el amor que me profesan es sagrado. Entiéndanlo, yo no soy un ser sagrado, sino el amor que profesan por esa parte de mí que sí les gusta. También veneran mi nombre, ese nombre de mujer, pero entre mi nombre y mi cuerpo se interpone esa parte de mi cuerpo que debe ser extirpada. Para que el abrazo sea total, dicen. Para que la unión sea definitiva, gloriosa. Yo, que soy impura, recelo de esa visión unitaria, beatífica. Lo sagrado, pienso, es el amor. Lo que hace falta es más amor, un amor capaz de amar la totalidad de mi cuerpo. Porque amar lo que nos gusta es fácil, pero el verdadero amor se demuestra frente a aquello que no nos convence. Y no hablo de un amor acrítico, ese sucedáneo ciego y superficial del verdadero amor. 
uh, 31/12/19

domingo, 17 de noviembre de 2019

“To er mundo é güeno”



Soy marrachinero o marratxiner, como prefieran. En este municipio de Mallorca me despierto todas las mañanas y todas las noches regreso a él para dormir. Es cierto que hago más vida en Palma que en Marratxí; mis padres, mis suegros, mi trabajo, el de mi mujer, el colegio de mi hija, todos ellos se encuentran en la capital balear. También es cierto que nací en Palma y que toda mi existencia –salvo un breve paréntesis calvianer– la pasé allí hasta hace cuatro años. Pero nada de todo esto borra o disminuye el hecho de que yo sea marratxiner. Aquí pago mi IBI y las tasas correspondientes a la recogida de basura, entrada de vehículos y tratamiento de residuos urbanos. Por eso, cuando el pueblo de Marratxí se levante, tendrá que tener en cuenta mi voz, porque mi voz también será la voz del pueblo, y porque eso de buenos y malos marrachineros, buenos y malos catalanes, buenos y malos vascos, buenos y malos españoles, da mucho miedo y saca lo peor que hay en nosotros. Como se decía en aquella película de Manuel Summers, To er mundo é güeno, al menos, hasta que se demuestre lo contrario.

ÚLTIMA HORA, 05/11/19


miércoles, 25 de septiembre de 2019

La ruta del viaje interior



Se diría el título de una novela inédita de Bolaño, de esas que aparecen de vez en cuando, o tal vez el título de una recopilación de entrevistas, cartas y fragmentos de algunas de las novelas de Levrero. ¿Y por qué estos dos nombres? Ciertamente, también podría ser el título de la última novela de Jorge Bucay. ¿Entonces? Por esto que escribe David Pérez Vega acerca de Mi Berghof particular:

En la década de 1990, Roberto Bolaño abrió uno de los caminos más importantes para la narrativa en castellano y, en la década siguiente, en la primera del siglo XXI, sería Mario Levrero quien abriera otro. Bolaño nos hablaba del artista aventurero, revitalizando la figura del poeta beatnik; Levrero proponía, sin embargo, el viaje interior, la interpretación de los sueños, la descripción de lo mínimo y de todo lo que ocurre en la mente del escritor, aunque este no salga de casa (especialmente si este no sale de su casa). En principio, Cánaves elige para su novela el camino de Levrero, puesto que escribe desde la incapacidad casi de moverse, paralizado en la casa de sus padres con una pierna escayolada. Berghof es el sanatorio en las montañas al que acudía Hans Castorp, el protagonista de La montaña mágica de Thomas Mann, para curar su tuberculosis. Sin embargo, aunque la apuesta principal de Cánaves era por Levrero, tampoco desdeña la herencia de Bolaño, puesto que una de las historias que escriben (o viven) sus personajes de ficción es un cuento con un aire muy bolañesco, que transcurre en Baltimore y tiene como protagonistas a dos poetas homosexuales, uno académico y el otro salvaje.


En otro pasaje de la crítica, David Pérez Vega resalta como uno de los grandes temas del libro la falta de tiempo para escribir. Si os confieso que estoy escribiendo esto a las seis de la mañana, ¿se entenderá aún más este hecho?

La falta de tiempo para escribir se acabará convirtiendo en uno de los temas del libro, y quizás con esta temática se escriban algunas de las páginas más sinceras y hondas de la novela. De hecho, una de las fuerzas que le impele a continuar es la continua creación de reglas de escritura: escribir cada día una hora, escribir cada día 500 palabras, escribir porque se ha comprometido con los lectores de su blog a hacerlo, escribir porque se ha impuesto una fecha límite de escritura, escribir por mantener el puro hábito de escribir y poder seguir considerándose un escritor...

 Escribir, escribir, escribir... ¿No es de locos? Dejo aquí el enlace a la crítica que apareció en la revista Librújula, por si alguien se anima a leerla al completo. Desde luego, David Pérez Vega acierta con las claves y con los referentes. Una gran lectura. Cuando alguien emplea su tiempo de ocio en leer y comentar lo tuyo, y lo hace además de un modo tan perspicaz, no puedes más que estar agradecido.

http://www.librujula.com/criticas/2523-javier-canaves-mi-berghof-particular-2