Mostrando entradas con la etiqueta Mark Oliver Everett. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mark Oliver Everett. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de septiembre de 2010

Artista, un retrato


Responde al siguiente lema: antes equivocado que políticamente correcto. Suele alardear de opiniones contrarias a las tenidas por mayoritarias. Es alérgico a todo lo que huela a masa, a pensamiento dirigido. Desprecia a los personajes amados por el gran público: Iker Casillas, Rafa Nadal, Antonio Banderas, etc. Se jacta de no haber leído Los pilares de la tierra, o de no haber visto Avatar o Piratas del Caribe. Sus escritores favoritos suelen llamarse Mark Oliver Everett, Patrick de Witt o cualquier otro nombre que contenga dos tes. Si por lo que sea estos escritores se ponen de moda, los reemplaza por otros con suma celeridad. Resulta del todo imposible hablar con él de música. Lo más comercial que se aviene a escuchar es Nacho Vegas o Micah P. Hinson, del que por supuesto se comprará su primera novela. Si el azar o la carne (en esto es como todos) le obligan a finiquitar la noche en un antro de moda (algo así como Costa Club o Mar Salada), automáticamente su semblante adquirirá un aire irónico y despreciativo bastante acusado. Será su modo de dar a entender al resto del mundo que se siente superior a todos los buitres babosos que se retuercen en la pista al ritmo del Waka Waka. (En efecto, está convencido de que el mundo entero vive pendiente de su semblante). Es capaz de citar a Albert Caraco o Knut Hamsun con pretensiones lúbricas, o de soltarle una hostia al primer imitador de Chiquito que pase por su lado. Por supuesto sufre trastorno bipolar. Se enamora y desenamora en tiempo récord. Jamás pide autógrafos ya que nadie está a su altura. En realidad se siente muy solo. Está perdido. Sólo quiere que lo quieran. Si lo ven, denle un fuerte abrazo.

ULTIMA HORA, 26/09/10

lunes, 17 de mayo de 2010

Tontos y cínicos (o monólogo estúpido de un escritor con problemas)


Quería escribir un libro, tal vez una novela, que fuera y sonara de verdad, algo auténtico, pero previamente debía sortear un problema. ¿Cómo escribir un libro así si no se cree en la sinceridad? La sinceridad nunca me ha interesado, soy incapaz de creer en ella. De siempre he recelado de los autoproclamados sinceros. La sinceridad vendría a ser una especie de utopía que nos han vendido como buena, algo así como el comunismo o la religión, pero ya sabemos como acaban este tipo de cosas. Ahondando en el tema: a la hora de escribir o de crear en general, se produce un desdoblamiento, una conciencia del efecto estético, que aniquila cualquier atisbo de sinceridad. ¿Entonces qué? Entonces nada. Escribir asumiendo que todos mentimos, que todos representamos algún papel. No es tan fácil. Esta toma de conciencia paraliza. Hay que ser muy tonto o muy cínico para seguir como si nada. Si eres capaz, mejor te dedicas a las finanzas. Es posible que llegues a directivo o broker. De hecho, la gran literatura de hoy la escriben los economistas como Joseph Stiglitz o los músicos como Mark Oliver Everett. De todos modos, sé que estoy desbarrando. Tal vez sea la única manera de hacer algo digno. Se puede escribir un libro de verdad, auténtico, sin tener que recurrir a la sinceridad. De hecho, al no existir, a ser incompatible con el ser humano, resulta imposible echar mano de ella a la hora de escribir o echar un polvo. Miente honestamente. Los mejores polvos y la mejor literatura nacen de mentiras honestas. Asume que eres tonto y cínico y siéntate y escribe tu libro o dile a esa mujer impresionante que se deje de economistas y manuales de autoayuda y se venga a tu casa. ¿Te atreves?

ULTIMA HORA, 04/05/10