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martes, 12 de febrero de 2019

Algo sobre Serotonina, de Michel Houellebecq


El protagonista de la última novela de Houellebecq es Francia. Decir Francia es decir Europa, es decir la sociedad occidental. Para potenciar el desmoronamiento que sufre el protagonista, Houellebecq utiliza una metáfora: Florent-Claude Labrouste. Hábilmente, Houellebecq desplaza el foco del protagonista a la metáfora que utiliza para mostrar (denunciar) el hundimiento general. Así, el hundimiento de Florent-Claude Labrouste es en realidad el hundimiento de Francia, de Europa, de la sociedad occidental. ¿Y cuáles son esos males que aquejan a su protagonista, es decir, esos males que nosotros, los accidentales, los europeos, padecemos, esos males que nos arrastran a la irrelevancia, es decir, a la desaparición? Básicamente, el conformismo, la incapacidad para la lucha. Según Houellebecq, esa parálisis se llama socialdemocracia. Así, Florent-Claude Labrouste es alguien que desprecia la socialdemocracia por haberse olvidado de aquellos a quienes debía proteger. ¿Proteger de qué? De la globalización, claro. Por esto mismo, Florent-Claude Labrouste se desprecia a sí mismo. Al fin y al cabo, él tampoco fue capaz de proteger (conservar, cuidar) aquello (lo único) que realmente importaba, lo que daba sentido a su vida.

martes, 12 de mayo de 2015

Tres apuntes políticos


1. De finales felices: Pensemos en ese anuncio de McDonald’s en que un abuelo se encuentra sentado en el banco de un parque junto a su nieto. El abuelo, en tono confidencial, le pregunta al niño si ya tiene novia. Ante la respuesta afirmativa del pequeño, el abuelo anuncia que un día, a la salida del colegio, invitará a nieto y novia a comer en uno de los establecimientos de la cadena de comida rápida. La invitación, sin embargo, no surte el efecto esperado por el abuelo… ¿Qué sucede? El chaval debe hacerle una confesión: en realidad, no tiene una novia, sino tres. La primera vez que vi el anuncio pensé que el nieto iba a confesar que tenía novio. Está claro que poco futuro tendría como publicista. En fin, a la moda de las barbas yihadistas, se une, ahora, la moda de la poligamia. El abuelo sonríe, guiña un ojo. El anuncio termina con una imagen en la que puede verse a los cinco comiendo en un McDonald’s. Final feliz. Ahora imagine el mismo anuncio pero con nieta angelical. Una niña con tres novios. ¿Final feliz? Buenos días. [ULTIMA HORA, 12/05/15]

 
2. Le Corbusier: Giro las páginas de un periódico y doy con un artículo que cuestiona el supuesto humanismo de Le Corbusier al hacerse eco de determinadas informaciones que vinculan al arquitecto francés con los fascismos de la convulsa primera mitad del siglo XX. Esto hace que piense en una conversación que hace poco mantuve con una amiga israelí. Me acabo preguntando (y no confío en obtener respuesta)  si determinadas épocas no favorecerán ciertas formas de pensamiento que, después, el tiempo (o la derrota) acaban poniendo en su lugar sólo para que, tarde o temprano, vuelvan a surgir de manera camuflada (o no). También pienso en lo sencillo que resulta juzgar el pasado y, sin embargo, lo complicado que es aplicar esas conclusiones a nuestro presente inmediato. ¿Podemos ser cómplices de crímenes horrendos sin ser conscientes? ¿Es posible que lo único que hayamos aprendido como especie sea a disimular o a hacer más sutiles determinados comportamientos?

 
3. Hablando de lo último de Houellebeqc:

–Sabe hacerlo –le digo. No sé si has leído su última novela… intuyo que tiene que resultarte muy interesante. Sabe poner el dedo en la llaga. Su interés va más allá de lo meramente literario (ya me entiendes). Es tan político y tan pegado a la realidad que atrapa. Y hablando de política… Como tal vez sepas, aquí andamos de año electoral. Tanta tertulia y tanto sondeo hacen que uno se pregunte por quién se decantará. Bueno, no siempre he ido a votar (aquí no es obligatorio) y las veces que lo he hecho mi voto no siempre se lo he otorgado a los mismos… Uno trata de definirse, de encontrarse políticamente, más allá de tradiciones familiares y manías puntuales. Para ello, el otro día dibujé una circunferencia y la dividí en cuatro partes (por simplificar). En uno de los cuartos escribí la palabra “conservadores”. Junto a ella anoté: nacionalistas / tradición /orden / religión. En otro de los cuartos escribí “liberales”. De esta palabra hice salir una flecha que desembocaba en esta reflexión simple, apresurada: libre fluir de capitales por encima de pueblos, banderas, himnos, religiones… Entre paréntesis: ¿cómo pueden darse pactos con tanta facilidad (naturalidad) entre conservadores y liberales? En el tercer cuarto escribí “socialdemócratas”. También hice salir una flecha del término, al final de la cual anoté: intervencionismo moderado. Su moderación es su perdición. Condenados a no contentar a nadie. Esta posición moderada hace que puedan pactar con casi cualquiera = falta de líneas claras o mensajes contundentes. En el último cuarto escribí: “izquierda”. Junto al borde externo del cuarto: El estado como instrumento contundente de redistribución / burocracia. Su principal enemigo, en principio, deberían ser los liberales (a veces parece que fueran los socialdemócratas (y viceversa); esto responde al tradicional no entendimiento entre los diferentes miembros de la familia zurda). Su problema: gran parte de su electorado natural se halla en las filas conservadoras, a veces en sus posiciones más extremas: trabajadores cansados de la libre circulación de capitales (desregularizaciones) y de la libre (pero no tanto) circulación de personas. O sea, gente que lleva mal lo de la competencia feroz, tan del agrado de los liberales… ¿Son muy disparatadas mis reflexiones?

–No sé, pero permíteme un consejo: deja de leer a Houellebeqc.

 

 

martes, 4 de octubre de 2011

Vida de monje


Paseo por las calles de Palma. Cerca de la Plaça Espanya, me encuentro con un ex compañero de la universidad. Estrechamos nuestras manos, nos interrogamos sin interés sobre nuestras respectivas vidas. Cuando la conversación empieza a declinar, me pregunta si estoy casado. “Por no tener, no tengo ni novia”, le explico. Mi ex compañero sonríe y me guiña un ojo. “Sigues picoteando, ¿eh?”. Como no quiero abrumarle con los detalles de mi vida monacal, asiento y le devuelvo la sonrisa. Nos despedimos. Paso frente al cine Augusta. Me fijo en los horarios de las películas. Está a punto de empezar El árbol de la vida. No me lo pienso y compro una entrada. Dos horas y media después, estoy en la calle. Como un campeón, he aguantado de principio a fin. Reflexiono sobre la peli, tan vapuleada. Es cierto que le sobran bastantes minutos y que Malik abusa de determinados recursos. También es cierto que la escena final en la playa, ideal para un anuncio de colonia o telefonía móvil, emociona lo mismo que un partido de la liga chipriota… Empiezo a aburrirme. Para desquitarme, decido comprar El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq. Ya en la segunda página, el francés consigue hacerme sonreír con la diatriba que Jed Martin, protagonista de la novela, le dedica a los tenidos por grandes fotógrafos y sus ridículas pretensiones de revelar “la verdad de sus modelos”, incapaces de revelar nada que no sea su propia incapacidad, “igual de creativos que un fotomatón”. Ya en casa, me dedico a mis oraciones nocturnas.

ULTIMA HORA, 04/10/11

martes, 30 de agosto de 2011

Tarde de cine



Salgo a las tres del trabajo. Como no me apetece ir a casa, me refugio en un Burger King. Una de las características que mejor me definen es la exquisitez de mi paladar. Para matar el hambre y el aburrimiento, me zampo una hamburguesa acompañada de patatas, Coca-cola y Houellebecq. El francés es igual que aquellos a los que detesta, al menos es lo que pienso mientras mastico una Whopper. Todo lo bueno se acaba y generalmente lo hace con un eructo o un bostezo. Le echo un vistazo a la cartelera y decido ir a ver El origen del planeta de los simios. Sí, siempre me gustaron las películas de autor, el llamado cine de culto. De la peli salgo con una idea y un detalle. La idea: los humanos estamos convencidos de que el final nos llegará como consecuencia de la acción de una buena persona, por una buena causa. Ya se sabe, el infierno está lleno de buenas intenciones, pero no nos pongamos bíblicos. El detalle: la primera palabra que pronuncia César, el simio protagonista, es “no”. Todo acto rebelde, toda revolución, empieza con un “no”, un “no” dicho a la cara del amo. En efecto, leí a Camus, soy de esos. Pero aún puedo ponerme más insoportable. Por ejemplo, puedo decir que hay un poema de Idea Vilariño, la poeta uruguaya que fuera amante de Onetti, titulado “Decir no”, si bien no viene a cuento. En la calle me recibe el calor irritante de finales de agosto. Me tomaría una copa, pero corro el riesgo de ponerme sentimental. En un momento de clarividencia, decido volver a casa. Termino el día enganchado al Facebook.

ULTIMA HORA, 30/08/11

martes, 14 de diciembre de 2010

Cristina Antón, te queremos


Cristina Antón, la controladora aérea de moda, es la envidia de todos los blogueros. Una de sus entradas superó los cinco mil comentarios. ¡A esto se le llama triunfar! En pocos días ha alcanzado la categoría de mallorquina ilustre. Su nombre brilla junto a los de Rafa Nadal, Jorge Lorenzo o Ramón Llull. Inciso: desconocemos si Cristina Antón ha nacido en Mallorca (nos da pereza comprobar este dato) pero, como nuestro nacionalismo es laxo, la consideramos mallorquina por el simple hecho de trabajar aquí. Esta controladora tiene más lectores que los sumados por los ganadores del premio Hiperión de poesía de los últimos diez años. Es lo que tienen las campañas agresivas de marketing. Su estilo deslenguado, sin florituras innecesarias, bebe directamente del llamado realismo sucio. El modo de enfrentar temas espinosos nos recuerda al mejor Houellebecq, por lo que no descartamos que en breve alguna editorial le proponga publicar sus memorias para posteriormente concederle la versión española del Goncourt. Imaginamos alguna de las frases que la crítica podría dedicarle: “Golpe en pleno rostro a la dictadura de la corrección política”. “L’enfant terrible de las letras españolas no deja indiferente a nadie”. “Nunca antes un relato produjo tanto miedo”. Especialmente acertada nos parece la mención al miedo. En las próximas semanas, un servidor tiene que tomar varios aviones. Al recelo que de por sí me produce volar hay que sumarle el provocado por el estrés o la mala leche de los que controlan el tráfico aéreo de este país. Sirva este artículo para rogarles encarecidamente que no pierdan los nervios en horas de trabajo (muchas o pocas, no sé). ¡Cristina, aguanta, te queremos!

ULTIMAHORA, 14/12/10

jueves, 12 de febrero de 2009

Alma de grupi

Deseo de ser joven, muy joven –llamemos a las cosas por su nombre, dejemos en paz al indio kafkiano­– para saltar y cantar sin sentido del ridículo, completamente entregado, las canciones de Vetusta Morla, pese a las pequeñas faltas ortográficas (un mal en crecimiento, la carcoma de nuestros palacios de verano), la voz siempre rayando lo desagradable, seductora al fin, convincente; el arte de decirlo todo sin apenas decir nada; dejar que el receptor rellene e interprete, es cómodo y elegante, es más, lo exigimos ardientemente. Por lo demás, una cosa está clara: sigue habiendo mucho idiota ahí fuera...

[Breve paréntesis. Sobre el sentido de la entrega: Los occidentales “han perdido por completo el sentido de la entrega. Por mucho que se esfuercen, no consiguen que el sexo sea algo natural (...) Es imposible hacer el amor sin un cierto abandono, sin la aceptación, al menos temporal, de un cierto estado de dependencia y de debilidad. La exaltación sentimental y la obsesión sexual tienen el mismo origen, las dos proceden del olvido parcial de uno mismo; no es terreno en el que podamos realizarnos sin perdernos. Nos hemos vuelto fríos, racionales, extremadamente conscientes de nuestra existencia individual y de nuestros derechos; ante todo, queremos evitar la alienación y la dependencia; para colmo estamos obsesionados con la salud y con la higiene: ésas no son las condiciones ideales para hacer el amor”] Michel Houellebecq

Claves para entendernos: el individualismo y la necesidad de huir a toda costa
y es que...
vivimos siempre en mundos inventados
porque no existe otra manera
de habitar este mundo
sino inventándolo
inventándonos
siempre
fin
.

Debo encontrar un lenguaje que me traduzca.
Soy un idioma en proceso de extinción.
Vuelvo a escuchar copenhague:

“Dejarse llevar suena demasiado bien”.

Para sobrevivir, llevar una doble vida. Como mínimo.
Las necesarias para desaprender tantas lecciones embrutecedoras.
En realidad, tengo alma de grupi.