martes, 5 de julio de 2011

Apariciones, visiones, iluminaciones


Tengo entendido que Max Jacob, aquel poeta asesinado por los nazis en el campo de concentración de Nancy (Francia), se convirtió al catolicismo después de que se le apareciera nada menos que Cristo. Esto me lleva a pensar que uno podría convertirse al ateismo de no vivir ningún tipo de aparición, ni la de un subalterno. Una boutade, lo sé. Es el calor. Pienso que el calor me hace delirar y que del delirio a las apariciones sólo hay un paso. Puestos a escoger, prefiero que se me aparezca Natalie Portman. De lo mucho que sudaríamos, acabaríamos por tener visiones. De todos modos, no necesito de la actividad física para tenerlas. Me basta con mirar, de noche, la superficie iluminada de la piscina. Entonces yo también me ilumino. Por desgracia, mis iluminaciones no suelen aportarme nada útil. Y en un mundo en el que el utilitarismo ha triunfado de manera escandalosa, las acciones y los pensamientos inútiles, sin valor económico, son considerados una pérdida de tiempo. Menos mal que me encanta perder el tiempo. De hecho, es algo que hago a la perfección. Ya de niño, mis maestras y progenitores se dieron cuenta de esta habilidad mía. Creo que, a lo largo de mi vida, es la única cosa en que he sido constante. Por eso escribo poesía. Por eso sigo esperando a que alguien importante se me aparezca. Por eso a veces canto canciones de Pablo Abraira como si la vida me fuera en ello. En fin, sólo espero que, cuando los nuevos nazis vuelvan a hacer de las suyas, sucumban al unísono de gripe porcina.

ULTIMA HORA, 05/07/11