lunes, 13 de julio de 2020

Junio. 3 articulillos


Golpear la piñata
La antiglobalización se vende muy barata y eso que la gente está ávida por llevarse a casa su pedacito de antiglobalización, un suvenir en forma de frase reivindicativa con la que dar comienzo o rematar cualquier comida familiar o con amigos. La expansión del coronavirus ha sido la guinda que le faltaba a un pastel ya de por sí bastante recargado. Quien más quien menos te vende antiglobalización, a diestra y siniestra. En ocasiones, lo llaman altermundismo, o salvar el planeta, o America First. Manu Chao y Michael Moore son personajes conocidos del movimiento antiglobalización; de igual forma, Marie Le Pen o nuestro Santiago Abascal no se cortan un pelo a la hora de golpear la piñata de moda. Pero, ¿qué caerá cuando entre todos le abramos la barriga? ¿Un mundo mejor, más justo y próspero? Eso es lo que querríamos todos, bueno, casi todos. Pero, ¿y si nos llueven piedras? ¿Y si lo que llega es retroceso económico y moral? ¿Y si después de todo el demonio era otro?UH, 02/06/20

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La lechuzaEs tomar la salida de S’Estanyol y olvidarte de que existe algo que se llama Ma-19, Palma, zapato cerrado o camisa. Desde hace unos años, venimos a Sa Ràpita a pasar unos días. Los pinos y la lechuza que por las noches nos habla y el sempiterno trampolín frente al restaurante Es Racó no parecen haberse percatado de que atravesamos una crisis. Aquí paseo, monto en bicicleta y, cuando los niños me dejan, me siento en el balancín que hay en el jardín de la casa y leo. Ahora ando con una novela de David Pérez Vega, Caminaré entre las ratas. En ella, el aliento de la anterior crisis, la de raíz financiera, lo enturbia todo. Su protagonista, hijo de los suburbios, va cayendo de trabajo en trabajo, de uno esclavizante y mal pagado a otro precario y peor pagado. Lo veo nadar, al protagonista, contra la corriente, pero la corriente es poderosa y el impossible is nothing de los anuncios americanos no es más que un chiste tramposo, de mal gusto. Cuando cierro el libro, la lechuza lenguaraz me pregunta por la vida y yo cierro los ojos y espero a que los pinos me susurren la respuesta. Saldremos de esta, le digo. Pero la lechuza ya no está. UH, 16/06/20 


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Trompetas del Apocalipsis

¿Cuándo empezaron a sonar las trompetas del Apocalipsis? Los siete ángeles llevan tiempo tocando. A veces se toman un descanso, pero siempre regresan. Hace meses los vieron por Wuham. Comenzaron de manera suave, casi imperceptible; calentaban motores. Pronto tuvieron a todo el mundo danzando a su compás. Antes, los vieron por las calles de Caracas y las de Atenas, por las calles de Puerto Príncipe y las de Buenos Aires, por las calles de Bagdad y las de Ramala. Hay quienes dicen que iniciaron su gira en el Word Trade Center allá por el año 2001. Otros, en cambio, aseguran que su gira oficial dio comienzo en Los Angeles dos décadas atrás, el 5 de junio de 1981. Por qué no. Los siete ángeles en Los Angeles tocando Esta enfermedad sin vacuna. Su melodía, triste y estridente, rebotando por el mundo, de Madrid a Sao Paulo, de Texas a Lisboa. Pero no, yo creo que los siete ángeles con sus siete trompetas ya amenizaban las deliberaciones de los 113 países participantes en la primera cumbre del clima celebrada en Estocolmo en 1972. Es difícil saber cuándo empezó el principio del fin. Lo cierto es que las trompetas llevan tiempo sonando. Cada vez más tristes y estridentes.

UH, 30/06/20

Mayo. 2 articulillos


Nuestro parecerHaga usted la prueba. Por ejemplo, escriba en Facebook: “Nada como los libros en papel, los eBooks no tienen alma”. O todo lo contrario: “No entiendo cómo todavía hay gente que viaja o se va a la playa cargando libros físicos”. Una vez escrita la frase, espere unos segundos. Los comentarios irán llegando poco a poco. Se nos hace difícil no expresar nuestro parecer, no compartir nuestra experiencia. Esta adicción –dejar constancia de lo nuestro: gustos, manías, miedos– necesita poca cosa para manifestarse. Recuerdo que en clase de francés, hace años, la profesora nos hizo una pregunta. “¿Dónde pasaríais vuestras vacaciones, en Islandia o en Brasil?”. Yo me decanté por el país nórdico; en aquellos momentos, se me antojó más sencillo defender esa opción. Mi escaso vocabulario en francés contenía palabras como “nieve”, “soledad”, “isla” o “frío”. Mi respuesta sorprendió a muchos. Recuerdo que mi compañero de mesa me preguntó: “¿De verdad? ¿Estás loco?”. Mi locura, lo supe después, residía en mi no necesidad de dejar constancia de mis inclinaciones sinceras. Ni por un segundo me planteé abrir mi alma, compartir mis pensamientos. Lo curioso del asunto es que si usted, por ejemplo, escribe en Facebook que odia los libros digitales, lo más probable es que termine involucrado o provocando alguna trifulca. Nos suele molestar que la gente no piense como nosotros. UH, 05/05/20


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Realidad aparcada
Dos semanas antes de decretarse el estado de alarma, una lectora me escribió para denunciar la situación por la que pasan muchos jóvenes doctorados. Me habló del caso de su hija. La joven, a la que llamaremos Muriel, estudió Biología en la UIB. Obtuvo diferentes becas a lo largo de su carrera. Una vez finalizada, preparó su tesis doctoral. Hicieron falta muchos codos y euros para sacarla adelante. Entonces la madre pensó que todos los sacrificios padecidos habían valido la pena. Ella, la madre, después de deslomarse durante años limpiando casas ajenas, veía como a su niña se le abría un mundo de posibilidades. Pero realidad y expectativas no acostumbran a hacer buenas migas. Muriel tuvo que ver cómo, pese a las alabanzas, siempre aparecía otro candidato que, sin estar tan preparado, se acababa llevando el premio. La meritocracia, qué duda cabe, nunca ha sido nuestro fuerte. Cada desplazamiento infructuoso a una nueva entrevista suponía un duro golpe al bolsillo y la moral. La madre, indignada, decidió escribirme para denunciar la situación. Esta es la realidad que habíamos dejado aparcada por el coronavirus. Y poco a poco regresamos a ella.

uh, 19/05/20

Abril. 2 articulillos

Resistiré:
En estos días extraños, todo el mundo está aprendiendo muchas cosas, o descubriendo cosas de sí mismos o de la sociedad o de la vida en las que nunca antes habían reparado. O se iluminan de pronto, como si el rayo del saber profundo atravesara sus almas o sus cerebros o tal vez sus corazones –ignoro las preferencias del rayo del saber profundo–, o la sabiduría final les llega después de varias noches de insomnio, tras arduas horas de meses, canciones recicladas del Dúo Dinámico y comparecencias de Fernando Simón. Esto me tiene preocupado y no puedo dejar de preguntarme qué haremos después con tanta sabiduría sobrevenida, con tanto Paulo Coelho o Jorge Bucay por las calles del mundo, por las redes del mundo, disparando frases que contienen, de una forma u otra, el sentido de la vida. Tanta luz y comprensión del ser humano, de las cosas que realmente valen la pena, del significado último de la existencia, de nuestro papel en el universo, no sé… ¿Podremos soportarlo? ¿Estamos preparados para algo así? ¿No será demasiada luz? Mientras tanto, me sumo a los aplausos de las ocho y a nuestro nuevo himno. Resistiré.  UH, 07/04/20

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Infectados

A la pandemia que ha trastocado nuestras vidas, hay que sumarle esa otra pandemia que, como el cambio climático, venía anunciándose tiempo atrás y que todos nos tomábamos a risa: el síndrome del cuñado. Hoy los cuñados son legión, un ejército numerosísimo y bien organizado. Tienen un plan y no cejarán en su empeño hasta ver colmadas sus aspiraciones. Empezaron por difamar a los intelectuales. Si lo piensan, hoy en día es imposible decir esta palabra sin sentir un ápice de vergüenza. ¿Por qué su opinión va a ser más relevante que la mía? Su objetivo, claro está, era llegar a los llamados expertos, con independencia del campo en que se manejaran. Tomaron las tertulias televisivas. Empezaron por los programas del corazón y, poco a poco, extendieron sus tentáculos hasta abarcarlo todo. Las redes sociales fueron el medio ideal para expandir su ideología. Como los grandes cataclismos, su eclosión llegó al grito de “¡libertad!”. Los que no sucumbieron al virus, decidieron callarse para no ser recriminados por el cuñado de turno que siempre, inexorablemente, sea cual sea el tema tratado, tendrá opinión y, por supuesto, razón. Como en La invasión de los ultracuerpos, están entre nosotros. Ya son la mayoría. Usted y yo, quién sabe, tal vez estemos infectados. 
UH, 21/04/20  

jueves, 9 de abril de 2020

Los primeros 5 articulillos de 2020


Una breve anécdota:
Pido de antemano disculpas por este minuto de publicidad. Voy a contarles una anécdota. Ocurrió a mediados de diciembre. Alguien me dio las gracias por haber escrito Mi Berghof particular. Estas cosas ocurren, lo sé, pero pensaba que solo le ocurrían a otros. Para el ego de un escritor, que un lector te dé las gracias por haber escrito un libro equivale, como mínimo, a la venta de 100 ejemplares. Sé que si algún editor lee esto, automáticamente arrugará el entrecejo y no le faltará razón. Tal vez exagero, sí, pero fue como si aquel lector, al que apenas conozco, me hubiese entregado un cheque de 150 euros. Y es que no solo se limitó a darme las gracias, sino que me contó que estaba «realmente enganchado». Si el lector en cuestión se hubiese estirado en mitad de la acera y hubiese empezado a hacer abdominales, me habría sorprendido menos. Tiembla, Dan Brown, pensé. Y esta es la breve anécdota que demuestra que un día anodino puede terminar de una manera sorprendente, puede esconder en su acumulación de horas grises un final feliz, luminoso.

UH, 14.01.20


Un debate de altura:
Creo que los ciudadanos de este país nos merecemos un debate político de altura. El arranque de la legislatura no ha estado mal, cierto, pero podemos aspirar a mucho más. No perdamos la fe. Traigo aquí algunas propuestas, todas ellas de vital importancia para nuestro día a día, para el futuro del planeta, cuestiones que nos quitan el sueño, que nuestros políticos deberían abordar sin más dilación. Ahí van. ¿Existieron realmente Adán y Eva? ¿Tuvo hijos Jesús? ¿Es plana la Tierra? ¿Rodó Stanley Kubrick el supuesto alunizaje llevado a cabo por la NASA? ¿Hay una invocación satánica oculta en la canción Stairway to heaven, de Led Zeppelin? ¿Siguen vivos Elvis Presley y Jim Morrison? ¿Se suicidó Hitler en aquel búnker de Berlín? ¿Curó realmente Juan Pablo II a Marie Simon-Pierre? ¿Aparece Candyman si pronuncias su nombre cinco veces frente al espejo? ¿Se merecía Paco Buyo la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo? ¿Son los illuminati los verdaderos dueños del cotarro? ¿Existe un agujero negro en el famoso Triángulo de las Bermudas? ¿Creo Dios el mundo en seis días para descansar al séptimo? Buenos días.
Uh, 28/01/20



La religión:
Camino por esa calle estrecha que bordea el cementerio de Palma, la que une la rotonda del Parc de la Riera con la calle General Riera. Voy junto a mi hija pequeña, de seis años, y una amiga suya, también de seis. Al pasar frente a una de las puertas laterales, las niñas se detienen para contemplar esa ciudad de cruces. Esto es un cementerio, anuncia mi hija. Durante unos segundos, los tres contemplamos en silencio esa densidad de tumbas y nichos. Cuando estamos por reanudar el camino, la amiga de mi hija pregunta: Javi, ¿tú qué prefieres, que te coman los gusanos o convertirte en ceniza? Finjo no comprender, pero la niña insiste. Mi mamá dice que cuando nos morimos, o nos comen los gusanos, o nos queman. ¿No hay más alternativas?, pregunto. La amiga de mi hija niega con la cabeza, satisfecha de su sabiduría. Entonces mi hija aprieta mi mano con fuerza. Papá, dice, yo no quiero que me coman los gusanos ni tampoco que me quemen. Pues yo, improviso, cuando llegue el final,  me pienso ir volando a un planeta muy lejano donde no haya gusanos ni fuego. Mi hija se apunta entusiasmada a la idea y me abraza y yo me consuelo pensando que mi ocurrencia es menos descabellada que la del ratoncito Pérez o la de los Reyes Magos. Y entonces, yo, un ateo tranquilo, me convierto, sin haberlo planeado, en todo un profeta. 
UH, 11.02.20

Superpoderes:
Abro el QuickMemo+ de mi móvil para anotar una frase que acabo de leer en la prensa, una frase atribuida a Omar Montes, el ex de Chabelita, y me encuentro con un poema de Sofía, mi hija pequeña. Un par de meses atrás, estando los dos en el salón de casa, me preguntó si podía escribir por ella algo que llevaba en la cabeza. Sofía tiene seis años y todavía no tiene automatizada la escritura, por lo que, si se sentaba a escribir eso que llevaba dentro, lo más probable es que se disolviera en el trayecto de la cabeza al papel. Saqué el móvil de mi bolsillo y le dije que no se preocupara, que yo lo escribiría. El resultado: un poema fresco, directo, anti-retórico y con su punto de ironía. Un poema que habla de tener superpoderes, de encontrarlos por encima de las opiniones de los demás. Dos meses después, al abrir el QuickMemo+ para anotar la frase de Omar Montes, me encuentro el poema, lo leo y decido publicarlo en Facebook. Al cabo de un rato me siento como esos padres monotemáticos y cargantes que tienen el “pues mi hijo” clavado entre ceja y ceja. O peor, como esos otros que confunden paternidad con espectáculo circense. Pero no, no creo llegar a tanto.  Ojalá nunca me aleje demasiado de ese superpoder llamado sentido común. Buenos días.
Uh, 25/02/20



Lo saben todo de nosotrosMi esposa y yo hablamos por la noche, en la cama, de la posibilidad de vender uno de los dos coches. Ambos son diésel y ahora tal vez podamos sacar algo. En breve, no servirán ni para entrada, argumenta. Lo cosa queda así, como una mera posibilidad. Uno o dos días después, al revisar los correos spam, me encuentro con uno cuyo asunto dice «¿Cuánto vale mi coche?». El correo sigue con una nueva pregunta: «¿Quieres vender tu coche?». Continúo leyendo: «Te ofrecemos una alternativa práctica, profesional y libre de estrés para vender tu coche…». Lo primero que pienso es: ya nunca estaremos solos. Lo saben todo de nosotros: no solo lo que tenemos, también —y sobre todo— lo que deseamos. No contentos con este control, hace poco instalamos Alexa en el salón de casa. Las máquinas nos escuchan, hablamos con ellas, les pedimos consejo. Nos conocen mejor que nosotros mismos. ¿Qué haría un ser humano mínimamente sensato ante esta situación? Esta noche, ya en la cama, le contaré a mi esposa mi plan diabólico para acabar con la sede californiana de Google. Luego, me plantaré en el salón a esperar a los geos. La vida sin emoción es poca cosa. UH, 10.03.20

jueves, 9 de enero de 2020

Últimos 4 articulillos de 2019

Margarit y el Cervantes
Este año, le dieron el Cervantes a Joan Margarit, poeta confesional, de línea clara, que escribe en catalán y castellano. Lo tenía todo para levantar ampollas: que si le falta altura, que si el premio es consecuencia del clima político del país, que si la dictadura progre, etc. En las últimas ediciones han concedido el galardón a Ida Vitale, Sergio Ramírez, Eduardo Mendoza, Fernando del Peso y Juan Goytisolo. O sea, entre los últimos seis ganadores, hay tres catalanes. La cosa, se mire como se mire, tiene su guasa. También resulta curioso que desde 1976, año en que se inauguró el premio, lo hayan ganado 22 autores españoles por solo seis mexicanos o cuatro argentinos (por centrarnos en el podio histórico del galardón). Se imaginarán los comentarios: que si falta de altura de miras, que si un sistema de alternancia desproporcionado y poco representativo de lo que sucede en el ámbito de la literatura en español, que si la dictadura de la madre patria, etc. Pero, bueno, nada como el Nobel de Literatura de 2016, eso sí fue la bomba. The answer, my friend, is blowin' in the wind…

UH, 19/11/19


Infinito
El crecimiento económico es infinito, la racha del Atlético Baleares es infinita, la Tierra es infinita, el reinado de Messi es infinito, nuestra paciencia frente a la estupidez humana es infinita, Jordi Hurtado es infinito, la capacidad de sorprendernos de Donald Trump es infinita, los hilos de Twitter son infinitos, el amor por nuestra pareja es infinito, “Last Chrismas” de Wham! es infinita, la prensa en papel es infinita, mi Renault Clio diésel con agujeros en su carrocería es infinito, la pelea Coca-Cola vs. Pepsi-Cola es infinita, las amistades que se forjaron en primaria son infinitas, el término “efímero” es infinito, la niñez es infinita, los endecasílabos son infinitos, The Beatles son infinitos, la saga Iglesias es infinita, Tele Cinco es infinita, mi móvil LG es infinito, los labios de Scarlett Johansson son infinitos, las ganas de ponerlo todo patas arriba que inspiraron La Fuente (el famoso urinario cuya autoría se atribuye erróneamente a Marcel Duchamp), de Elsa von Freytag, son infinitas, nuestra polarización es infinita, los dinosaurios eran infinitos, este artículo de opinión parece infinito… 
UH, 03/12/19

De ciegos y conejos
Dice Leila Guerriero, la periodista argentina, que para ver hay que volverse invisible. Entonces pienso en esos políticos que buscan desesperadamente, sin miedo al ridículo, la mayor visibilidad posible, y veo claro que vivimos en un mundo dirigido por ciegos. Pero en muchas ocasiones se trata de una ceguera selectiva. Ven su propio rostro, sí, y ven a los que conforman su bando. El resto, esa mancha difusa, son el enemigo, y al enemigo –como dice el refranero– ni agua. La técnica de deshumanización es vieja y sencilla. «Mis enemigos son como conejos. Los conejos solo sirven para ser cazados. Tengo que cazar a mis enemigos». El silogismo, por burdo, dará mayor visibilidad al político, por lo tanto lo suelta en la primera tertulia a la que es invitado. Si no es invitado a ninguna tertulia, el político recurre a Twitter, que para algo se inventó. Estas explosiones de inteligencia y elegancia nos deslumbrarán hasta enceguecernos y conseguirán que, ahora sí, el político de turno sea invitado a la tertulia de turno para poder decir lo de los conejos y todos acabaremos discutiendo sobre los conejos mientras los vendedores de armas se frotan las manos. UH, 17/12/19


Amor
Ellos dicen que me quieren, pero solo aman mi mitad. Si por ellos fuera, me amputarían esa parte de mí que no les gusta. Dicen saber lo que me conviene, que el amor exige sacrificios, lo que sucede es que esos sacrificios siempre apuntan en la misma dirección. Si alzo la voz, me insultan; si la vuelvo a alzar, me golpean. Aseguran que es por mí bien, por su bien, por el bien de todos. Sienten que el amor que me profesan es sagrado. Entiéndanlo, yo no soy un ser sagrado, sino el amor que profesan por esa parte de mí que sí les gusta. También veneran mi nombre, ese nombre de mujer, pero entre mi nombre y mi cuerpo se interpone esa parte de mi cuerpo que debe ser extirpada. Para que el abrazo sea total, dicen. Para que la unión sea definitiva, gloriosa. Yo, que soy impura, recelo de esa visión unitaria, beatífica. Lo sagrado, pienso, es el amor. Lo que hace falta es más amor, un amor capaz de amar la totalidad de mi cuerpo. Porque amar lo que nos gusta es fácil, pero el verdadero amor se demuestra frente a aquello que no nos convence. Y no hablo de un amor acrítico, ese sucedáneo ciego y superficial del verdadero amor. 
uh, 31/12/19

domingo, 17 de noviembre de 2019

“To er mundo é güeno”



Soy marrachinero o marratxiner, como prefieran. En este municipio de Mallorca me despierto todas las mañanas y todas las noches regreso a él para dormir. Es cierto que hago más vida en Palma que en Marratxí; mis padres, mis suegros, mi trabajo, el de mi mujer, el colegio de mi hija, todos ellos se encuentran en la capital balear. También es cierto que nací en Palma y que toda mi existencia –salvo un breve paréntesis calvianer– la pasé allí hasta hace cuatro años. Pero nada de todo esto borra o disminuye el hecho de que yo sea marratxiner. Aquí pago mi IBI y las tasas correspondientes a la recogida de basura, entrada de vehículos y tratamiento de residuos urbanos. Por eso, cuando el pueblo de Marratxí se levante, tendrá que tener en cuenta mi voz, porque mi voz también será la voz del pueblo, y porque eso de buenos y malos marrachineros, buenos y malos catalanes, buenos y malos vascos, buenos y malos españoles, da mucho miedo y saca lo peor que hay en nosotros. Como se decía en aquella película de Manuel Summers, To er mundo é güeno, al menos, hasta que se demuestre lo contrario.

ÚLTIMA HORA, 05/11/19


miércoles, 25 de septiembre de 2019

La ruta del viaje interior



Se diría el título de una novela inédita de Bolaño, de esas que aparecen de vez en cuando, o tal vez el título de una recopilación de entrevistas, cartas y fragmentos de algunas de las novelas de Levrero. ¿Y por qué estos dos nombres? Ciertamente, también podría ser el título de la última novela de Jorge Bucay. ¿Entonces? Por esto que escribe David Pérez Vega acerca de Mi Berghof particular:

En la década de 1990, Roberto Bolaño abrió uno de los caminos más importantes para la narrativa en castellano y, en la década siguiente, en la primera del siglo XXI, sería Mario Levrero quien abriera otro. Bolaño nos hablaba del artista aventurero, revitalizando la figura del poeta beatnik; Levrero proponía, sin embargo, el viaje interior, la interpretación de los sueños, la descripción de lo mínimo y de todo lo que ocurre en la mente del escritor, aunque este no salga de casa (especialmente si este no sale de su casa). En principio, Cánaves elige para su novela el camino de Levrero, puesto que escribe desde la incapacidad casi de moverse, paralizado en la casa de sus padres con una pierna escayolada. Berghof es el sanatorio en las montañas al que acudía Hans Castorp, el protagonista de La montaña mágica de Thomas Mann, para curar su tuberculosis. Sin embargo, aunque la apuesta principal de Cánaves era por Levrero, tampoco desdeña la herencia de Bolaño, puesto que una de las historias que escriben (o viven) sus personajes de ficción es un cuento con un aire muy bolañesco, que transcurre en Baltimore y tiene como protagonistas a dos poetas homosexuales, uno académico y el otro salvaje.


En otro pasaje de la crítica, David Pérez Vega resalta como uno de los grandes temas del libro la falta de tiempo para escribir. Si os confieso que estoy escribiendo esto a las seis de la mañana, ¿se entenderá aún más este hecho?

La falta de tiempo para escribir se acabará convirtiendo en uno de los temas del libro, y quizás con esta temática se escriban algunas de las páginas más sinceras y hondas de la novela. De hecho, una de las fuerzas que le impele a continuar es la continua creación de reglas de escritura: escribir cada día una hora, escribir cada día 500 palabras, escribir porque se ha comprometido con los lectores de su blog a hacerlo, escribir porque se ha impuesto una fecha límite de escritura, escribir por mantener el puro hábito de escribir y poder seguir considerándose un escritor...

 Escribir, escribir, escribir... ¿No es de locos? Dejo aquí el enlace a la crítica que apareció en la revista Librújula, por si alguien se anima a leerla al completo. Desde luego, David Pérez Vega acierta con las claves y con los referentes. Una gran lectura. Cuando alguien emplea su tiempo de ocio en leer y comentar lo tuyo, y lo hace además de un modo tan perspicaz, no puedes más que estar agradecido.

http://www.librujula.com/criticas/2523-javier-canaves-mi-berghof-particular-2

miércoles, 28 de agosto de 2019

Verano 2019 (julio-agosto)


02/07/19
El día del orgullo, quedé con un amigo para tomar una copa –al final fueron dos– y hablar de la vida. Antes, estuve de cena con los alumnos del taller de escritura. El ambiente festivo –¿existen días no festivos en el verano mallorquín?–, la confianza entre los comensales después de meses compartiendo relatos –una variante de ese hablar de la vida tan civilizador– y las cañas –imprescindibles cuando el calor arrecia– hicieron que la cena virara del lado de la confidencia y el deseo. Todos guardamos deseos no saciados y esa pequeña o puede que gran frustración es la que nos hace avanzar, escribir, amar no todo lo bien que querríamos. Una vez solo –ni siquiera eran las doce de la noche cuando nos despedimos, las cenas en verano nunca deberían terminar antes de la medianoche–, me quedé cara a cara con mis expectativas frustradas. Era noche, verano, y las calles se veían repletas de gente atractiva y banderas arcoíris. Era de locos retirarse tan pronto. La vida exigía plática y una última copa. Llamé a uno de los pocos amigos solteros que tengo y le propuse brindar por la vida y las noches de verano. Por suerte, aceptó y a los veinte minutos estábamos acodados en la barra de un local de la calle Sant Magí. Me sentía bien, orgulloso, y no tenía idea de por qué.  

16/07/19
Esa época del año en que tu hija adolescente te pide que le saques hora para cortarse el pelo y depilarse pero no hay horas disponibles en las peluquerías de la ciudad durante los próximos cien años. Ese lapso de tiempo eterno y sin embargo fugaz en el que resulta del todo imposible encontrar taxis libres salvo en el aeropuerto. Ese lugar mítico en el que poder al fin descansar si no fuera por esa ola de calor recurrente que te hurta la posibilidad de un descanso medianamente digno. Ese instante que los dioses te conceden para terminar de arreglar esas cosas que fuiste dejando relegadas por abulia o falta de tiempo o planificación y que un año más seguirán como estaban porque los materiales se agotaron, los pedidos no llegan o el instalador se equivocó de dirección. Esa posibilidad de cenar en aquella terraza con vistas al mar que durante tantos meses se coló en tus sueños y que no dispone de mesa libre hasta mediados del mes de octubre. Ese paréntesis en la vida cotidiana que nos enfrenta a todos los contratiempos propios de la vida cotidiana. Y, pese a todo, hay que ver cuánto te queremos, verano.

30/07/19
Tengo un amigo que asegura que entre el quince de julio y el quince de agosto siempre suceden cosas importantes, que en esa treintena de días la vida se tensa y nos coloca frente a situaciones capaces de cambiarnos la existencia. No en vano, durante las vacaciones estivales el número de divorcios se dispara. Conozco parejas que, llegado el verano, deciden separarse un mesecito para así salvar su matrimonio. Sea como fuere, estos días la vida me ha situado frente a diferentes pruebas y he llegado a temer no solo por mi matrimonio sino también por mi salud mental. Todo empezó con la rotura del portón del garaje. A este contratiempo siguieron: el atasco del inodoro del aseo, una avería en el router que nos dejó sin wifi en casa, el extravío del toldo que compramos, problemas con el diferencial del cuadro eléctrico, el foco fundido de la piscina… A fecha de hoy, sigo sin wifi y sin poder disfrutar de la sombra en el jardín de casa durante las mañanas, pero gracias a los tutoriales de YouTube logré arreglar el portón del garaje, desatascar el inodoro y cambiar el foco de la piscina. O dicho de otro modo: debo la buena salud de mi mente y de mi matrimonio a Internet. Para que luego me vengan con desconexiones.

13/08/19
Tal vez porque estamos a trece de agosto y ya es mucho verano acumulado en nuestras espaldas quemadas, le da a uno por ver Un viaje hacia el fin de los tiempos, de John Boswell. Esas imágenes del final de todo –y este “todo” incluye la desertificación del planeta, las algas acumuladas en las playas de sa Ràpita y ses Covetes y la posible repetición electoral– le llenan a uno de paz y ganas de hacerse con un acelerador de tiempo en condiciones. Acelerar a todo trapo hasta que el tiempo no tenga ningún sentido porque no exista nada, ni siquiera Vox. Entonces ya no hará falta embadurnarse de protector solar ni cambiar de dieta para así frenar el cambio climático. Los dueños de la Tierra no tendrán que disimular, podrán admitir que ya dan por perdido el planeta, que ya no hay marcha atrás posible. De ahí los intentos desesperados por buscar otra casa que arruinar. De ahí la aceleración del Programa Explorers de la NASA. De Ahí el telescopio espacial TESS. Ya me imagino a los especuladores inmobiliarios frotándose las manos mientras observan la recreación de la superficie virgen del exoplaneta LTT 1445Ab, recientemente descubierto.

27/08/19
Escribo en calzoncillos mientras, por los altavoces de la Tap, C. Tangana asegura querer tener dinero para repartir. Hace poco me enteré de que en una ciudad de España habían vetado la actuación de este rapero. Desconocía al personaje, así que googleé su nombre. Lo primero que le escucho, antes incluso que su Mala mujer, son insultos dedicados a la monarquía española y una defensa encendida de Evaristo Páramos, ex vocalista de La Polla Records. Algo no me cuadra. ¿En qué ciudad lo habían vetado? Vuelvo a Google para obtener la respuesta: Bilbao. Hay un vídeo en el que dos dirigentes de Podemos dicen no poder permitir que una institución pública como el ayuntamiento de Bilbao contrate a un grupo que reproduce estereotipos machistas. Entonces presto atención a sus letras y, sí, dice “puta”, y dice también que solo se acuesta con modelos, que basta con tener dinero, etc. Hay cosificación, altanería e incorrección. Enseguida pienso en algunos columnistas de este país. Pienso en infinidad de bandas y canciones, en libros y declaraciones y chistes que viajan de grupo de WhatsApp a grupo de WhatsApp, y se me ocurre que tal vez estaría bien detenernos todos un momento y respirar. ¿Nos calmamos?


jueves, 8 de agosto de 2019

El escritor postrado

El viernes 5 de julio quedé con Gemma Marchena, periodista de Última Hora, para hablar de Mi Berghof particular. Nos vimos en La Biblioteca de Babel, donde unas horas después iba a presentar la novela junto a Joan Payeras y Nadal Suau. He aquí el resultado de esa charla. Nunca he sido muy bueno en las conversaciones cara a cara. Necesito el contacto de las teclas del ordenador en las yemas de mis dedos para pensar con un mínimo de claridad. Con todo, fue una cita agradable. Ahora, Gemma y yo somos amigos en Facebook. Eso que he ganado. 


lunes, 29 de julio de 2019

Palabras de Joan Payeras durante la presentación de Mi Berghof particular



De izq. a der.: Joan Payeras, Javier Cánaves y Nadal Suau

Como estoy aquí en calidad de primer lector de la novela, de lector anterior a su publicación, me ha parecido pertinente emplear para mi intervención la carta que mandé a Javier al acabar de leer Mi Berghof particular. La encontré por casualidad, cuando estaba dándole vueltas a qué contaros hoy, a cómo hablaros del libro. Y enseguida me di cuenta de que me podía servir, porque creo que traslada lo que sentía justo al terminarla, y puede que eso sea lo que se espera de mí. Para otras lecturas, sin duda más lúcidas, ya tenemos a Nadal Suau. Así que os leo mi carta a Javier: 

“Buenas, Javi. Antes que nada hay que apuntar dos cosas. Por un lado, siento la necesidad de escribir sobre la novela y eso es muy buena señal. Significa que me ha hecho pensar, y además creo que hay en ella uno (o varios) debates latentes. En segundo lugar, es una novela ambiciosa, posiblemente la más ambiciosa de las que has escrito. Eso es genial y peligroso, porque hay que juzgarla como tal. Creo que, inconscientemente, no empleamos el mismo baremo para juzgar, por ejemplo, el Viaje al fin de la noche de Céline que La mujer zurda de Handke. Sin querer, no les pedimos lo mismo, y eso hace que a veces seamos injustos.

¿Y por qué me parece más ambiciosa esta? Leyendo algunas de las primeras entradas del plano no ficcional, podríamos pensar lo contrario. Lo escondes dándole ese aire cotidiano, casi de no saber hacia dónde va todo, asegurando que sólo pretendes poner orden en tu interior, aclararte las ideas. Pero la novela avanza y adquiere otras dimensiones. Los temas se elevan, vamos profundizando o, mejor, viajando constantemente de la superficie al fondo de las cosas y a la inversa. Y la novela se va encontrando con la idea de felicidad, es decir, del sentido de la vida, y también del sentido de la escritura, entre otros temas.

Tu Berghof, Javier, propone una lectura activa, abre interrogantes, y amplía, que diría Houllebecq, el campo de batalla. A eso me refiero con mi impresión de que es la más ambiciosa. Y eso la engrandece, pero también la expone más. Por eso es también una novela valiente.

Recuerdo exactamente el momento en el que supe que la novela me había enganchado por completo. El instante en que me di cuenta de que era una novela diferente. Uno de los protagonistas, Sancevá, pasea por la playa imaginando varios argumentos para posibles novelas. Me dieron ganas de robarte alguno, por cierto. Ahí me enganché hasta el final. Ahí la trama empieza a funcionar como un conjunto de cajas chinas que atrapa, del que no puedes salir. Una novela dentro de otra novela, con lo que eso conlleva de reflexión sobre el proceso de escribir. Un narrador que se pregunta si tal o cuál elección sobre la historia será la correcta, si todo avanza como debe, mientras yo, lector, parezco un invitado de lujo a ese “reality” sobre el proceso de una novela de la que me hacen sentir tan cercano a su ensamblaje, a su creación.

Una novela ambiciosa, vuelvo a ello, tiene un gran enemigo: que sea fallida. No lo es en absoluto. Ha conseguido engancharme, entretenerme, hacerme reflexionar sobre todo lo que te he comentado: sobre la novela que quiero escribir y sobre la esencia misma de la literatura, sobre qué queremos decir cuando decimos que somos felices y sobre la búsqueda del sentido de la vida.

Me dejo muchísimas cosas en el tintero. Pero al terminar de leerla, necesitaba escribirte y escribir sobre ella, con urgencia, porque es una novela que me ha dado ganas de ponerme a trabajar en una, y ya sabes que eso es lo mejor que puedo decir de un libro. Hablamos con calma. Un abrazo y enhorabuena.”

Nada más. Muchas gracias.

Joan Payeras

     
          

                



lunes, 15 de julio de 2019

Fragmento de un discurso nunca leído


(...)


Según lo veo yo, existen dos tipos de escritores y, por lo tanto, dos tipos de novelas. Aquellas en las que el escritor se sienta a escribir sabiendo de antemano qué quiere contar. Las llamo novela argumento y, en principio, son menos dadas a la digresión. Luego están aquellas novelas en las que el escritor no se sienta sabiendo qué quiere contar; se sienta sabiendo que quiere contar –he aquí un gran ejemplo de la importancia de colocar bien las tildes–, pero no teniendo del todo claro todavía qué. En este caso, el escritor confía en que el tema, el argumento –de haberlos–, surjan y se manifiesten durante el proceso de escritura. Se trata de una opción más arriesgada pero también, al menos para el escritor –y ahora hablo de mí–, más estimulante. Digamos que uno siente la llama, algo en su interior pugna por salir, sin embargo, ese algo aún no tiene los contornos definidos. Es como una especie de voz en otro idioma que nos susurra, que no podemos ignorar. Uno se sienta y escribe para descubrir qué quiere escribir, así de simple y retorcido.

Digamos que en mi interior existen esos dos tipos de novelista. En el caso que nos ocupa –Mi Berghof particular–, cuando me senté a escribir no tenía muy claro sobre qué quería escribir. Estaba la intención de profundizar en mí, de ser sincero. La literatura como autoconocimiento, con intenciones terapéuticas, es algo viejo, muy manoseado, que concede una libertad tan peligrosa como tentadora. Eso me venía bien. No necesitaba bridas ni correas. Lo importante era escribir y, ciertamente, la rotura del tendón de Aquiles me facilitó algo la tarea. No había horarios laborales ni movilidad tentadora. Ese tendón roto había liberado un hilo del que tirar. Eso hice, tiré de él, me sumergí en la historia hasta que la historia tomó las riendas y empezó a tirar de mí. Creo recordar que en varios pasajes de la novela utilizo la palabra magia para hablar de esta inversión. Aun a riesgo de parecer simple, me ratifico en la idea.

En la contraportada del libro se habla de una estructura que funciona como lo hacen las cajas chinas. Como seguro sabéis, esta técnica narrativa consiste en meter una historia dentro de otra historia y ésta a su vez dentro de otra, y así. Ya había coqueteado con este recurso en mis novelas anteriores, pero es en Mi Berghof particular donde lo llevo más lejos. ¿Ganas de jugar? ¿De despistar? ¿Incapacidad de ceñirme a un solo discurso? Vaya uno a saber.

Pero además de las cajas chinas, creo interesante apuntar algo que me señaló uno de los primeros lectores de la novela, mi amigo Samuel Rodríguez. No me resisto a traer aquí su comentario: «Como lector, me resultó curioso lo que cuentas de la visión de Sofía y la realidad, todo estaba en el mismo plano para ella, sus vivencias, los cuentos que le lees, los dibujos animados... Es lo mismo que has hecho tú en el libro. Has puesto todo en el mismo nivel: Castell, Sancevá, Connie, el pie, la piscina, tus lecturas…». Y digo que es interesante señalarlo porque, según esto, la ficción y la no ficción se asientan en un mismo nivel, en un mismo plano, por lo que es difícil a veces establecer una línea divisoria nítida entre ellas. Por otro lado, ¿quién necesita líneas divisorias nítidas? ¿Acaso existen?

Sospecho  que en ocasiones hablo más de mí cuando escribo en tercera persona, es decir, cuando la novela se desarrolla en lo que he venido a llamar la parte ficcional –luego lo explico–, que cuando escribo en primera persona. Es posible que en la parte no ficcional, la parte escrita en primera persona, se establezca –sin buscarlo expresamente– un sentido de la prudencia mayor. En cambio, a través de los distintos personajes –Alberto Sancevá, Nuria Tamena, Jaime Castell, Cecilia Polsen, Pedro Capllonch…– puedo dar rienda suelta a las obsesiones y miedos que viven en mí no siempre de manera consciente.

Y esto me lleva a hablar de nuevo de los planos de la novela. Al margen de las cajas chinas, de las tramas y subtramas que se ponen en marcha, podemos decir que en Mi Berghof particular conviven más o menos en pie de igualdad dos planos: el ficcional y el no ficcional. El no ficcional, es decir, aquel en el que no cabe el fingimiento, es un plano muy aferrado al día a día. En él me autoimpongo la obligación de no mentir, si bien desde el principio pongo en tela de juicio que algo así sea posible. Aquí se trata de escarbar sin sopesar las consecuencias, pero solo los locos y los héroes –si es que son cosas distintas– son capaces de dejar de lado las consecuencias. La sinceridad exige de una vigilancia constante, y esta vigilancia puede ser agotadora. En cambio, en el plano ficcional, al separarme del yo biográfico –al menos, en apariencia– puedo bajar la guardia, dejar que todo fluya sin temor a la inexactitud o distorsión de los hechos inspiradores que sucedieron fuera del libro. Aquí no hay consecuencias, tengo a mi disposición el parachoques de la ficción, de la tercera persona, por lo que todo discurre sin filtros, sin temores… Y nunca nos damos más, nunca nos damos mejor –y esto va por todos– que cuando el miedo anda lejos.

Algo más quiero decir sobre los dos protagonistas de la parte ficcional: Alberto Sancevá y Jaime Castell. Ellos simbolizan las dos caras de esa moneda llamada literatura. O para ser más exacto: ellos simbolizan las dos maneras de enfrentarse a la escritura, al hecho creador. Sancevá guarda la ropa antes de saltar al río, no ceja en su empeño, pero se construye una casa por si acaso. La intemperie impone respeto. Castell, en cambio, se deja seducir por la palabra aventura, por las situaciones extrañas o extremas. Como si en ellas se agazapara algo importante. Los que nos dedicamos a escribir, diría que los artistas en general, aprendemos a vivir con estas dos tensiones o, por lo menos, en algún momento nos hemos visto tentados por una u otra y al final hemos tenido que elegir. Adelanto ya que uno de los mensajes del libro es que construir tu casa y guardar la ropa es algo que está bien. En el mundo del arte, las palabras aventura, riesgo o locura tienen muy buena prensa, pero no siempre son el mejor camino. Pienso que de algún modo en esta novela hay una reivindicación de la madurez sensata, en apariencia tan aburrida y poco estimulante.

Para terminar, me apetece compartir con vosotros una cita de Paul Auster incluida en el libro, una cita extraída de una entrevista que leí en no recuerdo qué periódico. Dice así: «Soy como una rata de laboratorio, experimento conmigo mismo. Me observo. Soy un ejemplo de ser humano. Uso mis experiencias como material narrativo con el fin de que el lector se sienta reflejado en algunas de ellas y pueda responder alguna pregunta, desvelar alguno de los misterios de la vida». Yo no aspiro a desvelar ningún misterio de la vida, pero si alguien se siente identificado con alguno de mis personajes, si consigo hacer reflexionar o emocionar o arrancar una sonrisa a algún lector, creedme, daré por bueno todo el tiempo invertido en la escritura de esta novela.

(...)


lunes, 8 de julio de 2019

"Un ejercicio literario surgido desde la inmovilidad corporal"



Jimy Ruiz Vega reflexiona sobre Mi Berghof particular en su estupendo blog El Fescambre. Traigo aquí algunos fragmentos:

Mi Berghof particular (Baile del sol, 2019) es un ejercicio literario surgido desde la inmovilidad corporal, un libro movido no tanto por el hombre racional que escribe un diario, sino por la misteriosa intimidad del narrador que lo habita, por los fantasmas que se esconden en lo profundo de su ser, el lugar propicio para desatar su escritura.

(…)

El objetivo de todo libro, tal como expone el narrador de Mi Berghof particular, no es otro que poner en marcha la escritura, sin tener que acotar el asunto a tratar. Lo que le importa es mantener una continuidad, un hábito.

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El lector a medida que avanza en su lectura por las entradas del diario percibe cómo aflora una novela, que es la que se ha ido apoderando de un texto de diario autobiográfico hasta convertirse, sin freno ni límite, en otra cosa, en otra inventiva, en otro artefacto literario.

(…)

Esta es una obra ambiciosa en la que también están presentes la pasión y el amor, el libro más arriesgado de su autor, un making of de la creación literaria, un texto que vaga por las entrañas de la escritura, por la vida y por el tiempo, mediante una estructura de cajas chinas. Javier Cánaves muestra todos los entresijos de su reinvención artística y de su vocación de escritor desde el propio laberinto creativo, un lugar no exento de melancolía y doble vida.


domingo, 30 de junio de 2019

Pasen y lean



Todo empieza con la rotura del tendón de Aquiles del autor, hecho que pondrá en marcha una serie de acontecimientos que cambiarán su vida. En este viaje inesperado lo acompañarán un novelista fracasado que no termina de aceptar su condición, un profesor universitario atraído por la violencia y el abismo, una prostituta polaca que en ocasiones escucha una música secreta, un septuagenario empeñado en escribir sus memorias y un obrero colombiano adicto a la cumbia y las novelas de ciencia ficción.

¿Un ejercicio de exhibicionismo? ¿De sinceridad sin red? ¿De autoconocimiento? Javier Cánaves escarba en su interior y en el de sus personajes para tratar de dar respuesta a esas preguntas que, por comodidad, tratamos de eludir. ¿Es posible la sinceridad? ¿Quién soy? ¿Soy feliz? ¿Qué significa ser feliz? ¿A cuánto somos capaces de renunciar en nombre de la estabilidad? ¿Qué le pedimos al amor? ¿Y a la amistad? ¿Y al arte? ¿Qué significa ser escritor? ¿Es posible salvarse? ¿De qué se supone que deberíamos salvarnos?

Una novela que no es una novela o que son varias novelas que funcionan al modo de las cajas chinas. De ella se puede decir que es cerebral e impulsiva, ensimismada y valiente, tierna y cruda. Mi Berghof particular es una pirueta en la que el acróbata se lo juega todo por unos pocos aplausos. Pasen y lean.