jueves, 20 de julio de 2017

Desconectar




La situación personal del articulista no importa. Resultaría inapropiado alegar como atenuante al más que probable resultado fallido de este artículo las constantes interrupciones de mi hija de tres años, sentada a mis pies, jugando sola, en contra de su voluntad, con su casita de Pinypon. Le pedí a mi hija mayor si podía entretenerla mientras escribía unas líneas para el periódico, pero la cosa sólo duró unos veinte minutos, el tiempo que preciso para encender el ordenador y repasar someramente las noticias más destacadas de la actualidad. Pasado ese tiempo, la peque apareció en el despacho reclamando mi presencia, ya que su hermana mayor no sabe jugar. Lo que le pasa a su hermana es que el móvil la tiene totalmente absorbida. Sospecho que esto le sucede a una parte importante de la sociedad. ¿Recuerdan cuando el verbo “desconectar” poseía connotaciones positivas? Eso ya es historia. Nadie quiere desconectar. Y les tengo que ir dejando porque resulta imposible escribir con una niña de tres años saltando sobre tu regazo. Buenos días.

ÚLTIMA HORA,  18/07/17

miércoles, 5 de julio de 2017

Poesía en los bares: Alfonso Brezmes

"Ultramor" (editorial Renacimiento, 2017)





DAGUERROTIPO

A los catorce


Mediado julio llega mi hija mayor. Por primera vez, no celebrará su cumpleaños en Mallorca. Vendrá con catorce años recién cumplidos. Estoy por contratar los servicios de un exorcista, alguien capaz de extraerle ese ser extraño e irritante que se ha colado en su cuerpo. Pienso en mí a esa edad. ¿Hitos importantes? A los catorce di mi primer beso y tomé mi primer combinado. No está mal. Llevaba el pelo largo y me veía antes como futbolista o estrella del rock que como escritor o articulista. Me llamaban cowboy y cada semana me enamoraba de una chica diferente. Se trataba de un amor secreto y definitivo que nunca iba más allá. Era extremadamente tímido. Ya por entonces, me gusta escribir, si bien es algo de lo que no hablaba. A fecha de hoy, sigo escribiendo, logré domar en parte ese monstruo molesto de la timidez y ya nadie se dirige a mí como cowboy (por suerte). Las cosas cambian, sí, pero no tanto.

ÚLTIMA HORA, 04/07/17

martes, 13 de junio de 2017

Entre el decir algo y no decirlo


Adam Zagajewski, en una entrevista publicada la semana pasada en El País:


«La paradoja de la poesía es que se ha de decir algo sin decirlo al mismo tiempo. Creo que los grandes poetas escriben sin saber lo que dicen. Detesto los poemas vacíos como meros juegos lingüísticos, pero el mensaje concreto es aburrido, no es poesía. Escribir poesía es un espacio angosto entre el decir algo y no decirlo».

miércoles, 10 de mayo de 2017

De Chirovici a Carnero pasando por Mónica Ojeda (apuntes en un diario)

09/05/17.- De la entrevista a E.O. Chirovici publicada hoy en El Mundo: “Nuestra mente no funciona como una cámara de vídeo”, es decir, “no graba todo aquello que vemos”, sino que es más bien “un guionista que a la ve vez hace de director e inventa las películas –los recuerdos– a partir de fragmentos de la realidad”. “No almacenamos imágenes sino sentido, significados”. Es así porque “nuestro cerebro no está preparado para diferenciar entre realidad y ficción. Es por eso que lloramos cuando vemos una película que nos emociona, aunque sepamos que el protagonista no muere al final, que no es real. Nosotros lo sabemos, pero nuestro cerebro no”. Se me ocurre que llegará el día en que nuestro cerebro, después de siglos de enfrentarse, de vivir ficciones, aprenderá a diferenciar ficción de realidad, lo que supondrá la muerte de la ficción. Su sofisticación, de algún modo, es señal de su declive. Y hablando de sofisticación…

Imagino a Mónica Ojeda leyendo Los detectives salvajes y Las teorías salvajes. Quiere convertirse en Roberto Oloixarac, en Pola Bolaño. Intuye que en la palabra salvaje se encuentra el futuro de la mejor literatura (la que ella piensa la mejor literatura), la condenada a desaparecer. La oralidad, la complejización de la realidad, la sexualidad sin ataduras, la frontera, la hibridación compulsiva, la atracción que ejerce toda forma de radicalidad, la transformación de la cultura, es decir, de la sociedad, es decir, del mundo… Todo ello pasado por el túrmix de lo salvaje. Imagino a Mónica Ojeda en una habitación, tomando notas para la escritura de Nefando. Me sumerjo en Google. Leo lo que Víctor Balcells escribió sobre ella. Me voy a Imágenes. Contemplo el rostro sonriente de Ojeda. Parece tan accesible. Me desconecto. Prosigo con su lectura.


 

10/05/17.- Leo la entrevista que Guillermo Carnero concede a El País. Me parece mentira que alguien tan culto pueda estar tan desconectado de la realidad. Me invade la sensación de haberme sumergido en la hemeroteca. La lectura de la entrevista me deja triste. No entiendo muy bien por qué.


lunes, 8 de mayo de 2017

Discurso de escritor


Amoldas tu discurso de escritor a lo que las circunstancias (tu carácter, tus limitaciones, las decisiones que tomaste, las inercias del día a día, los compromisos, etc.) imponen. Con esto quiero decir que tu discurso nace de lo que conseguiste, o sea, que se amoldó a tu biografía. No lo construiste previamente, no se trata de un constructo abstracto, situado en el inicio o en una especie de horizonte ideal. De ser otras las circunstancias, tu discurso sería otro. Esto, siendo una perogrullada, viene bien recordarlo. Nos indica que nuestras convicciones (o metas, o posicionamientos, etc.) en este terreno son lábiles y responden, muchas veces, a una necesidad de supervivencia, de autojustificación. ¿En qué se traduce esto? En algo así: me interesa la opinión de los lectores, no la de los críticos (el que vende mucho pero recibe malas críticas), jamás pienso en los lectores porque entiendo la escritura como una guerra conmigo mismo (el que apenas vende pero tiene buena prensa), sólo busco poder sacar mis novelitas sin apuros de plazo, con total libertad, para ese público ideal al que aspiro (el que lo intentó pero no pudo), etc.



miércoles, 26 de abril de 2017

Pájaro loco


Hoy todos parecen satisfechos. Frenaron a Marine Le Pen. Sin embargo, en el “todos” y en el “frenaron” de las frases anteriores se encuentra el germen de su victoria futura. Tal vez no se produzca en 2017, tal vez tengamos que esperar a 2022. El rechazo a las élites se gesta en silencio, en el reverso de los telediarios y los periódicos. En los hogares de las familias de clase media y baja, ha anidado un pájaro de mirada iracunda. La inseguridad y las desigualdades lo alimentan. Se prepara para sobrevolar, victorioso, los cielos de Europa. A los mercados, la cuestión empieza resultarles indiferente. ¿Acaso se hundieron tras el Brexit y la victoria de Trump? En lo que va de siglo, no hay semana que no se anuncie el fin del mundo. ¿Y el pájaro? Hemos visto algunos de sus zarpazos, pero no al animal. Los sin voz ya quieren verle las garras, poder espetarle a los entendidos que no tienen ni idea. Mientras, los analistas más sesudos respiran aliviados. Hay, incluso, quien se atreve a hablar de una nueva esperanza. El festín del pájaro loco deberá esperar. ¿Hasta cuándo?


ÚLTIMA HORA, 26/04/17

domingo, 2 de abril de 2017

Escribir no siempre es divertido


22/03/17.- Horas trabajando en una nueva novela. Corregí los dos capítulos terminados, dejé prácticamente cerrado el tercero y avancé en la escritura de un cuarto, todavía incipiente. Tuve que lidiar con unos párrafos farragosos pero necesarios para el desarrollo posterior de la trama. Escribir no siempre es divertido. Hay veces que uno preferiría arreglar la ducha del baño de las niñas o salir a regar el jardín. Pero si has decidido escribir una nueva novela en un mundo saturado de nuevas novelas, debes pasar por el aro. Nadie te pidió que lo hicieras. El mundo no necesita tu nueva novela. Pero has querido escribirla, así que arremángate e intentar dar lo mejor de ti mismo. Bien. Así lo hice. Me sentía razonablemente satisfecho. Pero entonces ocurrió el desastre. Perdí todos los cambios. Sustituí el archivo existente por otro anterior. No puedo restaurar versiones anteriores ni recurrir a la papelera de reciclaje. Mierda. Superada la negación inicial y la subsiguiente desesperación, sólo queda la aceptación, la sensación de vacío. ¿Dónde coño se fueron todas esas palabras? Con todo, esto no ha sido lo peor que me ha pasado en este sentido. Hará cosa de año y medio, perdí un documento Word con cerca de 300 páginas. Casi 300 páginas de poemas inéditos. Muchos de ellos eran descartes, cierto, pero uno no siempre descarta por razones de calidad. También había versiones alternativas de poema publicados y otros poemas más experimentales a los que no había sabido darles salida. Me consolé diciendo que era mejor así. A veces es necesario soltar lastre. Pero duele. Te sientes un imbécil. Y ahora qué, te dices. Pero sigues. Aunque nadie te lo pida. Aunque el mundo no precise de un nuevo libro tuyo. Existen aficiones más letales e igual de innecesarias. Incluso más. Fin del desahogo. Dejo de llorar y sigo.


jueves, 30 de marzo de 2017

Obreros de derechas


Dice que no hay nada más tonto que un obrero de derechas. Quien dice esto, por supuesto, ni es obrero ni de derechas. Si combinas la frase con la realidad que nos rodea, te sale un silogismo bastante desolador. En una entrevista reciente, Javier Cercas explicaba que entender no es lo mismo que justificar. Entender el mal (el yihadismo, Hitler, etc.) es armarse de herramientas para combatirlo mejor. Aquí somos mucho de las frases hechas que no buscan entender nada. Mientras mi interlocutor sigue hablando, yo recuerdo esa canción de Bob Dylan titulada North Country Blues. Pienso en ese pueblo de mineros. “They complained in the East, they are paying too high / They say that your ore ain't worth digging / That it's much cheaper down in the South American towns / Where the miners work almost for nothing”. Versos que amparan tanto la revolución proletaria como los nacionalismos más reaccionarios. Es muy posible que en ese pueblo los votantes de Trump fueran mayoría. Podemos intentar entenderlo o podemos demonizar sin más.

 ÚLTIMA HORA, 28/03/17

martes, 21 de febrero de 2017

Michel Onfray y la compasión


“A menudo la compasión impide pensar, mientras que pensar no impide la compasión. Uno puedo optar también por una compasión contenida, privada, íntima, y no considerar digna esa exhibición de lágrimas, gritos, llantos, sollozos, y todo en presencia de cámaras y fotógrafos. La exhibición de la compasión no es necesariamente una prueba de compasión, pero sí lo es de exhibición. Después de La Rochefoucault y los moralistas franceses, Nietzsche nos ha enseñado a desconfiar de la compasión: a menudo es una de las modalidades del amor a uno mismo: ¡Dios, qué grande se siente uno cuando se hace pequeño! ¡Dios, qué orgulloso está uno cuando exhibe su modestia! ¡Dios, qué egoísta es uno cuando convierte en espectáculo su amor por los demás! Dejemos a un lado el narcisismo de nuestra época, que hace de la exhibición del pathos un valor superior al ejercicio del pensamiento”.


Michel Onfray, Pensar el islam


[20/02/17-. Sábado. Me despierto a las ocho. Finiquito la lectura de Pensar el islam, de Michel Onfray (es lo que tiene tener a una hija viviendo en las inmediaciones de Toulouse). Después de desayunar, me descargo el manual del usuario de la caldera para tratar de arreglarla (desde ayer estamos sin agua caliente). Un tema de presión. Por lo visto, se encuentra por debajo de los niveles adecuados. Al final, basta con abrir el grifo de carga. Salgo al jardín. Luce el sol. Armo el cortacésped nuevo y me pongo manos a la obra. Me siento bien. A medida que avanzo, el jardín gana en belleza. Contemplo los progresos en el mismo instante en que estos se producen. Eso motiva. Sudo. Me acerco a la cocina y me abro una cerveza. Vierto el césped cortado en una bolsa de basura y me voy a la parte de atrás de la casa. Arranco las malas hierbas que tienen sitiado al naranjo. Sigo sintiéndome bien, sin rastros de las nubes negras que, tras la lectura de Onfray, amenazaron con ensombrecer el día. Agarro las tijeras de podar y acometo los últimos retoques. Me tumbo sobre el césped y contemplo el cielo azul. Vértigo y felicidad se disputan mi pecho. Guardo la máquina cortacésped. Son las dos. He quedado a las dos y media en casa de mis suegros para comer un asado. Mi hija pequeña y mi mujer me esperan allí. Me ducho y salgo de casa].