jueves, 22 de septiembre de 2016

Poesía en los bares: Joan Payeras

"El vol de la cendra" (Sloper, 2016)

Una mujer elegante, alta y delgada, que se esfuerza por pasar desapercibida y sin embargo atrae la atención de todos los hombres del lugar en que se encuentra, ésta es la imagen que acude a mi mente cuando pienso en la poesía de Joan Payeras. De movimientos medidos y palabra justa, no acabará en el centro de un corro de borrachos a esa hora en que se evita el reloj por no caer en depresión, tampoco obnubilará a ingenuos con su retórica encendida sobre la vida o el arte; se moverá con gracia, hablará lo justo, sonreirá o llorará, sin aspavientos, y dejará un recuerdo indeleble de su paso por la fiesta.  

Siempre que hablo de poesía con Joan Payeras, en algún momento de la conversación aparecen las palabras “silencio”, “despojamiento”, “concreción”. Pero por encima de todas ellas destaca, con una luz intensa, la palabra “tiempo”. La última vez que nos vimos confesaba: “Ya sólo soy capaz de hablar del paso del tiempo, de la angustia y el terror que su huida me produce”. ¿Qué decir ante semejante frase?

En su último libro publicado, El vol de la cendra, cuya gestación es bastante anterior a la conversación antes referida, Joan Payeras logra, en parte, esquivar su obsesión y nos ofrece un relato antibelicista que huye de la historicidad para asentarse en el terreno de la parábola. Una guerra que puede ser cualquier guerra, que de hecho es cualquier guerra. Pero se puede ir más lejos: una guerra como metáfora de la vida, del conjunto de horas adversas a las que todos debemos enfrentarnos. La mirada del individuo en mitad del sinsentido, los retazos aislados y sorpresivos de belleza, algunos recuerdos protagonizados por seres y lugares queridos, estas pequeñas cosas, en principio insignificantes, se erigen como única posibilidad de salvación. La verdad que el libro desnuda, su enseñanza moral, es antigua y simple y no por eso innecesaria.

Dos influencias me atrevo a señalar. De un lado, el desgarro cósmico, existencialista, de Raúl Zurita; de otro, la economía de medios y la contención de José Corredor-Matheos. De la lectura y asimilación de ambos poetas (y de una voz propia forjada libro tras libro) nace este poemario escrito originalmente en catalán y que Sloper ofrece en edición bilingüe catalán-castellano. Una excelente oportunidad para acercarse a la poesía de uno de esos poetas que no acostumbran a estar en el ojo del huracán, que no aparecen en los suplementos culturales, ni participan en recitales, ni se muestran muy activos en las redes sociales (nuestro campo de batalla actual), pero que vale mucho la pena leer. 



Primero

     ¿Y qué haremos con tanta ceniza? Como si un sol negro se fundiese sobre nuestras cabezas, como una lluvia negra y caliente en nuestros labios, una lluvia pesada que nunca termina, una agua negra y caliente que no moja, mientras nuestra lengua seca parece una piedra de sal, y nos miramos las manos llenas de sol negro, de lluvia caliente, de mundo que se va, que se ahoga. 
   ¿Y qué haremos con tanta ceniza?




                   5.


                   Nada añoro                  
                   andamos todo el día entre el silencio
                   porque el sonido del viento
                   o de las botas hundiéndose en el barro
                   son nuestro silencio
                   los gritos de los oficiales
                   los gemidos y las canciones
                   son nuestro silencio
                   y no hay ruido
                   que estorbe lo que pensamos
                   y yo recuerdo las horas de colegio
                   cómo lo hacíamos en el coche de mi padre
                   o el color exacto del mar
                   de Es Trenc cuando tú lo miras
                   puedo recordarlo todo
                   pero como si no me perteneciera

                   como si no me quedase deseo
                   ni añoranza.



                   9.


                   Hoy lo he entendido:
                   el miedo es una palabra.
                   No es como el barro,
                   la comida o la lluvia.

                   El valor no existe,
                   pasan los días
                   y lo que esperabas llega,
                   y eso es todo.
                  
                   Y entonces, de repente,
                   sólo importa lo que está ocurriendo,
                   y no hay nada que decidir,
                   no hay más opciones
                   que estar vivo,
              
                   con todo lo que estar vivo conlleva.



                   15.


                   Como el vuelo de la ceniza                  
                   que gira y gira
                   a las órdenes del viento
                   y de repente cae
                   quieta por unos instantes
                   como fundida con la tierra
                   antes de iniciar de nuevo el vuelo
                   ligero azaroso sutil

                   nuestro vuelo como el vuelo de la ceniza
                   con idéntica insignificancia
                   con idéntica belleza.



                   21.


                   Escribir la palabra luna.                  
                   Levantar la cabeza y mirarla.
                   Cerrar los ojos y en voz alta
                   decir la palabra dios,
                   temblando como un niño pequeño
                   que no es capaz de cruzar una puerta.

                   Abrir los ojos.
                   Ver la luna en el mismo sitio,
                   y la puerta cerrada.




martes, 6 de septiembre de 2016

LA FICCIÓN

A veces, me paro frente al espejo y me digo: “Javi, no lo olvides, eres escritor. No es gran cosa, pero algún lector hay por ahí al que llegaste, al que lograste tocar”. No todo el mundo lo consigue. Hay grandes autores que ni siquiera me rozaron. Depende de muchas cosas, pero no me apetece ahora jugar al analista. Lo que quiero decir es que a veces me miro en el espejo y decido creérmelo. Si no te lo crees tú, nadie lo hará. Y esas tardes en que te lo crees estás más guapo, caminas más erguido. Sabes que de proponértelo podrías seducir sin problemas a Jennifer Lawrence o Scarlett Johansson. La gente lo percibe. De ser preguntados, serían incapaces de explicar qué es eso que perciben. Pero ahí está, una especie de aura. Hablo de las mejores tardes, después de escribir uno de esos fragmentos, uno de esos poemas que hacen que dejes de existir (y en esa inexistencia creces hasta tocar las nubes). Has creado un mundo, has arañado la realidad. A veces, claro, ocurre que te paras frente al espejo y te dices eso de que eres grande y no consigues creértelo y la realidad te pasa por encima, es ella la que te araña, la que juega contigo. Has dejado de ser el narrador, el que manda. Alguien, al que no le importa lo que te ocurra, maneja la situación. Entonces, ni el porno ni Netflix ni la mejor novela de Piglia te pueden salvar. Pero no debes alarmarte. Pasa como puedas las horas, el día, las semanas. Tarde o temprano, llega el instante en que vuelves a pararte frente al espejo y consigues creértelo. Una ficción, es posible, pero qué sería del mundo, de nosotros, los escritores, sin la ficción. 

sábado, 27 de agosto de 2016

Unos días de agosto (fragmentos de un diario)

martes, 16 de agosto de 2016

Un agosto de relatos: de un lado, los de Koundara, escritos por David Pérez Vega, de otro, los de De qué nos enamoramos, de Roman Simić. Los primeros, como escribió David en la dedicatoria del ejemplar que tengo en casa, son "cuentos realistas de corte norteamericano". En ellos, desfilan jóvenes a punto de abandonar la juventud, inmersos en trabajos precarios que difícilmente los colmarán, asfixiados por la falta de oportunidades de mejora, por el turbio futuro que se cierne sobre ellos... Creo que fue Bauman quien dijo que, por primera vez en la historia reciente, los jóvenes de hoy no tenían verdaderas expectativas de superar el nivel de vida alcanzado por sus padres. De eso van estos relatos (más bien: este es el marco en el que se mueven los personajes de estos relatos). Respecto al libro de Simić, se trata de un realismo menos descriptivo, más evocador, igualmente eficaz. De la España en crisis, a la Croacia de posguerra... Por cierto, compré Koundara a través de la tienda on line de Baile del Sol. Al abrir el paquete que lo contenía, me encontré con la grata sorpresa de De qué nos enamoramos. Bien por ellos.


jueves, 18 de agosto de 2016

Rim Jong-Sim, la gimnasta norcoreana ganadora de un oro en los actuales Juegos de Rio: “Lo primero en lo que pensé cuando supe que había ganado es que había hecho feliz a nuestro amado líder". Es leer “amado líder” y pensar en el Gorrión Supremo de Juego de Tronos. Acto seguido, acude a mi mente aquel poema de Nicanor Parra en el que asegura que el futuro será comunista y cristiano o no será. Pienso en la contradicción que esconden estos cultos personalistas, en la cantidad de odio y fe de que estamos hechos los humanos. O adoramos el individualismo o adoramos la sumisión. ¿De verdad? El individualismo también precisa de amados líderes fuertes. Mira a tu alrededor. Paulatinamente, nos vamos convirtiendo en fanáticos y devotos. La corrupción de los Lannister frente al puritanismo proselitista de la Fe de los Siete. PP y Podemos. Trump y Clinton. Defensores del toreo y antitaurinos. Etc. Los extremos se distancian, se refuerzan en sus posiciones. La devoción acrítica frente al cinismo (o devoción al dinero). ¿Quién será nuestro Jon Nieve, nuestra Daenerys Targaryen? ¿Un nuevo amado líder? El sol nos ciega mientras la noche se aproxima… Y ya saben lo que dicen de la noche: que es oscura y alberga cosas terribles.


lunes, 22 de agosto de 2016

“Si a todo esto lo quieren llamar arte, subrayemos que es arte efímero. Todo es fugaz en el Dallol, como corresponde a la extraordinaria geodinámica de la zona. Todo es cambiante. Las zonas que ayer estaban tranquilas hoy tienen una inquietante actividad. Las fumarolas que ayer humeaban al oeste hoy lo hacen al este. Las flores de sal que lucían blancas hoy están amarillas, y pasado mañana, rojas. Y desaparecerán para germinar en otros lugares”. Ha sido leer esto (en El País) y recordar Solaris, de Stalislaw Lem.


viernes, 26 de agosto de 2016

Leo los diarios de Piglia. Me resultan muy estimulantes. Descubro que últimamente, como lector (y también como escritor), me siento atraído por dos vertientes de la literatura: de un lado, la que podría englobarse dentro de la llamada autoficción, en la que se incluirían (incluiría yo) los diarios; de otro, esa ficción extraña (recuerda: novelas breves y enigmáticas) que trata de escapar de los terrenos trillados (muchas veces adoptando las formas de la búsqueda, del misterio) y que en ocasiones tiende a lo absurdo o inexplicable (pero de manera contenida). ¿Ejemplos en mi producción? Mi Berghof particular (autoficción diarística) y Oslo (breve y enigmática). ¿Ejemplos en la producción de otros (lecturas recientes)? Dentro de la primera categoría: Burdeos, de Levrero, y Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación, de Piglia. De la segunda: La reina de las nieves, de Gandolfo, y El cielo que nos tienes prometido, de Guillermo Aguirre.



lunes, 22 de agosto de 2016

Poesía en los bares: Omar Pimienta

"El álbum de las rejas" (Ediciones Liliputienses, 2016)


9.
He was Cassius Clay!
Me dicen que escriba       que escriba y guarde
que entre y salga      al papel        al teclado
el uno-dos               algún intercambio
que recuerde: verso fallido desgasta el doble
que salte la cuerda por lo menos dos horas diarias
alimentarme bien     dos      uno-dos     libros       más libros
que no diga todo       que levante la guardia       que me guarde hasta el final
Me sugieren que me ponga a escribir para mí: Shadow Writing
pero al verme con los ojos hinchados   la boca reventada mi sparring me dice:
hazlo como cuando creías en tu magia
                                   tú puedes muchacho    lo tienes en ti
por tu madre que también luchaba con su puño y letra
            por tus hermanos que te ven desde su propio ring
            por tu padre que se partió el lomo
por ella que pide a gritos la campanada
y entro y salgo      con intercambios cada vez menos favorables
el hígado               cuídate el hígado
la retina despegada                       las manchas que te confunden
            me dicen que ya: 7
         que no me levante: 8
que me darán la revancha: 9
que no puedo seguir pensando que escribir es de vida o muerte.

10.
Quiero

un bosque donde todos los árboles tengan etiquetas:
el nombre científico
el usual y el que le pondría junto con el hijo que tal vez no tenga

caminar por entre los árboles hasta llegar a un claro lleno de luna
que una zarigüeya se haga la muerta en una puesta en escena infinita

sentarme allí al margen a aplaudir hasta que caigan los telones otoñales
o el sol encienda las luces

volver por el mismo camino siguiendo las etiquetas:

  nombre científico: quercus rotundifolia
  nombre común: encino
  nombre que le daríamos: el de tronco arrugado

  nombre científico: myrtus communis
  nombre común: arrayán
  nombre que le daríamos: el de ramas torcidas y tronco frío

  nombre científico: olea europaea
  nombre común: olivo
  nombre que le daríamos: el de bolitas que se comen en las fiestas

volver atrás   aplaudir de nuevo
dar un par de giros en mi eje y caer al piso
la luz de la luna en la vieja cara de niño
la puesta en escena infinita.



miércoles, 17 de agosto de 2016

187 palabras

Dicen que seguimos sin gobierno, líderes en algunas cosas, colistas en otras, las más de las veces en mitad de la tabla. Me llegan rumores disfrazados de grandes titulares. Hay gente haciendo historia en Brasil, historia que ni me roza, que en unos días será nada: algoritmos borrosos en el universo digital. Yo respiro en mi retiro de Son Bieló, junto a mi familia. Aquí no hay hoteles, ni siquiera turistas. Hay sol, cervezas, voces de niños. Por las noches, me tumbo en una hamaca a contemplar el cielo estrellado. Por las mañanas, me despierto temprano y observo a los gorriones picotear los restos de la cena. Esta paz la olvidaremos y, sin embargo, estas tardes se empeñan en disfrazarse de eternas. Resulta increíble que algo así sea posible en Mallorca, en pleno agosto. Aquí no llegan las hordas invasoras, ni los discursos de los que quieren acabar con ellas. Hasta aquí llega el canto de las cigarras, de las lechuzas, los balidos de ovejas... También llega el wifi y todo lo que supone: la Patrulla canina, los grandes titulares, la posibilidad de enviarles estas 187 palabras. 

ÚLTIMA HORA, 16/08/16

miércoles, 3 de agosto de 2016

Agosto y el diablo

Ir dejando a tu paso huellas indelebles y sin embargo cambiantes a las que poder regresar en cualquier momento. Ser todos tus fantasmas. No impedir que el azar desquicie la materia, sus infinitas posibilidades. Decirles ahora sí a todas las demás. Ser el vagabundo y el aristócrata que viven en ti dependiendo del día. Convertir el asfalto en espuma de océano. Perder cronología, nombres, parlamentos. Confundir años y cuerpos, ciudades y promesas. Que ese pasillo, que recorristeis abrazados, nunca desemboque en la misma habitación. Haber dicho lo que no dijiste a la mujer que ya no estaba. Haber perdido el avión la mañana siguiente y no dos años después, cuando el mundo era otro. Jamás saber qué va a pasar con lo que ya ha pasado. Que ella se llame Beatriz, Melania, Isidora. Poder vivir de espaldas a los plazos suscritos, a las condiciones pactadas. Despertar sin saber a quién diste tus días. Destrozar lo que fuiste para serlo de nuevo. 

ÚLTIMA HORA, 02/08/16

miércoles, 20 de julio de 2016

Recuperarse de las vacaciones

Unas vacaciones para recuperarse de las vacaciones. ¿Por qué no se le ocurrió a ningún partido político? Cinco días en que a los trabajadores con hijos a su cargo se les exigirá por ley permanecer en un balneario, alejados de su progenie, de la familia en general. Beber cervezas heladas junto a una piscina en la que nadie grita o salpica. Darse un homenaje de marisco y vino blanco en un restaurante a orillas del mar. Desintonizar del televisor Clan TV y Disney Channel. No ponerle voz a los peluches que invadieron la casa. Permanecer en la cama más allá de las nueve. Unas vacaciones para recuperarse de las vacaciones. Si se dan unas terceras elecciones, mi voto será para el partido que lo proponga. Dirán que demagogia, que populismo, el principio del fin de las democracias liberales. No importa. En sus inicios, las grandes ideas suelen ir acompañadas de alarmismo injustificado. Mi voto es suyo, del partido que lleve tal propuesta en su programa. Unas vacaciones para recuperarse de las vacaciones. No creo que suponga el fin del mundo.

ÚLTIMA HORA, 19/07/16

lunes, 18 de julio de 2016

Trece años después

viernes, 8 de julio de 2016.- Abrí los ojos a las seis. Permanecí en la cama hasta las siete. Cuando empezaba aburrirme y resultaba obvio que no iba a volver a conciliar el sueño, decidí bajar. Me preparé un café con leche y salí a la terraza. Llevé conmigo un librito de relatos de Elvio E. Gandolfo. Leí el primero, el que da nombre al conjunto. Me entraron ganas de caminar sin rumbo por una ciudad sumergida en la niebla, de buscar sin apuro a una muchacha desaparecida. Me imaginé en una habitación de hotel con un portátil y tiempo para malgastar. Soslayaremos el comentario obvio que tal verbo exige. Las niñas durmieron en casa de los abuelos. Reina el silencio en la casa. Ya es pleno día. Mi hija mayor hoy cumple 13 años. Trece años después, no sabría decir si odio o amo el blues.

Leyendo "La reina de las nieves" (Centro Editor de América Latina, 1982),
de Elvio E. Gandolfo

viernes, 1 de julio de 2016

Finales de junio, principios de julio (insignificancias)

martes, 28 de junio de 2016.- Paseo por Sa Indioteria, calles que en mis algo más de cuarenta años de vida jamás había pisado. Qué grande puede ser el mundo más pequeño. Me entra hambre. Decido instalarme en un bar. Conversaciones sobre fútbol, niños gritando entre las mesas, pateando una pelota. Música flamenca flota en el ambiente. Ropa tendida al sol. Estampa que se esfuerza por ajustarse a lo esperado. Pido un bocadillo de queso acompañado de una Coca-Cola. ¿Grande o pequeño?, me pregunta la chica que atiende el bar. Se refiere al bocadillo. Por suerte, me decido por el pequeño. Una porción generosa de barra de pan. Cuanto más popular es el barrio, más importantes son las raciones. Me pregunto qué partido habrá sacado más votos en esta zona de Palma. Leo el diario que Elvio E. Gandolfo escribió para la revista Eñe. Momento agradable.

viernes, 1 de julio de 2016.- Un canalla leyendo (en realidad, releyendo) a otro canalla en su primer día de vacaciones. “Lo que debo confesar es que me he transformado en un canalla; que he abandonado por completo toda pretensión espiritual; que estoy dedicado a ganar dinero, trabajando en una oficina, cumpliendo un horario; que ahora estoy escribiendo esto porque tengo unas vacaciones. Cierto que me hice un canalla como único recurso para sobrevivir, pero lo triste del caso es que me gusta lo que estoy haciendo, y que sólo me cuestiono en ratos perdidos y sin mayor énfasis” (Diario de un canalla, Mario Levrero). Muy apropiado.




jueves, 23 de junio de 2016

Mi proceso de miniaturización


miércoles, 22 de junio de 2016.- A principios de año, concretamente, el jueves 7 de enero, anotaba lo siguiente en mi diario: “Cada día contarme algo por escrito, cualquier cosa, trascendente o banal –como si hubiera tanta diferencia entre trascendencia y banalidad. Un propósito simple, posiblemente absurdo –como si hubiera tanta diferencia entre lo absurdo y lo sensato. Así empiezo el año. Mi proceso de miniaturización se consolida”. Pues bien, puedo afirmar que este 2016 se erige en el año menos productivo literariamente hablando de los últimos veinte. Apenas un par de poemas desechables, algunas anotaciones esporádicas en mi diario y 13 articulillos cuya lectura conjunta no puede sobrepasar los diez minutos… En una cosa sí acerté: mi proceso de miniaturización se consolida. A poco que me despiste, desaparezco del todo (literariamente hablando, digo). 


sábado, 21 de mayo de 2016

Mayo: cementerio industrial recién bombardeado [fragmentos de un diario]


lunes, 09 de mayo de 2016

Leo varias noticias sobre la elección de Sadiq Khan como alcalde de Londres. Llama la atención que, en una de ellas, aparezca más veces la palabra “Daesh” que el propio apellido del político laborista. Irremediablemente, uno acaba relacionando la elección de Khan con el terrorismo islamista. Objetivamente, el artículo no era negativo, es más, había tramos en que resultaba ligeramente elogioso. El mensaje subliminal, sin embargo, ya estaba colocado. Punto para el periodista.

(...)

jueves, 12 de mayo de 2016

Una decena de chinos frente al restaurante Wok. Todos fuman en silencio. Todos contemplan sus zapatos. Todos parecen nerviosos, preocupados por algo que en breve se manifestará. Los miro unos segundos. “Aquí se cuece algo”, me digo, “una historia”. Cuando estoy por reanudar mi paseo, alguien desde el interior del restaurante abre sus puertas. La decena de chinos reacciona al unísono. Todos alzan la cabeza. Todos lanzan sus cigarros. Ninguno se molesta en apagarlo. Se diría que llevan años ensayando esta reacción. No hay nada más terrorífico que la unanimidad. Una vez que el restaurante los ha engullido, la acera vacía asemeja un cementerio industrial recién bombardeado.


viernes, 13 de mayo de 2016

Eduardo Rabasa, autor de La suma de los ceros: “En Madrid presentó La Suma de los Ceros César Rendueles (Sociofobia) y me explicaba que sus estudiantes estaban completamente anestesiados, no les emociona nada, tienen un desencanto crónico. Están como embriagados por la pantalla del ordenador y las redes sociales. La utopía digital y el activismo online ha generado justo lo contrario a lo que pretendía: ciudadanos cínicos, apáticos y sedados”. Tengo mis dudas. Me da que los jóvenes de hoy están más politizados de lo que lo estaban los de mi generación. Se hace difícil comparar tiempos diferentes. Por otro lado, creo que lo de “embriagados por la pantalla” puede aplicarse no solo a los estudiantes… Conozco a más de uno con sus buenas canas abducido por “la pantalla del ordenador y las redes sociales”.


martes, 10 de mayo de 2016

Narrativa. Una educación. 1ª entrega: ‘Pedro Páramo’, de Juan Rulfo


Breve repaso a esos libros que de algún modo nos moldearon. En ocasiones, su influjo resulta obvio; otras veces, en cambio, es del todo indetectable. Pero está ahí, tú sabes que está ahí. No siempre se refleja en tu escritura; a veces lo hace en una actitud, en algo tan escurridizo que se hace complicado ponerle un nombre.

Me gusta pensar que en todo escritor, a golpe de lecturas, se da una acelerada y mutilada, insuficiente a la fuerza, historia de la literatura. Libros que te descubren cosas que ya se sabían, que ya estaban ahí (sobre las que, tal vez, habías oído hablar o habías leído algo), pero que tú las vives en carne propia por primera vez, abriéndote o iluminándote el consiguiente camino. De esto trata esta serie.

Ignoro la continuidad que tendrá. Conociéndome, intuyo que poca.

¿Y por qué empezar por Pedro Páramo? Pues porque quedaba al alcance de mi mano (no tuve que levantarme del escritorio) y porque entronca con lo último que escribí y que de momento permanece inédito.

De Rulfo me viene el gusto por las novelas de atmósfera. Podría decirse que me predispuso a Onetti, uno de los pilares de mi educación literaria.




Basta ya de preámbulos. Dejo aquí el arranque de la novela:

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo –me recomendó–. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.” Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
     Todavía antes me había dicho:
     –No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
     –Así lo haré, madre.
     Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.

viernes, 6 de mayo de 2016

DOLOR DE CABEZA


Escribo con dolor de cabeza. Le doy vueltas a una historia mientras siento cómo se me parte el cráneo. La historia surgió tras leer la entrevista a Renata Adler publicada hoy en El País. Se me ocurrió porque, durante su lectura, dejé de sentir dolor. Una vez finalizada, el dolor resurgió con fuerza. Imaginé la historia de alguien que sólo deja de sentir dolor cuando lee o duerme, lo que le aboca a una vida sedentaria, predominantemente horizontal. Imposible no pensar en aquellos míticos últimos días de Onetti en Madrid. La cuestión es que el tipo (o la tipa) tiene el impulso de escribir. Renunciar a él sería lo más sensato, pero le es del todo imposible. Ocurre que cuando abandona la lectura en que anda enfrascado y agarra el lápiz y el cuaderno (o se planta frente al teclado del ordenador), automáticamente regresa el dolor de cabeza. Puesto que no puede renunciar a su impulso, no le queda otra que aprender a soportar el dolor. No, no se trata sólo de ser capaz de tolerarlo; se ve obligado a escribir junto a este inaguantable compañero de viaje. Con fuerza de voluntad, lo consigue. Obviamente, el resultado de sus esfuerzos se traduce en una escritura nerviosa, anárquica, desgarrada y algo tosca. Su peculiar estilo le lleva a la más alta de las consideraciones. Pasado el tiempo, la química encuentra la solución a sus problemas de salud. Ahora ya puede llevar una vida normal. Por supuesto, su estilo literario, antes tan celebrado, se resiente… He aquí el dilema al que debe enfrentarse. Una tontería. Algo previsible. Mejor me tumbo en la cama y cierro los ojos.




miércoles, 27 de abril de 2016

Culpabilidad



En ocasiones, la literatura (todo arte) nos aboca a los contrastes, a una incomodidad que no excluye la felicidad, pienso al contemplar la foto que le hice al libro de Coetzee. Se trata de Vida y época de Michael K. La novela descansa junto a la cerveza que acababa de pedir. Me encontraba en la terraza de un bar de la Plaça de sa Quartera. Un día perfecto de primavera. Un sol tolerable, un par de horas sin obligaciones. ¿Por qué la foto? A estas alturas, debería saber que estos instantes de íntima dicha son intransmisibles. Vuelvo a la imagen, a la tensión que en ella subsiste (me obligo a ello). El placer que produce la lectura de un relato que habla de una vida miserable. La vida de los nadie, de los que no tienen historia, carne de recelo, rechazo y centros de reclusión. La culpabilidad inesperada por poder disfrutar de momentos como éste (la buena lectura, el sol primaveral, la cerveza…). El día que nos la extirpen, la humanidad habrá firmado su defunción.

ÚLTIMA HORA, 26/04/16