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martes, 13 de junio de 2017

Entre el decir algo y no decirlo


Adam Zagajewski, en una entrevista publicada la semana pasada en El País:


«La paradoja de la poesía es que se ha de decir algo sin decirlo al mismo tiempo. Creo que los grandes poetas escriben sin saber lo que dicen. Detesto los poemas vacíos como meros juegos lingüísticos, pero el mensaje concreto es aburrido, no es poesía. Escribir poesía es un espacio angosto entre el decir algo y no decirlo».

miércoles, 24 de febrero de 2016

Febrero

miércoles, 17 de febrero de 2016-. Febrero. El frío, al fin, ha asomado el hocico. Se trata, sin embargo, de un frío poco consistente. Tardes de cielo predominantemente azul, de preparativos para la mudanza. Por una cuestión de racionalización del gasto, he vuelto a la biblioteca pública. No encontré nada de lo que buscaba, así que no me quedó otra que adaptarme a su oferta y al poco tiempo disponible para recorrer sus pasillos. Diario de invierno me entretuvo, poco más puedo decir. Me refiero a poco más bueno. A ratos sentí vergüenza ajena. Algo leve. Ciertas enumeraciones innecesarias, aburridas; ciertas confesiones que parecían querer decir “mira, no siempre fui un buen tipo, como todos, he cometido mis tropelías” y no conseguirlo por ese tono blando que ya parece marca de la casa. Impresión de que Auster nunca volverá a ser Auster. Poemas de Fabián Casas y Adam Zagajewski. Lecturas estimulantes. Un poema a medio escribir, un poema sobre una ciudad fantasmal, la ciudad de mis 28 años o la ciudad de un sueño soñado por alguno de mis personajes. Un cielo repleto de paracaidistas. Los cuentos de Rodrigo Hasbún. Los días más felices. Su poesía despojada, de una aridez inspiradora. Los medios justos para hacer de la tristeza una casa habitable. Esa dosis de daño que algunos precisamos…

domingo, 14 de febrero de 2016

Tres poemas de Adam Zagajewski


BUSCA

Volví a la ciudad
donde fui niño
y adolescente y un viejo de treinta años.
La ciudad me recibió con indiferencia,
los megáfonos de sus calles murmuraban:
¿no ves que el fuego todavía arde?,
¿no oyes el estrépito de las llamas?
Vete.
Busca en otro lugar.
Busca.
Busca la verdadera patria.


 
REFUGIADOS

Encorvados por una carga
que a veces es visible, otras no,
avanzan por el barro, o arena del desierto,
inclinados, hambrientos,

hombres taciturnos con gruesos caftanes,
vestidos para las cuatro estaciones,
ancianas con caras llenas de arrugas
llevando algo, que puede ser un bebé, una lámpara
(familiar), o quizá la última hogaza.

Esto puede ser Bosnia, hoy,
Polonia en septiembre del 39, Francia
(ocho meses después), Turingia en el 45,
Somalia, Afganistán, Egipto.

Siempre hay un carro, o como mínimo un carretón
repleto de tesoros (colchas, tazas de plata,
y el aroma de casa que se evapora rápidamente),
un coche sin gasolina, abandonado en la cuneta,
un caballo (será traicionado), nieve, mucha nieve,
demasiada nieve, demasiado sol, demasiada lluvia,
y esta inclinación tan característica,
como hacia otro planeta mejor, un planeta
que tiene generales con menos ambición,
menos cañones, menos nieve, menos viento,
menos Historia (este planeta, por desgracia,
no existe, sólo existe la inclinación).

Arrastrando las piernas
van despacio, muy despacio
al país de Ningún Sitio,
a la ciudad Nadie
en la orilla del río Nunca.

 

CARTA A UN LECTOR

Demasiado sobre la muerte,
sobre las sombras.
Escribe sobre la vida,
sobre un día normal,
sobre el deseo de orden.

La campana de la escuela
puede ser un modelo
de templanza,
hasta de erudición.

Demasiada muerte,
un exceso
de negro deslumbramiento.

Mira,
naciones amontonadas
en estadios apretujados
cantan himnos de odio.

Demasiada música,
Falta harmonía, tranquilidad,
cordura.

Escribe sobre los momentos
cuando los puentes de la amistad
parecen ser más duraderos
que la desesperación.

Escribe sobre el amor,
sobre los largos atardeceres,
sobre el amanecer,
los árboles,
sobre la infinita paciencia
de la luz.

 

 

 

Estos tres poemas están incluidos en el libro Tierra del fuego (Acantilado, 2004), traducidos al castellano por Xavier Farré.

Originalmente, Ziemia Ognista (Tierra del fuego) fue publicado en Polonia en 1994.

 

miércoles, 14 de octubre de 2015

EL VIEJO MARX. DOS POEMAS DE ADAM ZAGAJEWSKI (INCLUIDOS EN SU LIBRO “ANTENAS”)

"Antenas" (Acantilado, 2007)
 


EL VIEJO MARX

Ya no se puede concentrar.
Londres es húmedo,
en cada habitación alguien tose.
Nunca le gustó el invierno.
Copia antiguos manuscritos
muchas veces, sin pasión.
El papel es amarillo
y quebradizo como la tuberculosis.
 
¿Por qué la vida aspira
tan tenaz a la destrucción?
Pero en el sueño vuelve la primavera
y la nieve que no habla en ninguna
lengua conocida.
¿Y dónde se puede colocar
el amor en su sistema?
Donde están las flores azules.
 
Odia a los anarquistas,
los idealistas le aburren.
Recibe informes de Rusia,
por desgracia demasiado detallados.
Los franceses se enriquecen.
En Polonia hay silencio, vulgaridad.
América no para de crecer.
Hay sangre en todas partes,
quizás cambie el papel de la pared.
Empieza a sospechar
que la pobre humanidad
continuará caminando
por la vieja tierra
como la loca del pueblo
que amenaza con el puño
a un Dios invisible.

 

 
EL VIEJO MARX (2)

Intento imaginarme su último invierno.
Londres húmedo y frío, el beso impasible de la nieve
en las calles vacías, el agua negra del Támesis,
las heladas prostitutas con hogueras en el parque.
De noche, enormes locomotoras lloraban en algún sitio.
Los trabajadores en el pub hablaban tan rápido
que no podía entenderlos de ninguna manera.
En un principio, Europa era más rica, tranquila,
aunque los belgas seguían martirizando al Congo.
Pero ¿y Rusia? ¿Su despotismo? ¿Siberia?

Por la tarde miraba largamente la contraventana.
No podía concentrarse, copiaba antiguos trabajos;
pasaba el día leyendo al joven Marx
y en secreto admiraba a ese autor ambicioso.
Seguía creyendo en su fantástica visión,
pero durante algunos breves instantes
sospechaba haber propuesto al mundo
tan sólo una nueva forma de la desesperanza;
entonces cerraba los ojos y sólo veía
la oscuridad escarlata de sus propios párpados.