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martes, 8 de mayo de 2012

País esquizofrénico

Vivimos en un país esquizofrénico en que la izquierda apela a sus raíces cristianas y la derecha, a la aritmética más fría (¿deshumanizada?). Los prejuicios y odios adormecidos durante años se desperezan, como en un cuento infantil deformado, tras el beso de la fea realidad. La fiesta, a medida que la orquesta desgrana el repertorio conocido, va dejando de ser de disfraces. Mientras tanto, Mario Vargas Llosa anda lamentándose por el cambio del paradigma cultural motivado por la sociedad del espectáculo en que vivimos, que deja a su obra y discurso al borde del abismo, es decir, de la inanidad. A los que frecuentamos ese borde (por no decir que chapoteamos en él) desde que empezamos a escribir nuestras cosillas, la cosa nos produce cierto sonrojo, si bien reconocemos su habilidad en poner el dedo en una de las múltiples llagas de este cuerpo social apaleado. ¿Tendrá que ver esto, también, con esa reciprocidad tan bíblica o aritmética? Todo se confunde, como en este artículo. En tiempos de crisis (¿hubo otros tiempos?) arrecia el populismo más vociferante (políticos como hinchas de fútbol) y hay quienes se afanan en reconstruir muros que, en realidad, nunca derrumbamos del todo (tal vez porque sea imposible). La nostalgia, qué peligrosa en ocasiones. Lo importante es que no cese la música. En este baile demencial, a ratos vomitivo, a ratos hermoso, todo da vueltas y las cosas se confunden y caemos en la esquizofrenia y este artículo no es más que otro ejemplo de la demencia en que vivimos.

ULTIMA HORA, 08/05/12

martes, 1 de febrero de 2011

Curiosa especie


Dicen que son tiempos difíciles; la gente anda irritada, dispuesta a saltar a la mínima excusa. Yo mismo, el otro día, casi me enredo en una discusión absurda con el vigilante de un parking público. Esto me lleva a pensar que debemos haber alcanzado un pico de bienestar inasumible. Pienso a escala mundial-occidental y en términos de especie y décadas. Nuestra necesidad de negatividad nos puede. Como dice el pensador alemán Odo Marquard, “cuando los progresos culturales son realmente un éxito y eliminan el mal, raramente despiertan entusiasmo; más bien se dan por supuestos, y la atención se concentra entonces en los males que continúan existiendo”. O sea, que “quien, gracias al progreso, cada vez tiene menos causas de sufrimiento, sufre cada vez más debido a las pocas que quedan”. Hojeo la prensa y los titulares me reafirman en esta idea. Ahora nos sublevamos por no poder fumar en los bares o por no poder bajarnos música o películas gratis. Resulta bastante significativo. Por no hablar del número de suicidios y depresiones que padecemos. Necesitamos del sufrimiento y del mal para no deprimirnos, para valorar lo que poseemos. Curiosa especie, la humana. ¿Existe solución? No, no existe, y ahí está la gracia. Como dice Vargas Llosa al comentar La muerte en Venecia, de Thomas Mann, “la razón, el orden, la virtud, aseguran el progreso del conglomerado humano pero rara vez bastan para hacer la felicidad de los individuos, en quienes los instintos reprimidos en nombre del bien social están siempre al acecho, esperando la oportunidad de manifestarse para exigir de la vida aquella intensidad y aquellos excesos que, en última instancia, conducen a la destrucción y a la muerte”.

ULTIMA HORA, 01/02/11

martes, 19 de octubre de 2010

Préstamos, lluvia, Dogville


Para celebrar la concesión del Nobel de literatura a Mario Vargas Llosa, me acerco hasta la biblioteca de Can Sales y saco El hombre es un gran faisán en el mundo, de Herta Müller. Como intuyo que me va a aburrir, también saco El otro y su doble, un libro de entrevistas a Graham Greene realizadas por Marie-Francoise Allain. El hecho de acertar no me sorprende. Con los años el olfato se nos agudiza. Efectivamente, Müller me aburre y Greene me entretiene. Entre respuesta y respuesta del británico, miro llover por la ventana. La lluvia me pone melancólico y la melancolía me lleva a recordar momentos mitificados de mi pasado. Cuando un administrativo escritor de columnas se pone a recordar momentos mitificados de su pasado, la cosa solo puede acabar con un mensaje inconveniente y un gin tonic cargado, bebido a sorbos lentos. También está la opción de sentarse frente al ordenador y escribir un artículo como éste, un artículo sin mucho interés, donde las cosas que no se dicen tienen más importancia que las efectivamente dichas. Ya entrada la noche, me tiro en el sofá y me pongo la película Dogville, de Lars von Trier. No puedo estar más de acuerdo con el mensaje del danés. La llamada buena gente, la gente sencilla, encierra en su interior un demonio no muy diferente del demonio de los peores asesinos. No en vano, la llamada gente sencilla, la buena gente, el pueblo llano, usted y yo, ha aplaudido, desde el principio de los tiempos, los regímenes más escalofriantes, las matanzas más vergonzosas. Para acabar, quiero aclarar que el principio de este artículo no encierra ninguna maldad. Si no saqué ningún libro de Vargas Llosa fue porque no quedaba ninguno disponible.

ULTIMA HORA, 19/10/10