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martes, 17 de marzo de 2015

Just do it

Un poema no puede competir con un eslogan de Nike, pero es la luz que devuelve los significados, dice Raúl Zurita en una entrevista reciente. La poesía del chileno nació de la dictadura. Asegura Zurita que había que llegar al fondo del arrasamiento. Por su parte, el famoso eslogan de Nike nació de una ejecución. Gary Mark Gilmore fue condenado a muerte. Corría el año 1977. Un año antes, se había reinstaurado la pena capital en Estados Unidos. Las últimas palabras del reo fueron: “Lets do it”. Un ligero cambio bastó para crear uno de los eslóganes más potentes en la historia de la publicidad. Los poetas buscan convertir el horror en belleza, cuando no, en oración de uso individual (otro chileno, Óscar Hahn, en otra entrevista reciente, recuerda el caso de tres desconocidos a los que un poema suyo sirvió de consuelo en medio del desastre y la enfermedad); las grandes compañías, más pragmáticas, buscan aumentar beneficios.

ULTIMA HORA, 17/03/15

viernes, 10 de enero de 2014

Razones para quedarse

Veo amanecer con un café con leche en la mano. Los gorriones más madrugadores me regalan esta frase y esta música polisémica. Su canto sonaba muy distinto cuando andaba de retirada, desesperado por llegar a la cama y desaparecer. Ahora empieza el día. En realidad, hace una hora que lo hizo. Hoy me tocó a mí darle el primer biberón a la peque. Estábamos los dos en el sofá naranja. El mundo no era más que una respiración silenciosa latiendo detrás de las persianas. Ningún poema puede estar a la altura. Mientras ella tomaba, mi mente se dejó ir. Recordé un cuadro de ejecución algo torpe visto, años atrás, en una exposición de artistas aficionados. En el centro de la imagen, rodeados por paredes altísimas de piedra, un padre y su hijo se daban la mano. No hacían nada especial, simplemente estaban ahí, como aguardando lo que la vida tenía que depararles. La imagen parecía decir que, si permanecían unidos, nada malo les podía suceder. El recuerdo de esos acantilados, a su vez, trajo a mi mente los acantilados de Raúl Zurita, aquellos que brotan del turbulento océano de su dolor en su monumental Zurita. Nos creemos a salvo, pero no lo estamos. Sólo nos cabe confiar en que la bomba de estos tiempos no nos explotará en plena cara. Después, influido por una lectura reciente, recordé algo que Paul Bowles escribió: “En el fondo de mi corazón deseo escaparme, sin importar a dónde. El ser humano siente la necesidad de evadirse cuando no tiene una razón para permanecer en un lugar”. Yo las tengo. Amanece. Buenos días. 

ULTIMA HORA, 07/01/14

viernes, 28 de diciembre de 2012

Los mejores poemarios de 2012



Según una encuesta realizada entre los lectores de Babelia –una encuesta que a estas alturas muchos deben conocer–, los mejores libros de poesía editados en España a lo largo de este año han sido los siguientes:

'600 poemas', de Emily Dickinson.
'La bicicleta del panadero', de Juan Carlos Mestre.
'Poesía reunida', de Juan Gelman.  
'Entreguerras', de José Manuel Caballero Bonald.
'Topología de una página en blanco', de Alejandro Céspedes.
'Zurita', de Raúl Zurita.
'Mythistórima', de G. Seferis.
'Antología de Sponn River', de Lee Masters.
'Poesía reunida', de Edward Thomas.
'Conjeturas y esperanza', de J. Burnside.

Me alegra bastante la inclusión de 'Zurita' (Delirio) por dos motivos. El primero, por el lirismo y la fuerza de los poemas en sí; el segundo, por lo que supone de reconocimiento a la labor que desempeña Fabio de la Flor, una labor titánica, casi heroica. Gracias, Fabio.

Debo decir que no he leído estos diez libros. Es más, entre estos diez autores, hay dos de los que nunca he leído nada. Por ello, cualquier comentario que pueda realizar al respecto será vertido desde la parcialidad más desvergonzada y la sentimentalidad menos disimulada. No importa.

Me hubiese gustado la inclusión en esta lista de 'Seguro que esta historia te suena', de Karmelo C. Iribarren. Sin entrar en calidades y comparaciones, los poemas de Karmelo han servido de guía y referencia a más de una generación de poetas en España. A estas alturas, su influjo en la poesía española resulta más que evidente. Además (no puedo dejar de decirlo), Karmelo apostó por mí cuando desde México le encargaron la confección de una antología de poesía española actual. Ya sólo por esto (pero no sólo por esto) su nombre tenía que aparecer aquí.

Acabo de consultar otro medio (El Periódico) que también ha elaborado su lista con los mejores libros de poesía editados en España durante el 2012. Esta vez, se trata de los cinco mejores libros según los críticos, periodistas, libreros y bibliotecarios consultados por el medio (y no por los lectores):

'Marques de foc', de Narcís Comadira.
'Canción errónea', de Antonio Gamoneda.
'Poesías', de Michel Houellebecq.
'Es perd el senyal', de Joan Margarit.
'Poesía completa', de Zbigniew Herbert.
Me gusta el hecho de que los títulos de El Periódico y los de Babelia no coincidan. De algún modo, habla –entre otras cosas– de lo que son las listas y los gustos de los críticos y lectores en general. Al final, si una de estas listas –tan frecuentes por estas fechas– sirve para que descubramos y disfrutemos de los poemas de un poeta del que nunca habíamos leído nada, bienvenida sea.

Por mi parte, ya he anotado tres nombres que en breve abordaré.


Ps: Escribí lo anterior ayer. Hoy es viernes 28 de diciembre. Tengo junto a mí El Cultural de El Mundo. Como no podía ser de otro modo, también propone sus listas. En poesía, al igual que El Periódico, se decanta por los cinco mejores poemarios (en narrativa lo hace por las diez mejores novelas). Aquí eligen los críticos del propio medio:

'Canción en blanco', de Álvaro García.
'Las visiones', de José Luis Rey.
'Canción errónea', de Antonio Gamoneda.
'Antibiótico', de Agustín Fernández Mallo.
'Escribir la distancia', de Kepa Murua.

Lo primero que llama la atención es que solo haya una coincidencia (la de Gamoneda) entre las tres listas. Lo segundo es que, en esta última, tres de los cinco libros elegidos hayan sido publicados por la misma editorial. Pero no vamos a pensar mal. No es aconsejable terminar el año pensando mal de nadie. Sí, esta es la última entrada de 2012. Os deseo que terminéis bien el año (borrachos a poder ser) y que empecéis todavía mejor el 2013.

Estaré por aquí, como en los últimos cuatro años.

viernes, 27 de julio de 2012

Breves notas sobre lecturas diversas –recientes o en proceso: Greene, Gandolfo, Jamison, Zurita



La lectura de Viajes con mi tía, de Graham Greene, me retrotrae a otra lectura acometida tres años atrás, la de esa novelita de Hans Magnus Enzensberger titulada Josefine y yo. Debo confesar que este tipo de mujeres maduras, con clase, incorregibles, me vuelven loco. Leyendo estas novelas siento que la avanzada edad de sus protagonistas no resultaría un impedimento para mantener un romance con ellas. La pregunta resulta inevitable: ¿seré un pervertido?

En cambio, Real en el rosedal, de Elvio E. Gandolfo, me contagia el espíritu contemplativo-rememorativo que sus páginas contienen. Pienso en cómo recordará Floriane sus veranos en Mallorca. A la vez, recuerdo mis veranos en Porto Petro. Veo claro que de seguir por este camino podría largarme a llorar. Con todo, decido seguir…

El clóset para la ginebra, de Leslie Jamison, contribuye a esta sentimentalidad sobrevenida. Se me hace inevitable recordar a mis abuelos (en el relato de Jamison, la protagonista se pasa buena parte de sus páginas cuidando de su abuela, ya cerca del final). Precisamente, el pasado fin de semana un primo de mi padre me estuvo contando historias sobre mi abuelo Francisco, el único al que no conocí. Murió cuando mi padre era adolescente. Su vida da para una novela. Tal vez, me digo, algún día… pero ¿qué vida no da para una novela? De asumir el reto, ¿cómo lo abordaría? Se me ocurre que la única forma posible para mí sería hacerlo al estilo Modiano, con ligereza, sin profundizar en los pormenores de la narración, como si de un sueño se tratara…

Vuelvo a la novela de Leslie Jamison, El clóset para la ginebra (en traducción un tanto apresurada del mexicano Raúl Bravo Aduna). Su forma de narrar hace que algo dentro de mí comience a arder. Conozco la sensación, lo que después sigue. Vuelven las ganas de contar. Hablo de sentarme a escribir una novela. Tengo una idea, aunque de momento es demasiado vaga. Es posible que baste. Suele serme suficiente con un esbozo. El resto lo da la misma escritura. 

Para terminar, quiero mencionar el hostión (positivo) que ha supuesto, que está suponiendo, la lectura de Zurita, ese monumento desmesurado, desgarrador, hermoso. Es grande, amigos, muy grande. Diría que cósmico.