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martes, 26 de abril de 2011

Estrujándome las tripas

¿Alguna vez te sentaste frente al ordenador sin tener claro qué escribir, casi sin ganas, mientras la voz distorsionada de Scout Niblett o cualquier ángel enfermizo adicto a las rayas del asfalto que siempre nos llama golpea en las ventanas de tu equilibrio y sensatez y te invita a salir, a inventar hoteles para después incendiarlos, como en nuestras mejores pesadillas, y tú no te alejas del móvil, por si se vuelve loca y decide llamarte, para qué tendría que llamarte, y sigues estrujándote las tripas en busca de un puñado de palabras, tal vez hablar de las procesiones, te dijeron que existen, incluso las viste por la tele, hacer algún chiste sobre la final de Copa, sobre las recalificaciones de Moody’s o sobre la sospechosa proliferación de novelas radioactivas, encontrar unas pocas palabras que combinadas entre sí hagan que alguien se emocione o desee asesinarte o, mejor, torturarte con métodos propios de las llamadas sociedades avanzadas, a saber, las carreras de coches, los programas del corazón, los discursos de los políticos, la saga Torrente, las declaraciones de los futbolistas, los comentarios de los forofos, y tener el dinero o la imaginación para escapar al Sur antes de que rompa a llover y los enmascarados tengan que regresar a sus casas como asesinos frustrados remontando las calles que conducen al corazón gastado de la ciudad, confundiéndose con charcos y deseos reprimidos, un puñado de palabras, sólo eso, no hace falta que sean las palabras más bellas del mundo que, según Roque Dalton, son las siguientes: cinabrio, azafata, saudade, áloe, tendresse, carne, mutante, deprecatingly, melancolía, pezón, chupamiel y xilófono? Dime, ¿alguna vez te pasó?

sábado, 19 de febrero de 2011

La extraña historia del hombre que amaba los pisos piloto (4)


Una pasión que tuve que abandonar el día que conocí a Yoko. Debería haber previsto el destino fatal de la historia que empezaba. Nada bueno podía surgir de una unión que exigía una renuncia de tales dimensiones. Efectivamente, una vez que Yoko se instaló en mi vida y en el apartamento que por entonces alquilaba, ya no hubo más pisos piloto. Ella, que durante buena parte de su vida adulta había trabajado mostrando pisos piloto a posibles compradores, los detestaba con todas sus fuerzas. Aquella vehemencia con la que atacaba todo lo que tuviera que ver con los pisos piloto me llevó a ocultarle la pasión que en mí despertaban. Jamás me dejé engañar por los fanáticos de la comunicación y la sinceridad, tan inocentes como aburridos, pero hay silencios y renuncias que pueden destrozarte la vida. Ahora entiendo por qué Roque Dalton, delantero mítico de la mítica selección salvadoreña de mitad del siglo pasado, quería que su epitafio fuera el siguiente:
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“Entre los 26 y los 27 años,
etapa que se prolongó durante toda su vida,
fue el hombre más inteligente del mundo.
Después se casó”.
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jueves, 9 de septiembre de 2010

Bajo el sol de septiembre


Los paraísos dejan de serlo una vez que te instalas en ellos, al menos es lo que dice este sol de septiembre. Tú intentas no pensar porque pensar, como decía el filósofo francés, es empezar a estar minado. Tarde, mon ami, las preguntas ya se apostaron en lado rebelde de la cabeza. Como un Roque Dalton cualquiera, juegan a la ambigüedad, se arman hasta los dientes por lo que pueda ser. Tu única defensa son los libros y la música, es tu manera de esconderte. Escuchas canciones horribles de grupos o cantantes que se llaman Mürfila o Joe Crepúsculo. Por momentos te olvidas de tu lado peor, tan fortalecido en los últimos días. De todos modos, sabes que el interrogatorio será inevitable. Señoría, todo mi repertorio de maldades es fruto de mi incapacidad para ser feliz. Suena a chiste o a peli ya vista, lo sé. Haces daño a los que más quieres porque en realidad buscas hacerte daño, etc. ¿Ayuda profesional? No me haga reír. Entonces te vuelcas en los libros. Lees El desbarrancadero, de Fernando Vallejo, pero sólo hay odio y muerte y rabia, mucha rabia. Lees Cómo me hice monja y Parménides, de César Aira, y te encuentras con esa extraña inteligencia del argentino, y te deprimes. Lees versos de Cristina Peri Rossi y Manuel Vilas, de Billy Collins y Denis Cooper, pero al final te las vuelves a ver con el sol de septiembre, tan nostálgico. Recuerdas una entrevista a Jacques Attali. En ella, el francés aseguraba que a Europa le quedan diez años. Después llegará el auténtico declive. El futuro es de los bancos estadounidenses y de China. ¿Entonces qué? Entonces nada, mon ami. Leer, escuchar música y, si puede ser, quedar para tomar un café cualquier tarde de éstas. ¿Te apetece?

ULTIMA HORA, 07/09/10