lunes, 8 de octubre de 2012

ESCRIBIR POESÍA


Están desnudos, en la cama. No hay sábanas arrugadas, ni ropa por el suelo; tan solo un colchón azul y desgastado, y un par de mesitas de noche. Tienen la mirada fija en el techo. Ella fuma, él no. El diálogo se inicia después de que ella haya aplastado el cigarro en el cenicero que queda en la mesita de su lado. Ella es la que hace las preguntas. Es unos veinte años más joven que él. Él contesta sin dejar de mirar el techo.
- ¿Te imaginas una vida sin poesía?
- Sí, pero es una visión triste. Me recuerda a lo que podría ser la superficie de la Tierra después de una explosión nuclear.
- Me refería a una vida sin escribir poesía.
- En mi caso, una vida sin escribir poesía es una vida sin escribir. Siempre que escribo con intención literaria, sea un artículo, sea un cuento o una novela, en mayor o menor medida estoy tratando de hacer poesía.
- Una vida sin poder escribir…
- Una vida prácticamente reducida a su expresión biológica, sin espíritu.
- ¿Qué poesía leída últimamente te ha llamado la atención?
- La poesía que rezuman los relatos de Rodrigo Rey Rosa.
- ¿No es guatemalteco?
- Sí.
Aquí termina el diálogo. Siguen desnudos, en la cama. Ella alcanza la cajetilla de tabaco y enciende otro cigarrillo. Él preferiría que no fumara, pero se abstiene de hacer ningún comentario. Ella es natural de Aguascalientes, México. Hace dos años que rula por Europa. Es una larga historia que no tiene cabida aquí. Él no quiere desvelar su identidad. Respetaremos su deseo. Para concluir el relato, diremos que ambos intuyen que no repetirán.